Migración: ¿el buen juez por su casa empieza?

Esta no es una Tribuna feliz, entre otras razones porque ofrece un retrato poco enaltecedor de México en su doble condición: la del país que, con plena justicia, se queja del trato que reciben sus emigrantes y vitupera a personajes como Donald Trump, al tiempo que somete a condiciones inaceptables a la inmigración centroamericana que se instala en o transita por su territorio, niños incluidos. ¿A quién responsabilizar de ese maltrato? ¿Es sólo un problema de las instituciones mexicanas? ¿Y el crimen organizado? ¿Y los Estados Unidos? ¿Y los países de origen? ¿Y nosotros, los ciudadanos comunes?


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La madeja de estambre

Doris Rivas

Secretaria Ejecutiva de CONMIGRANTES, El Salvador. 

Este asunto de la migración, los migrantes y las políticas migratorias hacia Centroamérica me parece como una madeja de estambre: hemos estado buscando dónde está el inicio para resolver los problemas relacionados a los procesos migratorios, de modo que todo fluya.

Como países centroamericanos debemos hacer memoria de las causas de los movimientos migratorios que se dan en Centroamérica. La migración es un efecto de algo que no está bien en el mundo; la movilidad humana es algo que requerimos para constituirnos.

En el Salvador cerramos el año 2014 con un número de 51,000 salvadoreños deportados vía aérea y terrestre, y este año de 2015 ya llevamos 39,000 personas. La red consular salvadoreña está desbordada.

Es un momento complejo el que estamos viviendo. Es cierto que la migración salvadoreña es de larga data y ha sido movida por múltiples motivos. Esto nos desafía, porque toca al interior de El Salvador encontrar un trabajo para la persona que retorna, o atender a las personas que tienen una afectación psicosocial. No es que todo el país se vuelque para ayudarles…

En mi país tenemos que empezar por comprender para atender la situación. En las reuniones de cónsules, ellos dicen: “Espero que los niños no hayan cumplido los doce años”, pues cuando esto ocurre los menores son tratados como mayores de edad en el proceso de devolución.

El tema de niños y niñas es importante porque este grupo de personas está siendo victimizado y retornado. Las razones por las que regresan las personas tienen que ver con factores económicos, la inseguridad y la reunificación familiar. La reunión de cónsules acreditados en México concluyó que se debe buscar alianzas con organizaciones de la sociedad civil para dar de manera conjunta soluciones a esta problemática.

El Consejo Nacional para la Protección y Desarrollo de la Persona Migrante y Su Familia, CONMIGRANTES, está conformado por instituciones de gobierno como la Dirección General de Migración y Extranjería y los ministerios de Relaciones Exteriores, Educación, Salud, y Economía. De igual manera, son parte diferentes universidades y organismos internacionales como UNICEF y la Organización Internacional de las Migraciones, y asimismo representantes no gubernamentales electos.

En meses recientes hemos llevado a cabo una Consulta Pública en el exterior para la construcción de la Política Nacional de Protección y Desarrollo para la Persona Migrante Salvadoreña y su Familia. Ya se ha realizado, en los Estados Unidos, en Los Ángeles y San Francisco, California; en Houston, Texas; en Washington DC; en Woodbridge, Virginia, y en Manhattan, Nueva York. El objetivo es que los migrantes salvadoreños participen brindando sus opiniones y recomendaciones sobre el documento.

La interinstitucionalidad y la intersectorialidad presentes en CONMIGRANTES son altamente complejas, pues corren el riesgo de volverse amorfas. ¿Cómo se garantiza el derecho de los connacionales en el exterior, cuando hay normas administrativas establecidas no por nosotros, sino por un Estado de tránsito o de destino?

El Salvador recibe personas que pueden tener unas semanas o hasta décadas residiendo en los Estados Unidos, que no vuelven por su propia voluntad, sino deportados. Si estas personas han solicitado el refugio en Estados Unidos es porque es real el temor que refieren, el terror que los obligó a salir de su tierra.

Nuestro país está en una situación ante la cual con frecuencia no sabe qué hacer. El tema del desarraigo es una realidad. La gente que se va de El Salvador a Estados Unidos o a otros países expresa frecuentemente “No me hallo aquí”. Estas personas regresan con otras opciones y otras miradas, pues lo que se les puede ofrecer es lo mínimo en compensación salarial y genera frustración en ambas partes. La inteligencia regional se requiere para pensar creativamente, pues hay víctimas mesoamericanas, no solo de El Salvador o de Centroamérica.

Muchas veces tenemos miedo a lo desconocido, pero la manera de hacer las cosas que tenemos hasta ahora ha generado muchas muertes.

¿Qué pasa si dejamos libre el flujo y que sean otros los que controlen? En la Conferencia Regional sobre Migración (CRM) se abordará la próxima semana este tema de la reintegración. Yo hago una fuerte crítica a la agenda de la CRM, pues ha estado divorciada del día a día de la región centroamericana.

En el tema del refugio hay que buscar alternativas más creativas cuando las personas ya vienen de regreso a El Salvador. Tenemos que trabajar en lineamientos y programas regionales de inserción de población deportada. ¿Cómo hacemos para trabajar en un programa regional? Pensemos en un corredor de movilidad laboral en la región mesoamericana. ¿Cómo hacer para que a quienes no puedan trabajar en El Salvador se les permita laborar en Guatemala o en México?