¿Qué debemos concluir del debate entre Clinton y Trump?

Casi todos los opinólogos coinciden en que Hillary Clinton le ganó el primer debate a un Trump predeciblemente bocafloja y maleducado, pero también en que ese triunfo de la razón, la voz templada y la ironía no alcanza para tranquilizar al planeta Tierra: el monstruo con piel de merthiolate sigue en la pelea. Con todo, el debate permite sacar muchas conclusiones importantes, más allá del resultado en números crudos, sobre, digamos, el papel de México y los tratados comerciales en la política gringa contemporánea, el auge global de los discursos del odio o el protagonismo en las agendas políticas de las amenazas terroristas y el crimen organizado. Bienvenidos, como todas las semanas.

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La identidad a debate

Miguel Sigala

Profesor de historia y política de Estados Unidos y América del Norte, Universidad de Guadalajara.

Para Fer

El tan esperado debate entre Hillary Clinton y Donald Trump no arrojó sorpresas o novedad alguna. La expectativa era alta para dos personajes que no ofrecen las dimensiones de un líder de Estado que ha de dirigir a la mayor potencia mundial en los siguientes cuatro años, que se visualizan azarosos. El encuentro en Hofstra University delineó con mayor claridad la tendencia de los últimos meses a favor de la candidata demócrata, que sólo se vio afectada temporalmente por su estado de salud. En Nueva York, la noche del pasado lunes los dos candidatos a ocupar la Casa Blanca reafirmaron sus posturas ideológicas y con ellas dieron pinceladas del rol que Estados Unidos tendrá en las relaciones internacionales en cada una de sus posibles administraciones.

Donald Trump no ha salido bien librado del primer debate. En gran medida, este resultado se debe a su inexperiencia política. La personalidad arrebatada, viril e imprudente del magnate, a la cual ha apostado demasiado, impactó duramente ante el temple que, cuidadosa y estratégicamente, plantó la demócrata. Sin embargo, más allá de su talante grotesco, sus argumentos arcaicos y absurdos no contribuyeron tampoco a favor del republicano. Trump tiene una visión pesimista de las relaciones internacionales y esto lo lleva a atacar los cimientos económicos, políticos y militares que su país ha construido desde la posguerra.

El contraste ideológico entre los aspirantes a la Oficina Oval es claro. El republicano es un paladín del fundamentalismo y el aislacionismo estadounidenses. Propone la mayor reducción de impuestos desde Ronald Reagan, combate la intervención del gobierno en la vida social y económica, y pugna por el retraimiento del papel de Estados Unidos en el comercio internacional y pone en tela de juicio las alianzas militares que han sostenido la hegemonía norteamericana en las últimas décadas. Donald Trump encuentra las causas de problemas nacionales en el exterior: culpa a China y a México por el desempleo (el NAFTA, por ejemplo, es de lo peor que le ha sucedido a Estados Unidos); señala a la migración como una amenaza a la seguridad interna; y su mente, corta de miras, encuentra económicamente irracional la defensa de países aliados como Alemania y Japón y de organismos como la OTAN.

Hillary Clinton no es para nada una "paloma" en política exterior. Sin embargo, su postura es mucho más moderada. La demócrata tiene vocación institucionalista, liberal e intervencionista en las relaciones internacionales. Ella popularizó el concepto de "Smart Power", que consiste esencialmente en emplear la fuerza militar bajo el auspicio moral y legal de los organismos internacionales. Lejos de condenar y desechar los tratados comerciales, Clinton aboga por fortalecerlos. Desde su perspectiva, el aumento de las exportaciones aumenta el empleo. De igual manera, en este primer debate, ha enviado un mensaje de certidumbre hacia sus aliados: Estados Unidos honrará sus compromisos internacionales, afirmó la ex Secretaria de Estado.

Como ya venía sucediendo, la noche de este lunes presenciamos la colisión de dos visiones de país en la campaña presidencial de los Estados Unidos. La principal potencia mundial está a debate y el resultado del 8 de noviembre no será intrascendente para las demás naciones. Donald Trump pone sobre la mesa la redefinición de la identidad de Estados Unidos en el mundo, mientras que Hillary Clinton se inclina por la continuidad de un rol preponderante en el sistema internacional. El replanteamiento que propone el magnate evoca el aislacionismo y proteccionismo del periodo de entreguerras; la continuidad de Clinton de ninguna manera es halagüeña, así lo denota la actual crisis económica y de seguridad. Ante estas dos opciones, los demócratas parecen el mal menor. Lo curioso es que a Estados Unidos le cuesta ya presentarse ante la comunidad de naciones como el país excepcional. La mejor faceta que ofrecen ahora es la demócrata.

@El_Sigala