¿Para qué sirven los ciudadanos?

¿Un país con más organizaciones ciudadanas es más democrático? ¿Quién representa a la ciudadanía? Si las oenegés supervisan al gobierno, ¿quién supervisa a los supervisores? ¿Existe la sociedad civil? Estas son algunas de las preguntas que surgen de la Segunda Cumbre Ciudadana. Cuatro expertos debaten. 

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    1. Antonio Ortuño

      El privilegio de estorbar

      Autor de Recursos humanos y La fila india.
    2. Jorge V.  Villalobos G.

      El peso de la solidaridad

      Presidente del Cemefi.
    3. Luis  González de Alba

      La representación autoasignada

      Narrador, divulgador y analista político. Es ...

La cancha se empareja

Edna Jaime

Fundadora y directora de México Evalúa. 

Tengo  una larga trayectoria trabajando en organizaciones de sociedad civil.  Primero en el Centro de Investigación para el Desarrollo un centro de pensamiento pionero e independiente, que comenzó a operar en México en un momento en que la independencia estaba casi proscrita. Más tarde arranqué México Evalúa en un contexto muy distinto. Entre la fundación de una y otra hay un cuarto de siglo. En estos veinticinco años México cambió y su sociedad civil con él.

Me permito hacer esta alusión personal porque ilustra bastante bien la evolución del país y de su sociedad civil, por lo menos en este segmento, el de las instituciones dedicadas al análisis de la política pública. En este tiempo casi todo cambió: el mercado, los interlocutores, las estrategias, los instrumentos  y la oportunidad de incidencia. Me parece que este recuento puede ser útil para avizorar lo que está por venir.

 

  1. Mercado y no monopolio de ideas. En veinticinco años, las organizaciones de sociedad civil se han multiplicado. No tengo el número de asociaciones civiles registradas en ambos momentos, pero su presencia es visible y patente. Con esta expansión se ha dado especialización temática, en algunos casos coordinación de agendas y cierta masa crítica para empujar temas clave. Lo más importante en este punto es que el monopolio de la política pública, de los diagnósticos y de las prescripciones técnicas dejó de estar en el gobierno. Hoy tenemos un mercado en el que las ideas compiten, creo que para el bien del país.
  2. Una diversidad de interlocutores. Dos décadas atrás el único interlocutor con capacidad de decisión era el presidente de la República o si acaso su círculo más cercano. Hoy los actores involucrados en ese proceso son diversos (congresos, gobernadores, grupos de interés, medios de comunicación), señal de que el poder se descentralizó. Incidir en un contexto de mayor complejidad tiene enormes retos, pero también ofrece más oportunidades.
  3. Menores asimetrías entre las partes. Las asimetrías entre gobierno y organizaciones de la sociedad civil dedicadas al análisis tienen por lo menos tres orígenes: los recursos, la información y las capacidades técnicas de los equipos. Descontando el primero, en las otras dos las brechas se han cerrado de manera sensible. Los recursos de acceso a la información, las políticas de datos abiertos, sin duda emparejan esa cancha. Y cuando esto sucede la interlocución se da entre pares, y no entre dispares.
  4. Nuevos instrumentos en materia de comunicación. Con ellos la sociedad civil potencia su presencia e incidencia. Son una fuente de empoderamiento que no tiene parangón.

 

De lo expuesto, uno puede concluir que vamos por el camino acertado. Hay dos temas, sin embargo, que nos obligan a reservar el optimismo. Primero, que México sigue siendo un país con poca sociedad civil, por más que ésta se haya fortalecido en los últimos años. Países similares a nosotros tienen una densidad de organizaciones muy superior a la nuestra. Cargamos entonces con un rezago que es producto de nuestro pasado: un sistema político y de gobierno que monopolizó la interpretación de la realidad, la política y la política pública por muchos años.

El otro tema tiene que ver con la propensión al diálogo. En un sistema político con los problemas de representación del nuestro, la posibilidad de incidencia está relacionada con la disposición de la contraparte a escuchar y actuar. Como me decía un amigo, para que haya café con leche se necesita de los dos ingredientes. Si uno no está, el otro no puede funcionar.

Mi perspectiva para el futuro es optimista. Apenas resumí aquí los enormes cambios que he visto registrarse en el país desde mi asiento en la sociedad civil. No tengo por qué pensar que el futuro no puede ser mejor. Y que la sociedad civil habrá contribuido a ese devenir.

 

Twitter: @EdnaJaime @MexEvalua