¿Merece Bob Dylan el Nobel?

Parecía una leyenda urbana o un rumor de esos que ayudan a que las sobremesas de becarios no resulten tan aburridas: que Bob Dylan puede ganar el Nobel. Y lo ganó, para escándalo de unos y festejo de otros, para indiferencia de casi nadie. ¿Qué se premia: la mejor cultura popular gringa o al cruel mercado? ¿La mejor poesía puede llegar de la mano de la música, o exige la página y la tinta? ¿Es realmente Dylan un ejemplo de la mejor poesía? Bienvenidos...

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La música traslada el lenguaje

Amandititita

Cantante.

Coincido con que Bob Dylan no necesitaba el premio Nobel, pero a nosotros nos urgía que se lo dieran. Al caerse este paradigma se dispara un debate interesante: ¿Qué valor tiene la letra de una canción? Si una canción no corresponde a ningún género literario, ¿a dónde pertenece?

Ya sabemos lo que opina la Academia sueca, y no resultan asombrosos los juicios de los puristas del lenguaje y la barrera de defensa que han impuesto al descubrir que por la puerta trasera entró un foráneo, un simple letrista, a la distinguida élite del mundo literario.

Dylan es un personaje que siempre ha estado vinculado al mundo de las letras, pero no representa al escritor de oficio: se dedicó a dar conciertos por el mundo, a tener mujeres hermosas y a gastar su fortuna.

¿Cómo es posible que, además de realizar las fantasías de muchos hombres, sea ahora reconocido con un premio tan prestigioso? Me he divertido con todos los señalamientos morales que ha destapado la noticia, rumores como el que asegura que Dylan fue el primero en ofrecerle mariguana a Lennon, verdades como su participación en un comercial de Victoria Secret.

Para los músicos los Grammys, para la gente inteligente el Nobel; esta es la forma de acomodar el arte para algunos. La mayoría de los escritores lo ha tomado con humor y algunos como Nicanor Parra con exagerada alegría. Claro está que si todos tuviéramos la inteligencia y sensibilidad de Nicanor Parra el mundo sería otro.

Con esta noticia, Dylan, siguiendo la tradición de desordenar el rompecabezas, de cambiar las normas, provoca la misma reacción que cuando decidió electrizarse, sólo que en esta ocasión él no fue quién decidió.

En lo personal, todo este asunto del conservadurismo vs los fanáticos de Dylan, y las razones de la academia, me parece un tanto estéril. Lo que resulta interesante es el diálogo que se ha desatado. Esta apasionante discusión es lo mejor que nos ha pasado en mucho tiempo.

Los músicos reflexionan en el lenguaje, los escritores en la música, y lo más afortunado: gran parte del público se forma una opinión por primera vez sobre el lugar que tienen las canciones en la literatura.

En mi opinión, las palabras son palabras, apoyadas o no en acordes musicales.

Una estupidez suena a estupidez así esté acompañada por la Filarmónica de Nueva York.

La música traslada el lenguaje pero no lo altera. Es indiscutible que la música ha sido un vehículo a través del que muchos se han acercado a la literatura. Por lo tanto, Dylan se merece el Nobel, no lo necesitaba y a nosotros nos urgía que se lo dieran.