¿Para qué sirven los ciudadanos?

¿Un país con más organizaciones ciudadanas es más democrático? ¿Quién representa a la ciudadanía? Si las oenegés supervisan al gobierno, ¿quién supervisa a los supervisores? ¿Existe la sociedad civil? Estas son algunas de las preguntas que surgen de la Segunda Cumbre Ciudadana. Cuatro expertos debaten. 

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    2. Edna Jaime

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El peso de la solidaridad

Jorge V.  Villalobos G.

Presidente del Cemefi.

En la Segunda Cumbre Ciudadana por los Derechos y las Libertades participarán más de 300 organizaciones de la sociedad civil; solamente el grupo convocante está integrado por más de 30 organizaciones.

La primera Cumbre, que tuvo lugar hace dos años, fue un ejercicio inédito de construcción de consensos entre las organizaciones de la sociedad civil, plasmados en una agenda ciudadana con 151 propuestas.  Por vez primera en la historia de nuestro país esta agenda fue entregada a los cuatro candidatos a la presidencia, quienes la recibieron y se comprometieron a responder con compromisos puntuales. Todos ellos respondieron por escrito, aunque suscribieron en forma distinta las propuestas. Como un ejemplo, el actual presidente Enrique Peña Nieto y su partido suscribieron  el 69% plenamente, con reservas el 7%, no suscribieron un 2% y no contestaron el 23%. Es una muestra de cómo la participación ciudadana puede modificar la agenda política, es decir, de lo que significa ser un ciudadano.

El principal logro de aquella Cumbre fue ciertamente el ejercicio de construcción de consensos, al margen de haberlos presentado a los candidatos. Pero se puede hablar de otros logros en un plano más concreto, logros igual de representativos del peso de una ciudadanía participativa. Para empezar, se hizo realidad la exigencia de una reforma que devolviera la rectoría de la educación a las manos del Estado; también, el impulso de una reforma política, la materialización de una ley de víctimas que protegiera los derechos humanos, la autonomía del Instituto de Acceso a la Información Pública Gubernamental y del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, así como la integración de ciudadanos al Sistema Nacional de Seguridad Pública. Como puede verse, propuestas que ahora son realidades tangibles. Añadiré que muchas de aquellas propuestas fueron recogidas, algunas incluso literalmente, en el Pacto por México.

El objetivo de esta Cumbre es seguir construyendo confianza y consensos entre las organizaciones de la sociedad civil, para permitir que la experiencia particular de cada organización, en los temas y causas que atiende, se convierta en propuestas de políticas públicas en favor de los derechos y las libertades. Por ello, también evaluaremos los resultados conseguidos en la Primera Cumbre, una medida indispensable para redefinir las metas, enfatizar hacia donde deben direccionarse las propuestas y formular una ruta crítica de incidencia en las políticas públicas.

Esta nueva cumbre trabajará en 11 mesas, diez de las cuales abordarán temas sectoriales, desde la seguridad ciudadana y la justicia hasta los derechos humanos y la educación. Pero es particularmente relevante la mesa llamada Fortalecimiento de las Organizaciones de la Sociedad Civil, porque con toda la importancia que se le da desde el gobierno y la sociedad a la participación ciudadana en asuntos de interés público, el número de asociaciones de ciudadanos sigue siendo pequeño para el país que tenemos. Sin duda ha crecido el número de organizaciones en nuestro país, cuya última cifra ofrecida por el SAT es de 7930. Pero estas cifras están lejos de lo deseable. Las organizaciones solidarias ciudadanas van a reproducirse y crecer cuando sociedad y gobierno nos propongamos promoverlas y estimularlas.

Y es que la participación solidaria organizada de los ciudadanos es un caudal de talento, imaginación y trabajo comprometido a favor de la misma sociedad, y por ello es condición indispensable para construir el país justo y democrático que todos deseamos.