¿Merece Bob Dylan el Nobel?

Parecía una leyenda urbana o un rumor de esos que ayudan a que las sobremesas de becarios no resulten tan aburridas: que Bob Dylan puede ganar el Nobel. Y lo ganó, para escándalo de unos y festejo de otros, para indiferencia de casi nadie. ¿Qué se premia: la mejor cultura popular gringa o al cruel mercado? ¿La mejor poesía puede llegar de la mano de la música, o exige la página y la tinta? ¿Es realmente Dylan un ejemplo de la mejor poesía? Bienvenidos...

REGRESAR
    1. Rocío Cerón

      Bob Dylan, lenguaje

      Poeta y editora.
    2. Julio Trujillo

      Dylan: sí

      Poeta, cronista, traductor.
    3. Armando Vega-Gil

      La envidia y la celebración

      Músico: Botellita de Jerez. Novelista.
    4. Alberto Ruy Sánchez

      En el callejón de la ...

      Novelista, ensayista, editor, poeta.
    5. Amandititita

      La música traslada el lenguaje

      Cantante.

"I do believe in Zimmerman"

Federico Bonasso

Compositor y músico de TV (“Los héroes del norte”) y cine (“Qué culpa tiene el niño”). Fundador de El Juguete Rabioso. Novelista: “Regreso a México”.

A mis amigos de Minnesota

Durante muchos años guardé en balde una ilusión: que la Academia sueca superara sus prejuicios, o el miedo al prejuicio de los otros, y le diera el Nobel de Literatura a Ray Bradbury. Hubiera sido, antes que otra cosa, una demostración de sensibilidad literaria. Pero además hubiera socavado un poco la tontería esa de "alta cultura". Muchos letrados amigos jamás se acercaron a este poeta genial (que usaba la narrativa como excusa), porque lo consideraron un escritor de "ciencia ficción". Como si el género fuera una inmoralidad. Hoy con Dylan, de alguna manera, me han quitado parte de la espina clavada.

Dylan es uno de los papás indiscutibles de todos los que hacen canciones. Y por tanto, un papá de los que escriben letras.

Pero va más allá: pertenece a un grupo privilegiado de compositores que logra que la letra no sea solo un relleno métrico para caber en la melodía. En su caso la letra es fiel a la melodía que cuenta.

Qué sé yo si hay otros que merecían el Nobel más que él. Nadie puede saberlo, o cometer la imprudencia de declararlo; como si el Nobel fuera una objetivación automática de la sensibilidad mundial. Si no se lo dieron a Rulfo, a Vallejo, a Borges, a Miguel Hernández, no significa tanto el Nobel en términos literarios. Podríamos decir que, como todo premio (que no todo reconocimiento), es en sí un acto de injusticia.

Ahora bien: para aquellos que llaman a Dylan un "cantante de folk":

¿La letra de una canción, por el solo hecho de venir envuelta en música, es algo diferente a un poema? De acuerdo: muchas letras son "menos" cuando las leemos sin la música que las potenciaba. La melodía, en su propio discurso emocional, ilumina versos que quizás no sean tan virtuosos al quedar desnudos. Pero la letra finalmente es un poema. Con música puede que sea algo más que poesía, en todo caso. Nunca algo menos. Hay poemas de Bukowski que podrían ser muy buenas letras de rock, o geniales letras de Spinetta que hubieran enfurecido a Breton.

Por supuesto: si la letra es mala, el poema será malo. Si la letra es vaga, o le deja la chamba a la melodía, el poema será dudoso. Incluso si conociéramos el caso de algún cantautor que, en un abuso fuera de toda disculpa, nos atosigara con pareados para ganarse el olimpo de la poética... Incluso entonces... No estaríamos autorizados a separar las letras de canciones del reino de la poesía.

Ahora, ¿hay alguien que pueda negar las virtudes del letrista Robert Zimmerman (que se autobautizó "Dylan" y pudo sostenerlo)? ¿Que es un digno heredero de la mejor poesía en inglés?

Bueno, pues sí, hay quienes lo dudan. Y no hablo de los críticos o los dueños de la verdad única, ni siquiera de los fans nacionalistas. Sino de autores grandotes que no han tenido el pudor de hacer pública su envidia (y de paso su mal gusto). Esta envidia, aunque divierte, desnuda la que también me parece una discusión con poca materia: la que enfrenta al supuesto "arte elevado" con el "arte popular".

No hay duda de que muchos artistas banalizan su discurso para llegar a un público más numeroso. O no les da el alma para otra cosa. Pero es errado afirmar que el "arte popular" es solo el producto de esta claudicación.

Insisto: no se le puede exigir al jurado de Estocolmo que adopte de golpe una lucidez infalible. Pero bien por Dylan, acierto indiscutido.

Un año más de espera para las otras tribunas del mundo y barras bravas que no vieron representada su playera nacional o estética. Curioso: incluso Murakami le debe un poquito a Dylan a través de su admiración por los Beatles. Todos le debemos algo a Dylan.

Sabemos que el Nobel, incluso el de literatura, suele estar contaminado por la política. ¿Habrá algo de eso en esta última edición? Si lo hay, estaríamos por lo menos ante un mensaje político que me gusta: aunque Trump se derrumbe como candidato, su discurso de odio ha permeado en multitudes. Otorgarle el premio a un nieto de inmigrantes, que es un símbolo de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, es por lo menos un suave bofetón a la estulticia.

Claro que poco servirían estos símbolos si Dylan no tuviera talento.

Si la lengua materna no es el inglés, muchos de los que lo juzgan, incluido el que escribe, pierden una dimensión fundamental de este artista. Pero así como Poe trascendió su idioma con su "Never more", así como Whitman llegó a nosotros gracias a la gran paráfrasis de León Felipe o la traducción de Borges, las letras de Bob Dylan rompieron los lazos de la música y la lengua y soplan en el viento de todos nosotros.