¿Qué debemos concluir del debate entre Clinton y Trump?

Casi todos los opinólogos coinciden en que Hillary Clinton le ganó el primer debate a un Trump predeciblemente bocafloja y maleducado, pero también en que ese triunfo de la razón, la voz templada y la ironía no alcanza para tranquilizar al planeta Tierra: el monstruo con piel de merthiolate sigue en la pelea. Con todo, el debate permite sacar muchas conclusiones importantes, más allá del resultado en números crudos, sobre, digamos, el papel de México y los tratados comerciales en la política gringa contemporánea, el auge global de los discursos del odio o el protagonismo en las agendas políticas de las amenazas terroristas y el crimen organizado. Bienvenidos, como todas las semanas.

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La batalla apenas comienza

Jorge Chabat

Internacionalista. Profesor del CIDE.

El primer debate entre los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump, reveló con toda claridad los alcances y límites de ambos. Por un lado, Hillary Clinton mostró oficio político –algo que Trump ha despreciado recurrentemente–, se preparó para el debate, y dejó ver que los años en la política le han dado muchas tablas. Por otro lado, Donald Trump reafirmó lo que es: un "outsider" del sistema político, con un discurso simple que apela a una población poco informada pero muy enojada con su situación. La diferencia entre los dos candidatos fue evidente en el debate. Trump con un discurso de rechazo al status quo y a la política profesional y Hillary con propuestas más argumentadas aunque, por lo mismo, inentendibles para la población menos informada. Trump no se salió de su guión previo: los mexicanos nos roban empleos, los chinos se aprovechan de Estados Unidos, hay que reducir impuestos a los ricos para activar la economía y cobrar a los aliados de Estados Unidos por la protección estadunidense. Por su parte, Hillary hizo propuestas más sólidas sobre cómo mejorar la economía y se vio muy "políticamente correcta", al grado que acorraló a Trump en el tema del racismo, frente al cual el candidato republicano no pudo dar una respuesta coherente.

De hecho, Trump tampoco pudo explicar por qué sostuvo durante años que Obama no era ciudadano estadunidense ni su apoyo a la guerra en Irak, el cual negó insistentemente a pesar de evidencia de lo contrario. Tampoco dio una explicación coherente sobre por qué no hace públicas sus declaraciones fiscales, aunque logró conectar un golpe previsible con el tema de los correos electrónicos de Hillary Clinton.

Sin duda la primera parte del debate fue la más rica. En ella, ambos candidatos confrontaron diferentes visiones de la economía y los tratados de libre comercio. En particular el Tratado de Libre Comercio de América Del Norte ocupó buena parte de la atención y de las críticas de Trump. Sin embargo, el otro tema que afecta directamente a México y que ha aparecido constantemente en la campaña de Trump, apenas se asomó en la discusión cuando el candidato republicano se quejó porque varios inmigrantes que habían sido deportados se convirtieron luego en ciudadanos. Es probable que el tema migratorio reaparezca en futuros debates, pero por ahora resulta una buena noticia para el gobierno mexicano que nuestro país no haya ocupado el centro del debate.

Otro tema que fue central en el debate fue la insistencia de Hillary Clinton en presentar a Trump como un millonario que había heredado su fortuna, a diferencia de la candidata demócrata, que se presentó como perteneciente a la clase media. En este sentido, fue muy evidente que uno de los puntos centrales de la estrategia de Clinton era apelar a las simpatías de la clase media estadunidense. El otro tema que atravesó el debate fue la discusión propiciada por Trump sobre las capacidades de liderazgo de Hillary. En este tema, el republicano no alcanzó a explicar que quería decir sobre la falta de "estamina" de Hillary y ésta logró capotear bien el temporal.

En resumen, fue un debate en el cual los dos candidatos revelaron con claridad quiénes son. Hillary una política profesional, que se preparó para el debate a conciencia, con propuestas argumentadas de gobierno, pero por ello mismo lejanas para una parte del electorado que está insatisfecha con su situación y que se ve atraída hacia explicaciones simplistas de la economía y la política. Trump, por su parte, mostró ser el candidato del descontento, con un discurso simple, basado en información errónea, pero muy atractivo para una buena parte del electorado. Es probable que el debate tenga alguna influencia en las encuestas y que, al final, Hillary Clinton mejore un poco sus números. Así lo sugieren los sondeos post-debate como el de CNN, que señala que 62% piensa que Hillary ganó la discusión contra 27% que piensa que la ganó Trump. Sin embargo, es muy pronto para predecir quién ganará la presidencia de Estados Unidos. La batalla apenas comienza y las semanas siguientes serán decisivas. Ganará quien cometa menos errores y, hasta ahora, ésta parece ser Hillary Clinton, quien tuvo sin duda una gran noche.