¿Qué debemos concluir del debate entre Clinton y Trump?

Casi todos los opinólogos coinciden en que Hillary Clinton le ganó el primer debate a un Trump predeciblemente bocafloja y maleducado, pero también en que ese triunfo de la razón, la voz templada y la ironía no alcanza para tranquilizar al planeta Tierra: el monstruo con piel de merthiolate sigue en la pelea. Con todo, el debate permite sacar muchas conclusiones importantes, más allá del resultado en números crudos, sobre, digamos, el papel de México y los tratados comerciales en la política gringa contemporánea, el auge global de los discursos del odio o el protagonismo en las agendas políticas de las amenazas terroristas y el crimen organizado. Bienvenidos, como todas las semanas.

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Entre la improvisación y las propuestas

Rafael Velázquez Flores

Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI).

El primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump fue un evento ansiosamente esperado, no sólo en Estados Unidos sino también en el mundo entero. El acontecimiento generó amplias expectativas por las implicaciones que tiene esta elección presidencial en el ámbito económico global y la política mundial. Hace algunos meses, pocos analistas le daban pocas posibilidades a Trump incluso de ganar la nominación del Partido Republicano. Hasta los mismos miembros de esta organización política conservadora y el establishment estadounidense estaban en contra de otorgarle la candidatura. Sin embargo, en las últimas semanas el hombre de negocios empezó a subir en las encuestas para prácticamente alcanzar a la nominada por el Partido Demócrata. El aumento de las preferencias de Trump en las encuestas generó nerviosismo en los mercados y la política, puesto que el candidato se opone al libre comercio y propone una política exterior más agresiva de parte de Estados Unidos.

Para el caso particular de México, Donald Trump ha hecho declaraciones para atacar a los migrantes y ha propuesta la construcción de un muro pagado por los mexicanos para detener el flujo ilegal de personas. Asimismo, ha propuesto renegociar el TLCAN por que lo considera el "peor" tratado comercial firmado por Estados Unidos. Incluso, el peso mexicano tuvo una devaluación frente al dólar en parte por el aumento de las preferencias electorales del republicano.

El debate inició con cierto grado de cautela por ambas partes. Clinton comenzó con una serie de propuestas medianamente coherentes para promover la prosperidad económica de los estadounidenses. Sin embargo, Trump empezó a buscar culpables de los problemas económicos de su país. Le echó la culpa a los migrantes que roban los empleos a sus connacionales y planteó que se pierden fuentes de trabajo porque las empresas estadounidenses se instalan en otros países. A falta de propuestas concretas, el republicano inició con su estrategia de criticar a Clinton para desviar la atención. Sin embargo, la candidata demócrata no cayó en las provocaciones y mantuvo el control del escenario y continuó con sus propuestas.

En su momento, la candidata Clinton empezó a criticar a Trump con un mejor estilo y con imputaciones fundadas. Trump eludió las acusaciones y no contestó las preguntas directas, incluso las planteadas por el moderador del debate. Se le preguntó sobre su declaración de impuestos pendiente o sobre las declaraciones falsas que había hecho sobre el lugar de nacimiento de Barack Obama, entre otras cosas. Pero fue elusivo y ambiguo en sus respuestas.

La parte central de la propuesta de Trump fue su planteamiento de reducir los impuestos de 35 a 15% con el propósito, dijo, de aumentar las inversiones y los empleos. Sin embargo, no hay evidencia sólida de que al reducir los impuestos se creen automáticamente más fuentes de trabajo de manera directa. El republicano volvió a plantear su propuesta de renegociar el TLCAN y mostró su desacuerdo por el Trans-Pacific Partnership (TPP). Como se puede observar, las iniciativas de Trump carecen de un contenido sustancial y prácticamente se dedica a cuestionar lo que se ha hecho sin hacer recomendaciones concretas. En el debate, Trump mostró su verdadera faceta. Es un político improvisado que carece del perfil idóneo para dirigir una nación del tamaño de Estados Unidos. Es un candidato que se basa en la retórica discursiva sin tener sustancia; acude a la crítica y a cuestionar a sus adversarios. El problema aquí es que varios segmentos de la población con derecho a voto se dejan llevar por ese discurso vacío que alude a una mayor prosperidad y una más amplia seguridad a partir de una política más restrictiva.

Sin ser la mejor candidata, Hillary Clinton mostró más oficio en el debate. Supo controlar el escenario, planteó propuestas concretas y, en su momento, fue efectiva en sus críticas a su adversario. La demócrata fue más propositiva que su contrincante, quien se dedicó a describir situaciones y recurrir a las anécdotas. En varias encuestas, Clinton salió como ganadora del debate. En algunos casos, casi el 70% de los encuestados consideraron que la candidata demócrata fue mejor frente al republicano.

El resultado del debate incluso tuvo efectos positivos en la cotización del peso frente al dólar, puesto que la moneda mexicana recuperó alrededor de 38 centavos al finalizar el debate. Este triunfo parcial de Clinton no garantiza que gane la elección en noviembre próximo, pero sí implica que suba algunos puntos en sus preferencias a corto plazo. Si mantiene esta tendencia, entonces Hillary Clinton se puede convertir en la primera mujer que ocupa el cargo de presidente en Estados Unidos a partir de 2017.