¿Merece Bob Dylan el Nobel?

Parecía una leyenda urbana o un rumor de esos que ayudan a que las sobremesas de becarios no resulten tan aburridas: que Bob Dylan puede ganar el Nobel. Y lo ganó, para escándalo de unos y festejo de otros, para indiferencia de casi nadie. ¿Qué se premia: la mejor cultura popular gringa o al cruel mercado? ¿La mejor poesía puede llegar de la mano de la música, o exige la página y la tinta? ¿Es realmente Dylan un ejemplo de la mejor poesía? Bienvenidos...

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Dylan: sí

Julio Trujillo

Poeta, cronista, traductor.

Por costumbre, sin duda, asumimos a la literatura como un conjunto de palabras impresas, contenidas en un libro. ¿Qué hubiéramos dicho si a Sócrates le hubieran concedido un gran premio literario? "Pero ese hombre sólo habla, no es escritor..." Entonces lo que nos importa es la tinta, no la expresión... Y si Platón salvó a Sócrates del olvido, Bob Dylan se ha salvado a sí mismo con la permanencia de sus canciones, que son letras, que son poesía. Qué ortodoxos y regañones somos. Me asombra atestiguar la inversión de los papeles: imaginamos una Academia sueca conformada por un comité de viejos aburridos, pero son ellos los que (supongo que íntimamente divertidos) escandalizan a nuestros corazones burgueses. Viejos aburridos nosotros si no sonreímos con este Premio Nobel. Por supuesto que hay grandes escritores que se lo merecen, pero no más y no menos, sólo se lo merecen y, si son de veras grandes, no les importa la medalla: están muy atareados peleándose con las palabras. Es sólo un premio, carajo, que en nada va a demeritar la extraordinaria obra de Philip Roth o del poeta sirio Adonis. O de la siempre joven Joyce Carol Oates, o de la inteligentísima Anne Carson. El Nobel no debe darse a quien lo necesita (no creo que ningún candidato lo necesite, por cierto) sino a grandes creadores, y Dylan es uno de ellos, juglar perdido en el siglo XXI. ¿Habrá que recordar que es un extraordinario compositor de textos? Desarticuladones, sí, según nuestra paupérrima lógica de la eficiencia, pero cargados de una electricidad creativa y gratuita como el súbito salto de una ballena en el horizonte. Yo no analizo a Dylan para buscarle un desarrollo cartesiano, sólo me regocijo con sus chispazos, como en aquella canción en la que indaga sobre el misterio de soñar, "Series of dreams", en la que precisamente aclara que esa faceta del ser no es demasiado científica. Soñar, dice, es algo tan ligero que no revienta a la burbuja. ¿Qué burbuja? La de las historias que soñamos, la de nuestra capacidad creativa, la de la sorpresa, la burbuja de crear. Porque sí, porque somos fatales y algo vamos dejando. Y esas letras, con música, nos han acompañado por años, definiéndonos como una tribu sensible y anonadada en un pliegue del cosmos. La espontaneidad del arte (que nació como protesta contra el monolito del Estado en el caso de nuestro polémico premiado) ha sido reconocida por los traviesos chicos de Suecia, no ignorantes de que esa libertad pega en el corazón de la peligrosa histeria que hoy genera el lamentable discurso de Donald Trump. ¡Viva la palabra libérrima que vuela y estalla en su decir! Eso es también, y lo ha sido desde hace siglos, literatura. Y eso no ofende a los otros decidores, merecedorsísimos de aplauso. Pero si te ofende a ti, algo traes muy cuadradito en tus arterias, por la importancia que le das a las medallas, por un lado, y porque no has sentido ese tsunami cultural que una buena canción nos da, ese reconocerte en un puñado de palabras que hechizan, que retratan nuestra orfandad universal, que brillan en la noche de los tiempos. Celebro a Dylan como a una antena siempre alerta en la atmósfera de ser y estar, y lo hago antes y después del premiote éste, cantando, absorbiendo el flamazo de sus justas letras. Justas porque son y exigen ser, y porque se han quedado, pegajosas, con nosotros. Ah qué traviesos esos suecos, que año con año nos secuestran un poquito con su heterodoxia y contracanon, y que revolucionan los fundamentos de lo predecible. Me encantaría tomarme una copita de ajenjo con ellos.