¿Para qué sirven los terrenos del aeropuerto?

A la Ciudad de México le nacieron más de 700 hectáreas libres: las del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, que dejará de funcionar en 2020. Al margen de las disputas sobre quién puede o no  decidir sobre ese terreno enorme, puede ser buena idea preguntarnos qué debe hacer una megaurbe con una oportunidad de esa magnitud, qué decisiones hay que tomar para beneficiar a la ciudadanía y el medio ambiente, qué hay que evitar, a quién hay que consultar. Los escuchamos. 


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La batalla por el aeropuerto

Onésimo Flores

Investigador en Urbanismo Avanzado por el MIT.

La Ciudad de México no tiene tierra para grandes proyectos urbanos. O más bien, la tierra que podría servir para desarrollar grandiosos parques, infraestructura de primera y estupendos barrios en la ciudad está repartida entre miles de pequeños propietarios que difícilmente pueden actuar de forma coordinada. No es casualidad que los planificadores urbanos tengan que conformarse con normar el desarrollo. Ahí están sus SACs, y sus ZODES, y sus bandos, y sus planes parciales. Si esta ciudad parece un Frankenstein, no es porque sus planificadores carecen de planes, sino porque les faltan las piezas necesarias para ejecutarlos. Todo aquel que sueña con una ciudad diferente sueña con encontrar un terreno de buen tamaño, bien ubicado, disponible y bajo el control de un solo propietario dispuesto a pensar en grande.

Entendamos entonces a las 746 hectáreas del actual aeropuerto como la oportunidad del siglo. Cuando los aviones se muden a Texcoco en el año 2020, la Ciudad de México tendrá tierra para redibujarse. Hace bien el jefe de Gobierno en adelantar la discusión sobre que hacer en ese sitio tan privilegiado. ¿Transformaremos la Terminal 2 en otro Hotel/Mall/Centro de Convenciones, o en el reemplazo de la terminal de Pantitlán? ¿Serán sus pistas el boulevard, o el metrobús, o el tren que conectarán a la ciudad con el nuevo aeropuerto? ¿Llenaremos esas hectáreas de lujosos edificios, con rentas diseñadas para alimentar los presupuestos de nuestros programas sociales, o de nuevas unidades habitacionales, pensadas para frenar la expulsión de nuestras clases medias hacia la periferia? ¿Pondremos ahí parques, canchas, mercados, oficinas públicas, o museos? Si será un poquito de todo, ¿dónde irá cada cosa y en qué proporción?

Me declaro sorprendido. El gobierno de Mancera no parece estar casado con ningún proyecto todavía, y eso es bueno. Este no es, o al menos no parece ser, otro proyecto de "decide y después pregunta". Me gusta ver a los representantes del jefe de Gobierno poner el énfasis en el cómo y no en el qué, en los principios y no en las maquetas. La "opinión de la ciudad" que presentó el secretario Salomón Chertorivski hace días es producto de mesas con vecinos y consultas con especialistas. Jamás pretendió ser un ejercicio que culmina con un proyecto ejecutivo. Más bien fue un primer entre, un esfuerzo mercadológico para alertar a la ciudad de lo que viene.

Y lo que viene es una batalla campal. Los terrenos del aeropuerto NO son de la ciudad, y el Gobierno Federal necesita dinero. Para nadie es un secreto que estamos en época de vacas flacas. Las obras insignia de esta administración federal viven bajo riesgo permanente de recorte. No faltará quien vea en los terrenos federales del actual aeropuerto un activo que puede venderse en pedacitos para financiar el Aeropuerto de Texcoco. O para revivir la extensión a la Línea A del Metro. O para construir alguna carretera. Todos esos objetivos son buenos, pero el costo de oportunidad es tan alto que la ciudad debe resistir esos embates. La tierra urbana vale mucho más que su valor en el mercado. Ojalá no seamos tan miopes como para subastar esos terrenos al mejor postor, sin mayor propósito ni diseño.

Si el gobierno local quiere impulsar una gran visión para el aeropuerto, necesita construirla junto con los habitantes de la ciudad. La burocracia de la Ciudad de México tiene amplia experiencia imponiendo proyectos, pero si va sola contra el Gobierno Federal no le va a alcanzar. En este caso, quizá más que en otros, el gobierno necesita respaldo, músculo, voces. Necesita de los activistas que detuvieron el Corredor Chapultepec, y de los vecinos que sufrieron la Supervía. Necesita de las familias que no encuentran casas a precios accesibles, y de los trabajadores que gastan horas para llegar a sus centros de empleo. Necesita de todos aquellos que quieren una ciudad más equitativa, y más bella, y más funcional, y más competitiva. Y el primer paso es convencer a todos ellos de que los terrenos del viejo aeropuerto representan la mejor oportunidad para mover a la ciudad en la dirección correcta.

onesimo@mit.edu

@oneflores