¿Prosperará Prospera?

Las cifras son tercas: la pobreza no cede, a pesar de que México ha aplicado programas para combatirla desde, al menos, tiempos de Echeverría. Ahora, el gobierno dice adiós a Oportunidades y saluda a Prospera, su versión corregida y aumentada. ¿Representa este programa una mejoría sustancial respecto a los anteriores o volvieron a revolcar a la gata, a usar aspirinas para el cáncer? ¿Son estos programas formas nuevas del clientelismo viejo y nada más? ¿Puede y debe el Estado encabezar esta lucha? En suma (robamos la pregunta a nuestro colaborador Gerardo Esquivel): ¿Prosperará Prospera?

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    1. Gerardo Esquivel

      La política social como ...

      Profesor e investigador en el Colegio de México.
    2. Álvaro Rodríguez Arregui

      La solución es el mercado

      Experto en microcréditos.
    3. Jorge Javier Romero

      Breve historia del ...

      Investigador de la UAM. Coordinador del ...

En el camino adecuado

Rogelio Gómez Hermosillo

Ex coordinador nacional de Oportunidades.

El presidente Peña Nieto ha anunciado el cambio del Programa Oportunidades, que ahora se llama Prospera, Programa de Inclusión Social, en el          que se han añadido nuevos beneficios para las familias. El presidente y la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, reconocen pues los resultados positivos del programa. A partir de lo dicho el jueves pasado en Ecatepec, sabemos que los cambios principales cambios son:


  • Nuevos suplementos nutricionales.
  • Ampliación del paquete de salud preventiva.
  • Becas para educación superior.
  • Acceso prioritario para jóvenes a los servicios del Sistema Nacional de Empleo.
  • Acceso a 15 programas de desarrollo productivo de diversas dependencias.
  • Acceso a servicios financieros.


El sentido de los cambios es muy positivo y responde a recomendaciones de diversas evaluaciones, así como a las tendencias internacionales.

El presidente puntualizó en su discurso que la reducción de la pobreza requiere medidas de política económica. Los programas sociales tienen un sentido de equidad y sobre todo de inclusión social, como acertadamente se ha denominado al programa. El objetivo de Prospera es cerrar brechas de desigualdad y promover el ejercicio de derechos sociales básicos para la población en pobreza, especialmente para quienes padecen pobreza crónica.

Muchas críticas al programa provienen justamente de la confusión entre objetivos de inclusión social y objetivos de reducción de pobreza. Estos últimos no pueden ser el resultado de los programas sociales, al menos en el corto plazo. Los programas como Prospera buscan evitar la herencia de pobreza, dado que la desnutrición y la deserción escolar generan altas probabilidades de vivir en pobreza durante la vida adulta. Esto es lo que se tratan de evitar, y no tanto la reducción de la pobreza presente. Las transferencias monetarias complementan el ingreso de los hogares, no buscan sustituirlo.

La inclusión social empieza con la gestación. El desarrollo infantil temprano y la nutrición en los primeros mil días de vida son indispensables para aprender en la niñez y juventud y así producir en la etapa adulta. La desnutrición crónica tiene, pues, efectos en la capacidad de las personas para toda la vida. Por eso es que son tan determinantes las acciones de control nutricional del programa a cargo de las unidades de salud. Desde luego, estas acciones requieren mejorar y fortalecerse. Es buena noticia que se use una nueva fórmula de complementos nutricionales.

El avance educativo contribuye al desarrollo productivo, especialmente si se vincula con los esfuerzos de mejora de calidad y pertinencia de la educación. El enfoque de equidad e inclusión social tendría entonces que llegar a la SEP, para priorizar las escuelas en las zonas de mayor rezago social. La educación no debe contribuir a incrementar la desigualdad.

La coordinación con los programas productivos constituye el mayor y más complejo desafío de Prospera. No se trata de generar experiencias exitosas aisladas, sino de construir vías efectivas de acceso para los entre 12 y 15 millones de jóvenes y adultos del programa. La escala de Prospera rebasa las capacidades actuales de todos los programas de apoyo productivo. Además, el 40% de los hogares no poseen activos productivos. Y entre quienes tienen acceso a tierra cultivable, más del 80% tienen menos de una hectárea, y en zonas de temporal (sin riego). Muchos viven en las geografías más aisladas. Los procesos de operación, requisitos y formas de acceso de estos programas tienen que modificarse para no generar barreras para el perfil de beneficiarios de Prospera.

El acceso prioritario de los jóvenes egresados a los programas del Sistema Nacional de Empleo puede tener efectos muy positivos. Sería deseable que se incluyan incentivos, tipo becas, para quienes se inscriban en la educación abierta y la capacitación técnica –como los CECATI, Centros de Capacitación para el Trabajo Industrial– a fin de desarrollar sus capacidades productivas. Generar opciones de segunda oportunidad para jóvenes que no concluyeron su educación es indispensable, y entre los jóvenes de Prospera hay un amplio sector que podría beneficiarse con estos apoyos.

Desde luego, la transparencia y la evaluación independiente deben mantenerse, así como las acciones para evitar el proselitismo político electoral.

Si estos cambios prosperan, nuestro país será mucho más incluyente y las nuevas generaciones tendrán mayores oportunidades. Prospera depende de la economía y de las acciones coordinadas de múltiples dependencias. Esa es su fortaleza innovadora y también su principal debilidad. Por último, entonces, es necesario fortalecer la coordinación: es imprescindible para el éxito de este programa.