¿Para qué sirven los ciudadanos?

¿Un país con más organizaciones ciudadanas es más democrático? ¿Quién representa a la ciudadanía? Si las oenegés supervisan al gobierno, ¿quién supervisa a los supervisores? ¿Existe la sociedad civil? Estas son algunas de las preguntas que surgen de la Segunda Cumbre Ciudadana. Cuatro expertos debaten. 

REGRESAR
    1. Jorge V.  Villalobos G.

      El peso de la solidaridad

      Presidente del Cemefi.
    2. Edna Jaime

      La cancha se empareja

      Fundadora y directora de México Evalúa. 
    3. Luis  González de Alba

      La representación autoasignada

      Narrador, divulgador y analista político. Es ...

El privilegio de estorbar

Antonio Ortuño

Autor de Recursos humanos y La fila india.

Alguna vez participé en una marcha ciudadana. Una de aquellas que, convocadas por el poeta Javier Sicilia, entre otros, salieron a las calles de varias ciudades mexicanas en el año 2011. La que traigo a cuento sucedió un sábado en Guadalajara. Recuerdo que no éramos muchos los asistentes, tal vez unos quinientos. Y recuerdo también los rostros de incredulidad de los automovilistas obligados a detenerse a nuestro paso, sus sonrisas torcidas y esa inefable expresión en los belfos de “Ah, cómo estorban” que para muchos mexicanos pasa por sentido común. La marcha pedía seguridad para todos pero, ya se sabe, entre nosotros la palabra “todos” suele ser interpretada como “una minoría interesada en sabrá Dios qué oscuro empeño”. Por la noche, en una cena, un sujeto que ignoraba mi participación en la marcha vino a platicarme que la había visto pasar desde su pickup. Y luego reveló que todos aquellos “alardes” eran “inútiles” porque la violencia que azotaba (y sigue azotando) al país no era más que un invento de los medios de comunicación y “algunos políticos”, destinado a perjudicar a los comerciantes. El tipo vende computadoras y, ni modo que no, también cuenta como ciudadano.

Esto viene a colación porque por estos días se llevará a cabo en Puebla la Segunda Cumbre Ciudadana, que convocan cerca de 30 organizaciones no gubernamentales y que, según su programa, será inaugurada por Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación y, faltaba más, ciudadano. En esa misma ceremonia está previsto que hable la ciudadana María Elena Morera, presidenta de Causa en Común, quien, por cierto, junto con la ciudadana Isabel Miranda de Wallace fue una de las pocas activistas a quien el Gobierno solía escuchar en tiempos de los ciudadanos Genaro García Luna y Felipe Calderón. La primera de estas “cumbres” se realizó en 2012, antes de las elecciones presidenciales, y acudieron a ella cerca de 300 organizaciones. De esa reunión emergió un documento con propuestas que se les presentó a todos los candidatos y que los redactores vindican como influencia importante en la conformación del Plan Nacional de Desarrollo para el sexenio y el Pacto por México.

Pero el punto fundamental aquí es la ciudadanía y, más precisamente, la importancia de la etiqueta. ¿Qué es un ciudadano y para qué sirve? ¿El que protesta y se organiza es más ciudadano que el que nomás ve los toros desde la barrera? ¿Estos grupos, que van de Mexicanos Primero (angustiados por la educación), México SOS (alarmados por la seguridad) y México Evalúa (preocupados por las políticas públicas) a ¿Y quién habla por mí? (centrados en los derechos de los niños) y a una organización llamada Dejemos De Hacernos Pendejos (a la cual el país le parece que va, en resumen, muy mal), son lo suficientemente representativos, legítimos y diversos como para abanderarnos al resto? Doy por sentado que sí. Lo que me temo es que no son típicos. Y que, aunque sus propuestas e ideas sean valiosas, aún hace falta buscarle las cosquillas y sondear, del modo que sea, a ese enorme monstruo amorfo, indiferente y a veces irónico que es la mayoría del país y al que no se le cae de los labios esa maldita expresión de “Ah, cómo estorban”.