¿Qué cambió en estas elecciones?

Las cifras están ahí, claras: siete gubernaturas para el PAN y cinco para el PRI, que hasta las elecciones del domingo pasado gobernaba en nueve de esos estados. Goleada. Como la que recibió la elección para la Constituyente de la Ciudad de México, que concitó una indiferencia de récord histórico: a siete de cada diez votantes le pareció inútil presentarse a las urnas. Luego están las interpretaciones que pueden darse a las cifras, más complicadas. ¿Quedó el PRI al borde del nocaut? Morena, ¿ganó o perdió? ¿Sobrevivirá el PRD del brazo del PAN? Y este partido, ¿qué tantas posibilidades tiene de cara a 2018? No menos importante: el INE, ¿qué papel hizo?

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Cuando, a las urnas, la gente llega hasta la madre...

Juan Pablo Becerra-Acosta M.

Subdirector Editorial de MILENIO.

Muchas veces, después de un proceso electoral, no falta quien, intensito él, acude a una cantina y empieza una lastimosa perorata así:

–¿Cómo es posible que la gente siga votando por ese partido? No entiendo. ¡Pinches mexicanos! ¡Por eso estamos como estamos! ¡Tienen alma de masoquistas...!

El deprimido en cuestión, ya medio "briagoberto", habla de "mexicanos" como si él fuera noruego. Su furia proviene de que, a pesar de escándalos de corrupción, de altos niveles de violencia, y de pequeños o grandes problemas económicos, un nutrido grupo de compatriotas optaron por votar a favor de equis partido en el poder, a pesar de que en las encuestas de popularidad los gobernantes de tal partido han reprobado y, no sin razón, son vistos como los responsables de todos los males ciudadanos.

Sí, frecuentemente un partido en el poder vuelve a ganar, a pesar del pésimo papel que ha hecho un correligionario suyo en el gobierno en turno. Y sí, muchas veces uno no entiende cómo es posible que el partido que postuló a ciertos rufianes triunfe de nuevo.

Hombre, no hay que amargarse tanto. Suele ser, salvo en el caso de palizas electorales, un asunto de aritmética: el electorado se divide en tres tercios y entonces el partido en el poder se beneficia de esa diversificación del voto opositor. Morena es ducho para eso, para no ganar y provocar que otros opositores no ganen.

Pero bueno, también hay otras ocasiones en que la muy imperfecta y carísima democracia mexicana resulta, a pesar de los excesos de los gobernantes que se meten sin pudor en cuanta elección se les pone enfrente, un ligero bálsamo. Y me parece que ayer fue muestra de eso. Mire unos cuantos casos...

-En Veracruz Javier Duarte se convirtió, por méritos propios, en uno de los gobernadores más repudiados en tiempos recientes (y mire usted que ha habido cada espécimen nefasto últimamente), así que fue sacado del poder a punta de votos: sólo consiguió 30% de sufragios su candidato, Héctor Yunes. Claramente la mayoría de los veracruzanos, siete de cada 10, no querían la continuidad del PRI en el poder, aunque el caballero que ganó, Miguel Ángel Yunes (34%), no es precisamente una monja carmelita.

- En Tamaulipas, al igual que en Veracruz, también fue la primera vez que el PRI perdió el gobierno estatal. En ese estado tan sufriente, tan a merced del crimen organizado desde hace décadas, la gente, hastiada de tanta sangre y corrupción (cómo entender sino la impunidad de los criminales), se quitó el pavor cotidiano y el PRI sufrió un revés brutal: el candidato del PAN ganó con el 50% de la votación, una cifra que ya no es común en México. No sé si el personaje que triunfó, Francisco García Cabeza de Vaca, sea una monada de persona (lo dudo, si hago caso a una mínima parte de los expedientes que me mandaron y no pelé durante los comicios), pero el caso es que la sede del PRI quedó tan sola en Tamaulipas como los ranchos que cientos de ganaderos han tenido que abandonar porque el narco se los expropió ante la mirada vacuna de los gobiernos federal y estatal.

- No es asunto exclusivo del PRI, esto del repudio. En Oaxaca el gobierno de Gabino Cue, que había llegado al poder en alianza PRD-PAN, sufrió tremendo revés: el candidato de la misma coalición apenas obtuvo el 25% de los votos, y los oaxaqueños prefirieron que los vuelva a gobernar un priista (cuánto se quejaron de las administraciones de gente como el inolvidable gober precioso Ulises Ruiz), incluso si quien los va a reinar ahora es Alejandro Murat (hijo del inefable benemérito José Murat), que ha sido señalado por ganar millonadas de sueldo en Infonavit, donde también habría "perdido" gigantescas sumas de dinero por andar especulando en inversiones de alto riesgo.

En fin, que a pesar de tantas cosas que hay que cambiar en nuestro sistema electoral, hubo alternancia en ocho estados. Funciona, y bien, el voto de castigo. La democracia, cuando los electores llegan hartos, hasta la madre, a las urnas, sí anda...