¿Para qué sirven los zoológicos?

Tal vez, sólo tal vez, la reciente muerte del gorila Bantú cuando era trasladado del Zoológico de Chapultepec a Guadalajara sea un punto de inflexión en lo que respecta a nuestra relación con los zoológicos, instituciones cada vez más cuestionadas, y las políticas que los guían. Y es que esa muerte fue sonadísima por su carácter repentino, fulminante, y también por las imágenes posteriores de la autopsia, atroces como las de cualquier autopsia. La discusión, en todo caso, ya no parece postergable. ¿Tienen sentido los zoológicos hoy en día? ¿Son instituciones caducas que no merecen más que la piedad de un cierre digno, o pueden renovarse, mutar para bien, encontrar funciones más ancladas en la ética

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De las cosas y los derechos

Paulina Bermúdez Landa

Directora ejecutiva de Proyecto Gran Simio.

Hace unos días despertamos con las terribles fotografías del gorila Bantú hecho pedazos literalmente, en el Zoológico de Chapultepec. La noticia impactó a todos, incluyéndome. Me parece que esta es la oportunidad para evaluar nuestra actitud hacia los demás animales con el objetivo de que este tipo de noticias jamás se repitan. En la vida diaria disponemos de sus vidas como queremos, nuestra relación está profundamente marcada por nuestros afectos hacia ellos, hacia su sabor o hacia su compañía. Los zoológicos conforman un excelente ejemplo de esta actitud incongruente: en las jaulas están los animales que "debemos conservar" como un imperativo que nos hemos repetido incansablemente, mientras que en las áreas de comida de estos lugares nos sirven animales que vienen de otro tipo de jaulas, donde fueron criados bajo el supuesto de que comerlos es necesario y deseable. Al final ni los animales domésticos ni los silvestres se salvan, Bantú es la prueba. Bantú terminó destazado como un pollo en un mercado, con la misma indolencia fue encarcelado y con la misma licencia que se da un carnicero se le arrancó su libertad a pedazos.

Afortunadamente la conciencia social está en aumento: legisladores, científicos, filósofos, sociedad civil, nos damos cuenta de que este modelo obsoleto tiene que cambiar. Respetar a los animales no nos hará menos humanos, tratarlos como medios para nuestros fines no nos exenta del reino animal. Somos animales con razón; usémosla. Podemos dar incluso un salto ético y prescindir de leyes civiles que nos prohíban lastimar a los animales: no necesitamos una ley que nos diga que los animales merecen ser tratados con dignidad, con respetarlos es suficiente. Esto implica rechazar la idea de que un animal en una jaula es un animal feliz.

La gente no lo sabe, pero los animales en el zoológico pasan 17 horas en unas jaulas que se llaman casas de noche. Son unos cuartos de concreto oscuros, sin ventilación, sin pasto, separados por rejas. Los animales sólo están en los exhibidores que el público conoce siete horas, igual que un preso en una cárcel tiene un horario de visita establecido y después vuelve a su celda. La diferencia es que el único crimen que cometieron es haber nacido animales. Si los animales razonan o no es irrelevante para quienes los respetan, porque este sentimiento no está condicionado a cualidades que los animales tengan o no, se basa en la conciencia de que el acto de encerrarlos les causa el daño irreparable de arrancarles su vida, su libertad y su integridad corporal. Los carnívoros son un gran ejemplo de esto. Ellos cazan en vida libre y eso es lo normal. En el zoológico consumen los animales que vienen del rastro en pedazos; esto es antinatural. Los carnívoros son forzados a comer la carne putrefacta, a carroñar la vida miserable que ellos mismos padecen.

