¿Podemos decir lo que nos dé la gana?

El atentado contra Charlie Hebdo provocó de inmediato y en casi todo el mundo una condena y un lamento conmovedores e incluso entusiasmantes, por lo que dicen de bueno de los millones que se solidarizaron con las víctimas. Pero las dudas, las preguntas de fondo, fueron apenas un poco más lentas. ¿Es legítimo decir cualquier cosa? ¿La libertad de expresión es un valor absoluto, un valor que no admite matices, notas al pie de página, paréntesis, condicionantes? En Tribuna queremos hacernos estas preguntas y planteárselas, como siempre, a ustedes. Hablen, queridos amigos, sin autocensura.

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De por qué este caricaturista no es Charlie Hebdo

Jans

Monero

No sé si es porque los años me están volviendo un viejo amargado, o si porque veo que el mundo vive una escalada de atrocidades que creíamos ya superadas, el caso es que después de más de dos décadas como caricaturista político, cada vez me cuesta más trabajo reírme de la brutalidad de este canijo planeta y de la doble, tripe o cuarta moral que por ignorancia o ideología, exhiben los "bienintencionados". Hoy, la caricatura me alcanza menos que nunca para denunciar y para expresar lo que quiero.

A pesar de este desencanto tardío y mi bronca, por formación y por convicción procuro atar los cabos que me permitan entender mejor.

Los crímenes contra Charlie Hebdo y los ciudadanos franceses me dieron oportunidad de reflexionar no sólo sobre la política que hacen los países, sino también sobre la que hacemos nosotros, los caricaturistas.

En definitiva, "Je ne suis pas Charlie Hebdo" y lo digo particularmente en mi calidad caricaturista político.

No está de más decir, otra vez, que lo que pasó en París me parece abominable y que debe ser perseguido y castigado; mi aclaración es importante porque la opinión disidente ante un consenso generalizado me hace ver como quien agarró el Kalashnikov para iniciar la guerra santa.

La frase "Je suis Charlie Hebdo" se ha diseminado viralmente por la red y asumo que quien la comparte cree de buena fe en los valores de la libertad de expresión y en general, en los valores de la democracia representativa cuya cuna es Francia, por cierto. Yo también los comparto, lo que no puedo soportar es que se tome a la revista como bastión de la libertad de expresión y la trinchera desde donde se defendían las más altas virtudes. Digámoslo claro, las caricaturas de Charlie Hebdo no eran "fuertes" ni eran "controvertidas" ¡eran racistas! y quien tenga duda que se eche un clavado a internet para verlas.

Es claro que la brutalidad de los asesinatos pone el foco de atención y la protesta sobre un hecho monstruoso que debe ser rechazado, y al mismo tiempo eclipsa cualquier crítica a la línea editorial y elimina toda tentativa de debate sobre ella. Eso para mi implica una doble tragedia. Acallar el debate sobre las causas y consecuencias radicaliza, ensordece y refuerza a los fundamentalistas de todo cuño, fortalece el falso debate entre libertad de expresión versus barbarie y dan argumentos a finas personas como los Blair, los Bush, los Aznar, los Huntington y a tantos otros encapuchados jihaidistas anónimos. Analicemos, no para justificar atrocidades (y con estas líneas corro el riesgo de que alguien piense que justifico el terror) sino para entendernos y vivir mejor juntos.

Como caricaturista político deploro los atentados, pero no puedo solidarizarme con la causa de una revista racista que disfraza la xenofobia con la máscara de la libertad de expresión. ¿Las expresiones xenófobas son garantizadas por la libertad de expresión? así es y cada quien la usa como quiere ( y va de nuevo) y no por eso deberíamos tener miedo a ser asesinados. Con todo, el tema de si la libertad de expresión debe tener límites es un asunto controvertido y hay que señalar que en Europa existen leyes antirracistas y que castigan la difamación de grupos (bajo las cuales fueron acusados los de Hebdo, por cierto).

Yo personalmente creo que no debería haber restricciones legales para la libertad de expresión, pero también soy bien consciente de que sustituir los valores sobre los que toda sociedad se funda (también los valores democráticos occidentales) por la máxima de la libertad de expresión: "tengo derecho a decir lo que quiera, incluyendo la denigración de cualquier ideal", no ayuda a fundar una vida en común; es decir, sustraerse de todo consenso social de reglas no escritas (acto que sin embargo es un derecho) no favorece la vida en comunidad.

Se han esgrimido argumentos varios para desmentir la naturaleza racista de las caricaturas de Charlie Hebdo, que aluden a, desde la tradición periodística europea, hasta un supuesto afán de proteger la laicidad de la Francia, argumentos que me parecen francamente ridículos! Como si la mayoría de los musulmanes en ese país no se hubiera ya adherido al marco de las leyes y de valores cívicos comunes en la sociedad que les acoge, o como si se tratara de una virtud decir que desde siempre la prensa Francesa fue racista.

Cuando en 2005 el Jylland-Posten danés publicó doce dibujos sobre el tema del profeta Mahoma y desató la ira en el mundo musulmán, se trataba de demostrar la fidelidad a la libertad de expresión " el primer valor danés"; hoy, con las caricaturas de Charlie Hebdo, sigo sintiendo ese tufillo de racismo y supremacía cultural que se considera estandarte de la razón y heredera de la lucha anticlerical que se inauguró con la ilustración y que, por supuesto, considera al sistema de democracia representativa occidental el mejor de los mundos posibles, convirtiéndose de paso, en censora de la moral pública.

Los difuntos caricaturistas no se burlaban sólo de Mahoma, sino de la creencias de mil millones de musulmanes (y no digo que las prácticas bárbaras no deban ser criticadas, no estoy a favor de un relativismo cultural radical). Como caricaturistas deberíamos intuir que no es inocente dibujar lo que dibujaban en un contexto de guerra al terrorismo, de masas musulmanas empobrecidas en Europa y de una islamofobia creciente. Yo creo, como me dijo un caricaturista europeo una vez, que la caricatura no está para enseñar el músculo mostrando, en este caso, cuán libres somos de ejercer el desprecio y la burla a identidades culturales, sino para apalear a las instituciones y a las personas que dominan a la sociedad (los fundamentalismos cuentan, claro ¿Los de Charlie Hebdo criticaban los fundamentalismos? es fácil ver que criticaban las creencias y a los creyentes).

De ninguna manera se trata de instaurar la censura o renunciar a la libre expresión, sino de tener en cuenta que nuestros actos públicos se desarrollan en un determinado contexto histórico y social. Creo que el oficio de caricaturista debería tomar en cuenta ésto. Todavía hay muchos despistados que creen que se trata de un asunto religioso, cuando en realidad es político. Como caricaturistas deberíamos tomar en cuenta ello. La caricatura ennoblece pero también puede ser abyecta cuando se dirige a los débiles y en el contexto mundial, yo no tengo duda sobre quién es el colonizador y quién el colonizado. Saber que esas caricaturas se hacen en el contexto de la humillación cotidiana al mundo musulmán me hace rechazar el "yo soy Charlie Hebdo", que a fin de cuentas, creo, abona la falsa dicotomía entre libertad y barbarie. Estas son opiniones moldeadas por la información, pero sobre todo por la ideología. Yo sólo expongo la mía, por todo eso, yo no soy Charlie Hebdo.