¿Merece Bob Dylan el Nobel?

Parecía una leyenda urbana o un rumor de esos que ayudan a que las sobremesas de becarios no resulten tan aburridas: que Bob Dylan puede ganar el Nobel. Y lo ganó, para escándalo de unos y festejo de otros, para indiferencia de casi nadie. ¿Qué se premia: la mejor cultura popular gringa o al cruel mercado? ¿La mejor poesía puede llegar de la mano de la música, o exige la página y la tinta? ¿Es realmente Dylan un ejemplo de la mejor poesía? Bienvenidos...

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Bob Dylan, lenguaje

Rocío Cerón

Poeta y editora.

Cuando el sol viene brillante, paseo entonces

entre campos de trigo que ondean y nubes de polvo que ruedan

La voz cantó mientras la niebla se levantaba

Esta tierra fue hecha para ti y para mí (...)

Woody Guthrie


La poesía se encuentra entre la circularidad del lenguaje y la linealidad de la escritura, entre el espacio ondulado de lo mítico y la línea de lo histórico. ¿Cómo decir lo humano, lo profundamente humano? La voz es redondez. El alfabeto persa tiene 32 letras como 32 dientes tiene la boca. Toda palabra comienza en la boca, en los sonidos. Lenguaje es sonido, oralidad.

El círculo que emana la palabra se asemeja al círculo conformado por los escuchas que prestaban oído al canto de los rapsodas, donde el poema épico daba forma a hombres y mujeres. El poema nos canta, nos habla de un lugar no mencionado cotidianamente pero en el cual estamos todos de cierto modo.

El lenguaje se escucha, el pensamiento, como las imágenes, se ve. El alfabeto hebreo tiene 22 letras: son las manos, los pies y los ojos, todos en su conjunto son el ritmo del propio cuerpo. Voz y cuerpo entretejidos para crear un espacio ritual, espacio que sigue dándose para hacer que el lenguaje cante, signifique. Si el poeta es un tejedor de la verdad, habla de aquello que se susurra y se murmura entre y tras los muros.

Bob Dylan. Premio Nobel 2016, premio número 109. Para algunos la llegada de los tentáculos del mercado, del espectáculo al estrado máximo del reconocimiento literario. Para otros, el reconocimiento a una tradición de Homero o Safo, donde los poemas se escuchaban, se representaban o confluían con la música. El poema vertido en las calles, en los espacios públicos, tomando otros lugares que no son la página.

Bob Dylan, los muchos Dylan que ha sido Bob Dylan, son palabras, versos, frases creadas de imágenes contrapuestas, pedacería verbal y esquirlamiento de la realidad devuelta en canciones que se sumergen en los oídos y le han dado voz a un tiempo. Lo importante es lo que se ha escrito, lo que se canta, lo que está. Lo demás es anecdótico. El propio Dylan lo ha dicho: "Para mí, el intérprete viene y se va, las canciones son el centro del espectáculo, no yo."

Dylan hace lenguaje, lenguaje-música, y a través de ello ha creado de nuevo un espacio ritual (los conciertos) donde la voz y la música son el instrumento del lenguaje. Es la voz que corta el aire, la que susurra el mundo al oído como un flujo sonoro que llega al espacio más secreto de la conciencia, es la voz que alumbra el golpe y lo cuestiona, la voz que, como Scheherezade, permite salvar la cabeza.

Este Nobel celebra la palabra que cambia al mundo pero desde otra plataforma que no es el libro, que tiene otros espacios. Este Nobel reconoce la poesía amplificada, expandida, oral, y el contacto entre escucha y palabra, entre el rapsoda que hila las voces de todos para tejer el canto. Un canto que cambia las formas de comprender el mundo como lo es el de Bob Dylan.

En sus estatutos, el Nobel declara que el premio se entregará a aquel autor que "haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la literatura"; cada quien podría escribir una lista de varios autores vivos que son determinantes y que son absolutamente sobresalientes (mi candidata era, y sigue siendo, la poeta canadiense Anne Carson). Muchos cuestionan si es "alta" literatura la que escribe Dylan. Olvidan entonces lo que supone haberle dado este reconocimiento; olvidan que el lenguaje, para que signifique, tiene que estar vivo, tan vivo como en la obra de Arthur Rimbaud, de François Villon o en la de Dylan, que amplifica lo que hay en el centro de la condición humana. Dylan es un tejedor de lenguaje y su literatura –canciones, frases, esquirlas verbales o como quiera llamársele– son poderosas creaciones de lenguaje, literatura, alta, baja, popular, de la calle, al paso, que se adentra en la sangre. Porque sí, hay un antes y un después de Bob Dylan.