¿Por qué no sirve la Línea 12?

En el conflicto de la Línea 12 hay algo que sí se mueve: el piso, lo mismo para las empresas que intervinieron en la obra, que para el gobierno chilango anterior,que para el actual, entre acusaciones de conflicto de intereses, corrupción e ineficiencia. Lo demás está quietecito: el metro, sí, como es evidente para los miles de ciudadanos que pierden horas de su vida en trasladarse, pero sobre todo los vicios eternos de los que deciden por nosotros: la falta de planeación, la asignación de proyectos a dedo, la ceguera en términos de políticas de movilidad.

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¿Quién paga los errores?

JH León

Lector

La línea 12 es un ejemplo, de los lamentablemente muchos que hay en nuestro país, de la incapacidad para hacer proyectos de calidad con transparencia y sin corrupción. La Línea 12 fue un proyecto político de Marcela Ebrard, quien en verdad estuvo muy cerca de ser candidato presidencial. La voracidad política de Ebrard, los supuestos casos de corrupción o tráfico de influencias informados por la supuesta comisión que investigó este fallido proyecto y lo que se puede apreciar a simple vista, evidencian los serios errores de planeación y visión para realizarlo.

¿Cómo es posible que cometieran una equivocación tan terrible como comprar trenes no adecuados para las vías? ¿Qué piensan, qué pensaron los políticos del grupo de Ebrard al comentar semejantes errores? El problema es que el error lo pagamos todos los contribuyentes, mientras vivimos una etapa de gran dificultad económica por la recesión que padecemos de años atrás, combinada con la baja abrupta de los precios del petróleo y la devaluación en un 20% del peso frente al dólar. Y mientras los ciudadanos pagamos por los errores de los políticos, ellos siguen buscando la manera de reciclarse. Me parece indigno, patético que Ebrard no tuviera la decencia, la vergüenza para dar la cara por sus errores, sino, por el contrario, que buscara que lo hicieran diputado de facto, es decir, diputado plurinominal.

Es un secreto a voces que sino en todas, al menos en la mayoría de las obras públicas existen tráfico de influencias, comisiones, mordidas, etc., lo cual tiene un nombre muy específico, se llama co-rrup-ción, punto. Es peor que nos hayamos acostumbrado a vivir así. Es deplorable que además de lo anterior, las obras se hagan mal, por la ambición desmedida, insana, rapaz, reprobable, reprochable... Vaya, grosera de los políticos y que al final, los contribuyentes acabemos pagando por ello.

Esto es la perversión pura, la maldad real de nuestros políticos, maliciosos, tramposos, cobardes, incultos, incapaces. Unos auténticos parásitos que existen gracias a nosotros, que se alimentan de nosotros, de nuestro trabajo, de nuestro dinero.