¿Podemos censurar a Gerardo Ortiz?

El hombre sorprende a su pareja en una infidelidad, asesina al amante, mete a la mujer a la cajuela de un coche y le prende fuego. A estas alturas, probablemente estén todos familiarizados con la historia, una historia ficticia que, sin embargo, ocurre en el país de los Porkys y de Andrea Noel. Es la que narra el video de la canción "Fuiste mía", de Gerardo Ortiz, que ha conseguido unos 22 millones de vistas, pero que también ha generado un importante rechazo en los medios y las redes sociales, incluidas abundantes peticiones de que el video sea retirado. Son muchas las preguntas que se derivan de esta polémica: ¿tiene límites la libertad de expresión? ¿Debe supeditarse ocasionalmente a un bien superior? ¿Es realmente útil imponer ese tipo de límites o solo es un modo de tapar el sol con un dedo?

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La cajuela y lo grotesco: retrato de lo cotidiano

Ximena Andión Ibáñez

Directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir. 

La contundencia es abrumadora: cada día un nuevo caso público sobre violencia contra las mujeres que le pone rostro, mientras las estadísticas crecen y crecen. El horror que no termina, el dolor que se te mete en los huesos y te nubla la esperanza.

Uno de los debates públicos en las semanas recientes se dio a raíz del video de la canción "Fuiste mía" del cantante Gerardo Ortiz, en el cual se ve a un hombre asesinando al amante de su esposa y luego secuestrándola a ella y asesinándola en la cajuela de un auto al que le prende fuego.

La narrativa visual del video, mas allá de subjetividades, es absolutamente grotesca. Para destacar: la sexualización de la esposa, la idealización del "amor romántico que mata" y, como cereza en el pastel, la cara de satisfacción del esposo cuando prende fuego al automóvil. Los estereotipos de género acompañan cada fragmento de la letra de la canción y cada escena del video.

El propio título de la canción, "Fuiste mía", frase que se repite una y otra vez en la letra, habla del trasfondo de los actos de violencia contra las mujeres: la creencia de que el cuerpo y la vida de las mujeres son propiedad de los hombres, de uno, y de todos a la vez. Es este sentido de propiedad el que despoja a las mujeres de sus derechos, las cosifica e incluso las deshumaniza; es este coctel de consecuencias el que "permite" a los hombres, "sus propietarios", hacer lo que sea con ellas. Quizás esto pueda sonar a discurso de la Edad Media, pero sigue permeando lo simbólico y lo cultural en este país y en muchos otros. La violencia está normalizada, justificada y permitida.

El video no es nada más una manifestación nítida de discriminación: es claramente una incitación al odio y a la violencia contra las mujeres. Este tipo de manifestaciones resultan particularmente graves en un contexto de violencia generalizada contra las mujeres como el que vivimos en México. Si al leer estas líneas queda la sensación de que se exagera o se sobredimensiona en el análisis del tema, les regalo algunos datos: en México dos de cada tres mujeres de 15 años y más han experimentado al menos un acto de violencia en sus vidas[1]; en 2013 y 2014 fueron asesinadas al menos siete mujeres cada día[2]; y aproximadamente 1,315 mujeres son víctimas de violencia sexual cada día.[3] Botones de muestra de una realidad de violencia normalizada que se desborda ante nuestros ojos y que padecen muchas de las mujeres que viven en nuestro propio entorno.

Frente al video, la respuesta por parte de activistas, organizaciones y algunos líderes de opinión no se hizo esperar. Se condenó y se exigió a la SEGOB su retiro por su contenido violento y discriminatorio. Pero hubo quienes señalaron que la reacción era exagerada, que era sólo un video y que la libertad de expresión amparaba al artista y su música. Me parece que quienes sostienen esta última postura olvidan que la libertad de expresión tiene límites, y uno de ellos es justamente aquellas expresiones que incitan al odio y a la violencia. El video en cuestión cruza la delgada línea de lo amparado por la libertad de expresión y se convierte en violencia. No es una colisión de derechos, es una acción que transgrede el derecho a las mujeres a vivir libres de violencia.

Más allá del debate público sobre la libertad de expresión, hay una pregunta más compleja: ¿el retiro del video ayudaría a resolver el problema? Sin duda, eliminaría un producto que al ser replicado contribuye a perpetuar la discriminación y la violencia, pero existen muchos más productos audiovisuales de este tipo. En este sentido, retirarlo de exhibición sería pertinente pero en realidad no resolvería el problema de fondo. Este video nos recuerda que no basta con cerrar los ojos; el video no está "inventando" una situación grotesca, está reflejando la violencia que enfrentan miles de mujeres todos los días sin importar ubicación geográfica, nivel socioeconómico, formación o edad: todas las Andreas Noel, las Cecilias Nava, las víctimas de los Porkys y de todos los otros Porkys que existen, las víctimas de feminicidio, las mujeres atacadas sexualmente en Atenco, y así podría seguir y gastar las dos hojas del artículo en esta lista interminablemente triste y devastadora. El video es la punta del iceberg de una realidad aterradora. Comenzar a cambiar esta realidad es una tarea de todos y todas.

El secretario de Gobernación declaró que el video replicaba estereotipos de género y que instruía a la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) a tomar medidas al respecto. La declaración se queda corta y no me queda claro a qué se refiere exactamente con "tomar medidas". Existe en el país una normativa de avanzada en materia de violencia contra las mujeres, una variedad de programas e instituciones dedicadas exclusivamente a atender el tema, y se han realizado campañas públicas al respecto. Entonces, ¿qué es lo que está fallando? Muchas cosas a la vez: las instituciones no siempre funcionan adecuadamente, la mayoría de los casos que se denuncian permanecen en la impunidad, se sigue privilegiando una cultura de violencia, las políticas y programas son de corto plazo, atienden los síntomas del problema pero no la enfermedad. Aunado a esto, hay que recordar que la violencia contra las mujeres encuentra su sustento en las desigualdades históricas y la discriminación en contra de las mujeres. Ello implica que mientras estas desigualdades estructurales en lo social, económico, político y cultural no sean atendidas, será imposible terminar con la violencia.

Más allá del panorama tan desolador, el debate público que se ha generado con los casos recientes representa una oportunidad para tener conversaciones difíciles pero necesarias sobre lo que está funcionando y lo que no para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Para poder pensar en soluciones multidimensionales y de largo plazo a un fenómeno tan complejo y generalizado como la violencia contra las mujeres. Es también una oportunidad para concientizar a artistas, productores y medios de comunicación sobre la responsabilidad social que tienen en fomentar contenidos que ayuden a erradicar la violencia y la discriminación.

Espero que podamos pronto despertar de esta pesadilla. Yo sigo saliendo con miedo a las calles y cuando miro a mi hija y a todas las niñas y mujeres en mi entorno espero que el mundo cambie, que México cambie y que ellas ya no tengan que vivir con miedo.

Twitter: @ximena_andion

[1] Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), Encuesta Nacional sobre las Dinámicas y Relaciones en los Hogares (ENDIREH) , 2011. Disponible en: http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/Proyectos/encuestas/hogares/especiales/endireh/

[2] Instituto Nacional de Geografía y Estadística, Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, 23 de Noviembre 2015. Disponible en: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2015/violencia0.pdf

[3] Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), informe sobre las Víctimas de Violencia Sexual, Marzo 2016. Disponible en: http://www.ceav.gob.mx/wp-content/uploads/2016/03/ResumenEjecutivoDiagnósticoViolenciaSexualCEAVmzo2016.pdf