Muchas personas todavía creen que el hecho de que el zoológico les brinde alimento y techo es suficiente. Esto es como pensar que un perro en una azotea tiene satisfechas sus necesidades básicas con sólo tener agua y alimento, sin importar si está siempre bajo el rayo de sol. Pero no se trata solamente de vivir, sino de vivir bien. No es lo mismo padecer la vida que tener calidad de vida. Los animales no necesitan que los reproduzcamos. Con dejarlos en paz, con abandonar la actitud conquistadora que dio origen a estos lugares hoy llamados zoológicos, la madre naturaleza hará su trabajo y la vida hallará su propio camino. El Zoológico de Chapultepec dice que celebró 92 años de existencia. Esto es una mentira. El antecedente del Zoológico de Chapultepec es la colección que el emperador Moctezuma Xocoyotzin tenía en lo que es el bosque de Chapultepec, que integraba animales fascinantes. Esta colección incluía seres humanos considerados fenómenos, como enanos y deformes. La mayoría de los zoológicos europeos antes eran colecciones privadas del imperio que exhibían indígenas y negros junto a simios y monos. Los zoológicos nacieron gracias al racismo europeo, blanco y colonial. El mismo Charles Darwin relata en "El viaje del Beagle", una de sus obras no tan conocidas, cómo el capitán Fitzroy que dirigió el barco secuestró a cuatro indígenas para hacerles el favor de civilizarlos. La exhibición de humanos en zoológicos ha terminado, pero hoy estamos cometiendo los errores del pasado con los animales, simplemente por pertenecer a otra especie.

La supuesta labor de conservación que realizan los zoológicos sólo existe desde hace 130 años y se hace en Estados Unidos; los zoológicos existen desde hace siglos. Estos lugares jamás han abierto sus puertas para que los presos puedan volver a sus hogares y por eso tienen que cerrar. Un zoológico que realmente hiciera su trabajo pondría su propia existencia en peligro. Esta es la razón por la cual los zoológicos tienen que ser abandonados y transformados de raíz.

Desde el inicio el zoológico estuvo marcado por la discriminación hacia otras razas, hoy es hacia otras especies. Solapar estas instituciones y justificar el tráfico de animales para ponerle el título de conservación es una vil hipocresía. Hoy sabemos que cada animal está valuado vivo o muerto y que quienes los encierran cobran fuertes sumas de dinero cuando mueren. La última remodelación del Zoológico de Chapultepec fue hace dos décadas; los animales no han visto beneficio alguno en todo este tiempo. Es evidente que esto tiene que cambiar.

Ante este panorama, lo que nos queda es replantear el futuro de los animales, no de los zoológicos. Está claro que, por ética, esta institución no debe continuar. Respecto a los animales, hay muchos espacios que los pueden recibir, empezando por el santuario para grandes simios en el municipio de Sorocaba en Brasil, que tiene las puertas abiertas para el orangután Toto actualmente preso en Chapultepec y quien goza de todo el apoyo de la organización Proyecto Gran Simio para tener una vida mejor. Lo mismo debemos buscar para cada uno de los 1,325 animales que están presos en el Zoológico de Chapultepec. Adoptar una postura de desidia y decir que eso implica mucho trabajo para justificar la continuidad del encierro de los animales sería una gran muestra de irresponsabilidad, la misma que llevó a los animales a esta situación. Es trabajo de todos hacernos cargo de nuestros errores y responder a los animales que tanto hemos afectado.

Más allá del caso de Bantú, que me ha indignado profundamente, exhorto a quien esté leyendo esto a que haga un experimento mental. Imagínese estar en el mismo cuarto sin poder salir día tras día, semana tras semana, año tras año, así hasta morir, esperando que le traigan la misma comida monótona sin oportunidad de poder salir. Quien te tiene secuestrado puede obtener un beneficio de tu traslado a otro lugar exactamente igual, sólo en ese caso podrás salir.

Los animales aun muertos funcionan como trofeos para estas instituciones que aunque pueden hacer ciencia, carecen de ética. Tras la muerte de Bantú se dio a conocer que su cuerpo iba a ser reconstruido para disecarlo y tenerlo como ejemplar de exhibición del último gorila macho en tierras mexicanas, como si hubiera algún logro en esto. No contentos con la necropsia tan cuestionada que se le practicó, prefieren seguirlo exhibiendo en vez de incinerarlo como deberían, tras el trato indigno que recibió. Esa es la manera en que nos relacionamos con los animales cautivos día tras día, pues lamentablemente la mayoría de las sociedades aún considera que son objetos, jurídicamente hablando. Estas leyes absurdas dan licencia a los explotadores de animales para que los posean, comercialicen y maten sin que haya consecuencias.

Lo que tiene que pasar para que los animales dejen de estar en esta indefensión es que dejen de ser considerados como objetos en la ley, que se eleve el grado de protección que actualmente se les otorga, que está basado en la cantidad de beneficio económico que nos aportan. Debemos entender que sus vidas, contrario a lo que muchos piensan, no están cifradas en pesos; sus vidas les pertenecen a ellos mismos y a nadie más. El hecho de que podamos ejercer el poder sobre ellos no significa que debamos hacerlo: aquí es donde entra la ética.

