¿Podemos censurar a Gerardo Ortiz?

El hombre sorprende a su pareja en una infidelidad, asesina al amante, mete a la mujer a la cajuela de un coche y le prende fuego. A estas alturas, probablemente estén todos familiarizados con la historia, una historia ficticia que, sin embargo, ocurre en el país de los Porkys y de Andrea Noel. Es la que narra el video de la canción "Fuiste mía", de Gerardo Ortiz, que ha conseguido unos 22 millones de vistas, pero que también ha generado un importante rechazo en los medios y las redes sociales, incluidas abundantes peticiones de que el video sea retirado. Son muchas las preguntas que se derivan de esta polémica: ¿tiene límites la libertad de expresión? ¿Debe supeditarse ocasionalmente a un bien superior? ¿Es realmente útil imponer ese tipo de límites o solo es un modo de tapar el sol con un dedo?

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En la maldad nada es imposible

Élmer Mendoza

Escritor. Última novela: “Besar al detective”.

La maldad es la madre de todas las tentaciones. Gana por costumbre, mientras la bondad habita fascinada sus paredes blancas. Un hombre encuentra a su mujer haciendo el amor con otro y es insensible a cualquier explicación. Toma una pistola y le acierta un balazo en la frente a su rival, a ella la manosea como si fuera objeto, la agrede, la introduce en la petaca de su auto y le prende fuego. Alejandra Guzmán canta que hacer el amor con otro no es la misma cosa. El preso número nueve, sentenciado al paredón por liquidar a su mujer y a su amante, dice que si vuelve a nacer él los vuelve a matar. Tales son los extremos. Hay culturas donde la infidelidad se paga con la vida, otras que son permisivas; en general, en la sociedad letrada tiende a superarse el asunto, pero en los sectores delincuenciales es muy raro el perdón para las chicas que ejercen su sexualidad con varones distintos a su pareja, ya sea porque sus esposos o amantes han sido devastados por las adicciones o porque están presos o huyendo; como sea, no se les permite ningún desliz y si ocurre, no es imposible que suceda lo que aparece en el video del cantante Gerardo Ortiz, que es muy fuerte, y por la sonrisa del ejecutor al final, un justificante para esa violencia horrible que es matar por celos.

El tema es antiguo, los celos son terribles y el desquiciamiento determinante. Lo que es nuevo es un video con millones de vistas, donde incluso hay una segunda exposición de la primera víctima como para que los espectadores no la olviden. Salvo en las esferas del hampa, el tema de la infidelidad no es causa de muerte, cuando menos no se resuelve de una manera tan brutal; entonces es claro el contexto real al que pertenece la historia. El modelo de mujer, con trasero prominente y tetas generosas, vestida provocativamente, hace pensar en traficantes, donde las mujeres tienen dueños. El grueso de la sociedad reprueba la conducta infiel porque subyace la idea de que las uniones son para siempre y que si es necesaria una separación, las vías legales no generan violencia. Pero entre malandros eso no funciona. El que la hace la paga.

El video de Ortiz es excitante; la aparición de la modelo en las primeras escenas, la forma en que el varón la acaricia es atrevida y reveladora. También la manera en que ella se le entrega. Fuego intenso. Al final, la parte del tiro en la frente es inesperada y cruel, lo mismo la agresividad contra la chica; sin embargo, insisto, no sería apropiado juzgar a una sociedad entera por una costumbre que es propia de las bandas, que también son los consumidores principales de esa música en que la vida no tiene mayor valor. Una mujer que ha recibido beneficios como los que se indican allí: un departamento, quizá una operación, dinero, ropa fina, si juega a ser infiel, se expone a una reacción salvaje del tipo que la mantiene. El contexto social que aporta la anécdota hasta el punto de la infidelidad puede ser cualquiera, pero el que proporciona la solución al problema no. Esa forma tan despiadada de asesinar a la joven es indicador de una relación en el límite que el sujeto no es capaz de comprender. Lo que el sujeto sabe, además, es que tiene el poder y, desde luego, que vive en una época y en una región donde la mayoría de los delincuentes no temen a la ley. Lástima que su idea de la mujer sea tan despreciable.

Toda censura es inaceptable y espero que la Secretaría de Gobernación mantenga su postura de no afectar el trabajo artístico; sin embargo, debería ejercer acciones regulatorias previas, sobre todo en relación con lo que exacerba las relaciones humanas. Es evidente que a los productores se les pasó la mano, y Ortiz no debería justificar el hecho con un "No mamen". Quizá es parte de su público el que le ha señalado que es un video muy fuerte que no llama a la reflexión sobre la infidelidad, sino a la violencia salvaje.

Las mujeres son seguidoras comprometidas de la música norteña. Las que he consultado sobre el caso están de acuerdo en que es deplorable el asesinato de la amante. Que no era para tanto. Que es un video donde se empequeñece a la mujer. También insistieron en que si una mujer se involucra con un mañoso debe saber a lo que se atiene. Todo lo que les da es también todo lo que les quita. La mayoría de los videos musicales tienen una poderosa carga erótica. Las bailarinas muestran la belleza de sus cuerpos y la importancia de los movimientos. Es una pena que esa belleza se vea mancillada por una acción de violencia extrema. Una mujer hermosa es dueña de su cuerpo, y en numerosos casos su cuerpo es su destino.