¿Por qué no sirve la Línea 12?

En el conflicto de la Línea 12 hay algo que sí se mueve: el piso, lo mismo para las empresas que intervinieron en la obra, que para el gobierno chilango anterior,que para el actual, entre acusaciones de conflicto de intereses, corrupción e ineficiencia. Lo demás está quietecito: el metro, sí, como es evidente para los miles de ciudadanos que pierden horas de su vida en trasladarse, pero sobre todo los vicios eternos de los que deciden por nosotros: la falta de planeación, la asignación de proyectos a dedo, la ceguera en términos de políticas de movilidad.

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La línea de las mentiras

Mario  Delgado

Senador y secretario de Finanzas del DF entre 2006 y 2010.

Concebida como una de las obras de ingeniería mas grandes e importantes de nuestro país, la Línea 12 del metro se ha convertido en el medio de transporte favorito de grandes mentiras y confabulaciones inconfesables. Mientras que para su construcción se convocó a los mejores ingenieros mexicanos, en su destrucción pública participan desde la sombra del poder políticos de pocas ideas y nulo compromiso con la ciudad.

En las últimas semanas los trenes de la línea 12 han sido utilizados cada vez con mayor frecuencia por empleados de Los Pinos. Desde la Cámara de Diputados se montó un dictamen de tan poco talento que revela la intencionalidad política del mismo y la vulgar utilización que hace el Ejecutivo de los representantes populares de su partido para convertir su mayoría en un tribunal sumario para juzgar y señalar culpables que distraigan la atención de la sombra de corrupción que le persigue desde el asunto de la casa blanca. Si la Cámara tiene como papel fundamental en nuestro sistema mantener un equilibrio de poderes, permitir que Peña Nieto la convierta en su brazo de ejecución política representa un riesgo mayor para nuestra democracia.

La última gran mentira que se repite en todos los medios de comunicación es el señalamiento que hacen los diputados priistas de que el contrato de trenes que firmó el Metro con la empresa CAF está pactado en dólares y a un tipo de cambio de 16.27 pesos por dólar. Esto es absolutamente falso. Es evidente la contradicción del argumento: ¿para qué querría CAF fijar un tipo de cambio si su contrato está firmado en dólares, factura en dólares y le pagan en dólares? Si el contrato estuviera en pesos tendría algún sentido, no si el contrato está en dólares –como es el caso.

Los diputados hacen una cuenta mentirosa: si el contrato es por 1,588 millones de dólares y se firma en 2010 a un tipo de cambio de 16.27 –cuando el dólar rondaba los 12.91 pesos–, entonces hay un desfalco por más de tres mil millones de pesos. Otra gran mentira. El valor total del contrato efectivamente es por 1,588 millones de dólares, pero al ser un contrato de prestación de servicios por 15 años, se paga mes con mes una parte fija y otra variable según el desempeño que hayan tenido los trenes. A la fecha, se han pagado alrededor de 300 millones de dólares y es hasta el año 2025 que se habrá cubierto el monto total del contrato. Entonces, si el monto total no se ha pagado, ¿cómo puede existir el desfalco?

En los últimos años se ha desarrollado ampliamente el mercado de derivados financieros en nuestro país (MexDer) y es supervisado por la CNBV. Mediante distintos instrumentos, es posible comprar dólares dentro de 15 años. Hay una metodología para calcular este valor y existe un mercado internacional que todo los días –de acuerdo a análisis de riesgos y de la evolución de muchas variables económicas– calcula el valor de los futuros del peso/dólar.

Según la información que han hecho publica los diputados, en mayo de 2012 el Metro decidió contratar una cobertura para fijar el riesgo cambiario en sus obligaciones de pago en dólares que se derivan del contrato con CAF. Cualquier financiero serio haría esta recomendación –por cierto, de la cual me acusan de ser responsable a pesar de que no era funcionario y estaba en plena campaña electoral. En una operación en el mercado de futuros, se asegura un tipo de cambio de 16.27 pesos por dólar hasta 2025. Es decir, pase lo que pase, el Metro compra dólares a ese precio. Evidentemente, al principio se tiene que pagar por encima de la cotización actual, pero eventualmente el tipo de cambio estará por encima de los 16.27 y el Metro entonces ahorrará dinero. ¿Cuál es el balance final para el Metro? ¿Ganará o perderá dinero en estos 15 años? No lo sabemos. Lo que es cierto es que en caso de que ocurra una de nuestras famosas crisis económicas recurrentes, estará protegido ante una depreciación mayor.

Lo que parece en verdad sorprendente es que la semana pasada –tal como lo ha hecho en estos últimos meses– el Metro haya filtrado a un medio de comunicación un documento para demostrar lo que es obvio: que como el dólar está por debajo del precio asegurado, al Metro le está costando la cobertura en esta primera etapa. Esto sería equivalente a reclamarle a la compañía aseguradora la devolución del dinero que pagamos por el seguro de vida que no utilizamos por no haber muerto. O también sería como tratar de enjuiciar al secretario de Hacienda por haber contratado en 2014 instrumentos derivados por 450 millones de dólares para proteger una eventual caída de la mezcla mexicana por debajo de los 85 dólares y no haberse utilizado tal garantía, al registrar en ese año un promedio de 92 dólares por barril. Parece que el Metro no ha entendido el instrumento que tiene contratado, porque hace pública esta información justo el día que el dólar rebasó los 15 pesos, alcanzando con ello su cotización más alta en los últimos seis años. Si al Metro le parece tan mal negocio tener asegurada la compra de dólares a 16.4 en una década, debería salir en este momento al mercado de futuros a venderlos, que tal como van las cosas sin duda que se los comprarán de inmediato, pero deberá dejarse muy en claro el riesgo a que se deja expuesta a la ciudad.

En la Línea 12 se ha invertido más tiempo, dinero y esfuerzo en su desprestigio que en su reparación. Algo tiene la Línea 12 que ha estado rodeada desde el principio de múltiples chantajes, envidias y obstáculos políticos. Ya no se piensa en grande en la política mexicana, por eso hay que sentenciar a aquéllos que se salen de la mediocridad y se atreven a resolver los problemas en lugar de administrarlos. Esos políticos no deben sobrevivir porque dejan expuestos a los restantes, que conciben la política como un espacio para la corrupción, la frivolidad y la destrucción del adversario y no como una vía para cambiar para bien nuestro destino como país. ¿Cual será la estación final de la Línea 12? Ojalá que la ingeniería le gane a la porquería política.