Uno de los mejores defensores de los derechos de los animales, Gary Francione, ha señalado que la búsqueda de leyes que regulen la explotación de los animales son contraproducentes y contrarias a los objetivos de los derechos de los animales, es decir, que quien adopta una postura ética respecto a los animales reflexiona sobre el peso de sus actos. Cada quien, en todo caso, se obliga a sí mismo a respetar a los animales.

Entre todo este caos se ha abierto la oportunidad histórica de hacer bien las cosas. El pasado 15 de Julio la organización Proyecto Gran Simio, cuya servidora preside, la fundación Franz Weber y su representante en México, Gustavo Lozano, así como la Dra. Paulina Rivero Weber, miembro del Colegio de Bioética y del Programa Universitario de Bioética de la UNAM, en compañía de diputados, nos reunimos con la titular de la Secretaría de Medio Ambiente, Tanya Müller García. Esta reunión representó el primer gesto de escucha de las autoridades capitalinas: las anteriores veces que me reuní con los directivos de Chapultepec no observé esta misma actitud. Tal vez por eso Juan Arturo Rivera hoy está suspendido temporalmente de su puesto como director general de Zoológicos y Vida Silvestre. Además de llevarle los resultados de nuestra consulta ciudadana a la titular de la SEDEMA, discutimos el largo e infructuoso proceso de diálogo que tenemos desde el 2015 con el zoológico y los documentos que acreditan nuestro incansable esfuerzo por cambiar la calidad de vida de los animales.

En esta ocasión no sólo presenté la propuesta de traslado de Toto a Brasil, además le mostré a Tanya Müller que la experta en orangutanes Biruté Galdikas, quien vino desde Indonesia, de donde son originarios estos animales, se presentó a ver a Toto en Abril y volverá ese mismo mes el próximo año para checar que esté bien, instalado en un mejor lugar. Como le comenté a la secretaria, Biruté ha logrado rehabilitar orangutanes que alguna vez estuvieron cautivos y liberarlos en la reserva que ella protege desde hace 25 años. Ese podría ser el destino de Toto. Sé que para que esto sea posible se requiere de un engorroso trámite burocrático que implicaría movilizar autoridades nacionales e internacionales, pero creo que Toto merece el esfuerzo. De llevarse a cabo este traslado, estaríamos hablando de la primera reintroducción de un orangután a su habitad natural y del inicio del proceso de transformación del zoológico de Chapultepec a un ZOOXXI. Este proyecto ha sido impulsado por la fundación Franz Weber desde hace siete años y es la propuesta que se le presentó a la titular de la SEDEMA, no sólo para Chapultepec, sino para los tres zoológicos de la Ciudad de México.

Pueden estar tranquilos de que no se trata de cerrar el zoológico y abandonar a los animales, sino de darles una mejor calidad de vida, de reubicar a los que se puedan en santuarios y reservas, de concentrarnos en nuestra fauna nacional y terminar definitivamente con la compra de animales para abastecer las jaulas. Tanya Müller me informó que desde el año pasado el gobierno local detuvo estas compras, pues el objetivo no es fomentar que los animales estén en ambientes antinaturales. Creo que es una buena decisión.

Finalmente, la Secretaria se comprometió a darle cauce a la propuesta que le hicimos llegar y a evaluar el traslado de Toto. Mientras tanto, activistas esperaban a pie de calle y gritaban consignas que quisiera repetir, por la importancia del mensaje: "La vida de los animales no es nuestra. Sus cuerpos no son nuestros. Su familia no es nuestra. Su dignidad, no es nuestra. Su carne, no es nuestra. Su piel, no es nuestra. Su integridad, no es nuestra. Su libertad, no es nuestra. Su respeto, es su derecho".

En los próximos días se firmará el acuerdo formal de transformación de los zoológicos capitalinos. Estamos escribiendo la historia para que los errores que hemos cometido no se repitan más y que finalmente los animales encuentren el camino de vuelta a la libertad. Espero que nunca más nos otorguemos una licencia para quitarles sus derechos básicos, sino que este sea el inicio de su reconocimiento como seres que no tienen porqué servirnos.