¿Qué aprendí del Chapo Guzmán?

El equipo que se encarga de la Tribuna es incorregiblemente optimista. No importa lo estúpida, vulgar, inconexa, abyecta o ridícula que sea una noticia, en estas oficinas domina siempre una certeza: que de ella se pueden obtener enseñanzas legítimas, razonamientos estimulantes, ventajas pedagógicas. Eso incluye el último episodio protagonizado por el Chapo Guzmán, con todos sus ingredientes: la enésima confirmación de que Sean Penn es intragable, las –llamémosle así– debilidades de Kate del Castillo y la revelación de que nuestro genio del mal habla como mesero de antro –"¿Unas medias de seda para la damita?" Para demostrarlo, hemos convocado a un asamblea de sabios dispuestos a responder: "¿Qué aprendí del Chapo Guzmán?" Lo más importante, sin embargo, es que lo hagan ustedes, queridos lectores. Vamos, confiesen: ¿qué aprendieron?

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Leyendo entre líneas

Guillermo Valdés Castellanos

Ex director del CISEN. Colaborador de MILENIO.

Extractos de la "entrevista" con Sean Penn : "Y la actividad que usted desarrolla, ¿cómo cree que impacta sobre México? ¿Cree que es un fuerte impacto? Para nada... ¿Por qué? Porque el narcotráfico no depende de una persona, sino de muchísimas personas.... ¿Usted cómo ve la situación en México, qué es lo que pasa en México, cómo ve el panorama de México? Bueno, pues el narcotráfico ya es una cultura que viene de los antepasados... ¿Usted busca la violencia, busca evitar la violencia o deja la violencia como último recurso? Pues sí, yo lo que hago es defenderme nada más, que yo ande buscando problemas, jamás...

"Su vida, ¿cómo ha cambiado, cómo la ha vivido después de su fuga? Mucha felicidad por la libertad. ¿Usted tiene algunos sueños? ¿Sueña? Lo que es normal, pero estar soñando diario, no. ¿Pero algún sueño, una ilusión para la vida? Vivir con mi familia los días que Dios me dé. Si pudiera cambiar el mundo, ¿lo cambiaría? Yo para mí, a como estamos, soy feliz... ".

Extractos de sus conversaciones vía Blackberry con Kate del Castillo: "Hay que ver qué colores hay para comprar un color de mujer... ¿Rosita no hay? Porque si no hay rosita lo compras plateado... Te cuento que estoy más emocionado en ti que en la historia, amiga... Buenas tardes, ¿cómo está la mujer más buena de este mundo y la más inteligente, que admiro mucho?"

El contraste de esas frases de Guzmán Loera con el mito del Chapo como el narco más poderoso del mundo, es grande. ¿El ego desmedido y los ánimos seductores lo llevaron a desenmascararse? ¿Mito con pies de barro? Las respuestas que balbuceó delante de la cámara para Sean Penn, forzado por la insistencia de Kate del Castillo, y las insinuaciones "amistosas" a la dama por la que se anima a romper sus 20 años de abstemio, suenan desconcertantes en boca del "enemigo público Nº 1 de Chicago", genio del mercado ilegal de drogas y diseñador de los túneles más ingeniosos para contrabandear cocaína. En vez de sondear nuevos mercados en Asia y Europa, pide que busquen una Blackberry rosa para la "mujer más buena de este mundo"; en lugar de la estrategia para desplazar al Cartel Jalisco Nueva Generación, conquistar Tamaulipas y convertir a Sinaloa en la organización monopólica de narcotráfico en México, sólo sueña con vivir con su familia los días que Dios le dé. Y seguir conquistando mujeres, sólo que no se animó a decirlo.

Tampoco hay que ser ingenuos, pues con un juicio de extradición encima sería absurdo que él mismo se incriminara y aceptara lo que va a negar insistentemente en el proceso judicial que se le avecina. No obstante esa obviedad, las respuestas dadas por el Chapo a los temas ajenos a su actividad son de una gran simpleza, las de un hombre común y corriente, que reflejan con claridad el medio en que ha vivido y no las de un genio de los negocios o de un criminal filósofo tipo Fantomas.

¿Cómo compaginar ambas caras de Joaquín Guzmán Loera? La del narco que puso en ridículo al gobierno con un túnel de alta precisión y la del ranchero enamoradizo que se pone camisa de seda para recibir a la actriz y está ansioso por presentársela a su mamá. O se trata de una máscara para engañarnos y hacernos pensar que nunca ha sido ese narcotraficante violento y sin escrúpulos que ha impulsado las guerras más sanguinarias del México del siglo XXI, sino un campesino que a duras penas sueña y sólo quiere defenderse del gobierno. ¿Otra genialidad como la del túnel de Almoloya, es decir, otro túnel, éste para enaltecer su ego desmedido y escapar de un juicio social que al parecer le importa mucho? (En otra parte de la entrevista afirma: "porque las personas que no me conocen tendrán sus dudas de decir si yo soy buena persona o mala".) ¿Por eso el afán de contar su historia al grado de invitar a Hollywood y llevarlo hasta su escondite para que no sean solo palabras sino también imágenes? ¿Una película sobre su vida producida por Sean Penn para evadir la condena social no sería el equivalente al túnel con tecnología alemana por el que salió del penal del Altiplano para evadir la justicia?

