¿Para qué sirven los terrenos del aeropuerto?

A la Ciudad de México le nacieron más de 700 hectáreas libres: las del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, que dejará de funcionar en 2020. Al margen de las disputas sobre quién puede o no  decidir sobre ese terreno enorme, puede ser buena idea preguntarnos qué debe hacer una megaurbe con una oportunidad de esa magnitud, qué decisiones hay que tomar para beneficiar a la ciudadanía y el medio ambiente, qué hay que evitar, a quién hay que consultar. Los escuchamos. 


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El futuro que casi llega

Miquel Adrià

Arquitecto. Director de la revista "Arquine".

El proyecto del futuro de la Ciudad de México pasa por el rescate de su futuro ex aeropuerto. Lo que ha sido un área cerrada de casi 800 hectáreas, puede pasar a ser la gran oportunidad para detonar un pulmón verde en el oriente de la ciudad, el generador de actividades feriales y de negocios, y el receptor de vivienda mixta que se teja con las colonias circundantes. Puede ser una oportunidad única (probablemente ninguna ciudad de este calibre llegue a tener una ocasión como ésta) para negociar con el agua, que es una riqueza recurrentemente desechada, para reactivar la economía de las zonas más pobres de la ciudad y para dotarla de equipamientos.

Si un aeropuerto es un espacio público, pero cerrado, específico y hermético, el futuro ex aeropuerto debe ser un espacio abierto para la ciudad y debe partir de la participación ciudadana. Uno será un monumento para ser admirado y puerta de entrada al país, y el otro será un espacio de interacción donde las comunidades, el agua, el parque, el recinto ferial, las nuevas áreas de habitación y el Centro de Transferencia Modal (que aúne una nueva estación de tren con el Metro y otros transportes metropolitanos) deberán negociar, donde el espacio público pasa a ser un proceso de participación y apropiación ciudadana.

Tras la convocatoria y fallo para el nuevo aeropuerto internacional de México que ya se empezó a construir en el área de Texcoco, se abrió una gran oportunidad para iniciar el proceso de rescate de la inmensa superficie metropolitana que se liberará con su desplazamiento. El nuevo aeropuerto aumentará la capacidad de vuelos y viajeros exponencialmente, posicionando a la Ciudad de México entre los grandes "hubs" globales, con una terminal de lujo diseñada por Norman Foster y Fernando Romero y unas pistas capaces de recibir más de 60 millones de pasajeros al año, en crecimiento permanente hasta 2060.

Ante este escenario, cabe interrogar públicamente la vocación del futuro vacío urbano que ocupa actualmente el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y que quedará libre cuando entre en operaciones el nuevo, previsto para 2020. Ante este interrogante el pasado año "Arquine" convocó un concurso para explorar la vocación del sitio que ocupa actualmente el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. La intención era reunir diferentes propuestas para la que probablemente será la zona urbana con mayor potencial en el país, con un total de 746 hectáreas, que podrán convertirse en el catalizador del desarrollo y el crecimiento de la zona oriente de la ciudad. Plantear el futuro de ese espacio es uno de los retos más interesantes en términos de desarrollo urbano a nivel mundial. Y en la Ciudad de México es la gran oportunidad de conciliar los grandes temas metropolitanos contemporáneos, como son la movilidad, el agua y la incorporación de equipamientos. Se partió de distintos planteamientos: el rescate, la transformación, la densificación, contemplando el potencial del lugar como lecho del antiguo lago y sistema hidrológico regulador del Valle de México, incorporando usos que detonarán su capacidad como reserva ecológica y centro de operaciones para la inversión local y el flujo de capital global, además de pensar en la vivienda y sus respectivos servicios. Se presentaron 178 propuestas de un total de 306 inscritos provenientes de más de 20 países. Se seleccionaron 12 propuestas otorgando tres primeros lugares, que iluminan el potencial metropolitano del futuro ex aeropuerto convertido en el Pulmón de Oriente de la Ciudad de México. Posteriormente, la Secretaría de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad de México tomó la estafeta promoviendo encuentros con especialistas y potenciales desarrolladores hasta redactar una propuesta que recoge los intereses de la sociedad civil y los requerimientos de los especialistas. Ahora quedará sortear los escollos legales para recuperar una propiedad federal (por tratarse de un aeropuerto) y regresarlo al municipio capitalino al que debe pertenecer.

Sin duda el futuro ex aeropuerto de la CdMx es la mayor oportunidad que tiene la capital para liderar su futuro y definir su vocación metropolitana.