No tengo respuestas claras. Quizá un psicoanalista nos podría iluminar más. Desde mi mirada de observador del fenómeno del narcotráfico pienso que ambas facetas son reales y conviven, no fácilmente, en esa enredada madeja de contradicciones y recovecos que somos los hombres de carne y hueso. Apunto un par de hipótesis que ayuden a congeniar ambas imágenes del Chapo.

La primera tiene que ver con su eficacia y éxito en el negocio de la producción y exportación de drogas. Los pocos testimonios sólidos sobre la actuación de Guzmán Loera como uno de los miembros del liderazgo colectivo –junto con el Mayo Zambada, Juan José Esparraogosa, "El Azul" y en su tiempo con Nacho Coronel y Arturo Beltrán Leyva— de la organización de Sinaloa señalan sus aportes importantes. El más notable, la idea de utilizar túneles; pero también están su capacidad organizativa y logística, y probablemente su visión estratégica y osadía, para reposicionar a su organización y convertirla en la más poderosa, después del bache en que cayó cuando estuvo preso entre 1993 y enero de 2001, cuando el gran capo era Amado Carrillo, el "Señor de los Cielos", y la organización dominante era la de Juárez.

Sin negar esos aportes personales, es probable que estemos frente a una genialidad empresarial colectiva y no tanto personal. El negocio del narcotráfico en México lleva 90 años; ya son varias generaciones de narcotraficantes que han producido, acumulado y transmitido un conocimiento sobre cómo producir, transportar y cruzar por la frontera todo tipo de estupefacientes y cómo escabullirse de la persecución gubernamental, notoriamente por medio de la corrupción. Las organizaciones del narcotráfico están compuestas por familias que, a diferencia de las corporaciones modernas, no tienen problema en compartir y transmitir ese "know how". Así, El Chapo sería un miembro más, importante sin duda alguna, de una empresa colectiva de experiencia y calidad centenaria, al mismo tiempo que un campesino de Badiraguato que apenas cursó algunos años de primaria. Sus respuestas lo apuntan: "Bueno, pues el narcotráfico ya es una cultura que viene de los antepasados... El narcotráfico no depende de una persona, sino de muchísimas".

La segunda hipótesis para conciliar la contradicción de imágenes consiste en el momento actual de la situación personal del Chapo y de la lucha contra el narcotráfico por parte del gobierno. Después de casi 40 años dedicado a traficar drogas con todos sus riesgos (dos veces capturado, dos veces fugado) no es extraño que se haya hecho la pregunta: y todo esto ¿para qué? ¿Qué he ganado, de qué me sirven todo el dinero y el poder obtenidos si vivo escondido, a salta de mata, y no puedo disfrutarlos?

La época dorada de los narcos, cuando podían vivir sin esconderse, aparecer en las secciones de sociales de los periódicos y ser consejeros de bancos, como era el caso de Miguel Ángel Félix Gallardo todavía en los 80, esa época se acabó. La presión de EU primero, y la persecución del gobierno mexicano a partir de 2006, los obligó a la clandestinidad. Los riesgos y costos de ser narco han aumentado considerablemente. Y en un narco con cuatro décadas de trabajo y refriegas de todo tipo, la reflexión es obligada. A lo mejor para un narco nuevo aún vale la pena arriesgarse, pero para el Chapo las cosas parecen ser ya distintas. "¿Algún sueño, una ilusión para la vida?", le pregunta Sean Penn. La respuesta: "Vivir con mi familia los días que Dios me dé. Si pudiera cambiar el mundo, ¿lo cambiaría? Yo para mí, a como estamos, soy feliz... ". ¿Máscara o realidad?

A Kate le confiesa que le es más importante conocerla que filmar su biografía ("Te cuento que estoy más emocionado en ti que en la historia, amiga"). En cualquier caso, para su ego, tan importante es construir un túnel e inundar a los gringos de mariguana y cocaína que lograr que la Reina del Sur le diga que "nadie la había hecho sentir cuidada". ¿Cambio de prioridades? Poco importa saberlo, pues ahora dispondrá de muchos años –si no se fuga de nuevo– para escribir un guion –esperemos que ampliado y mejorado– de su película autobiográfica y para seguir chateando con Kate. Entonces podríamos tener más elementos para conocerlo un poco mejor.