¿Me va a servir de algo la reforma energética?

Cuando de la reforma energética se trata, en la Cámara se discute casi todo, desde presuntos afanes privatizadores hasta la “ilegalidad” del  formato de debate, y desde las cifras macroeconómicas hasta el papel de la industria y el Estado en nuestro salto al primer mundo. Luego estamos nosotros, los ciudadanos de a pie, a los que los litros de 800 mililitros de gasolina nos salen cada vez más caros y nos llegan recibos de luz por cinco mil pesos. Para nosotros, ¿qué hay en la reforma? Esta semana en Tribuna.

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Cinco virtudes de la reforma

Javier Treviño

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Con una reforma constitucional histórica y transformadora, los legisladores logramos diseñar un nuevo modelo mexicano de viabilidad energética para el siglo XXI. Ahora, a punto de completar su reglamentación a través de las leyes secundarias para ponerla en práctica, la pregunta que todo mexicano se hace es: ¿Qué hay para mí en esta reforma? La respuesta, sin duda, es que incidirá en forma positiva en la vida cotidiana de los mexicanos en, al menos, cinco aspectos:

Seguridad energética. Sin los cambios que presupone la reforma, México estaba en camino de convertirse en un importador neto de energía, con todas las vulnerabilidades y tensiones que ello implicaría. Ahora, estaremos en condiciones de optimizar el aprovechamiento de nuestros recursos, garantizando un abasto energético confiable, a precios competitivos y en un horizonte de tiempo mucho más amplio, contribuyendo así a un clima de mayor estabilidad social.

Inversión social. Al establecer las condiciones para generar mayores recursos presupuestales destinados al gasto público, se apoyará el desarrollo del país y el bienestar de la población en áreas esenciales como salud y educación pública. La reforma plantea la transformación de Pemex en una empresa productiva del Estado, lo cual incluye una reducción de su carga impositiva para que esté en condiciones de reinvertir parte de sus ganancias. Sin embargo, la reforma también implica que esta reducción tributaria no sólo sea compensada con los impuestos y regalías que pagarán las empresas privadas que participen en el sector, sino que incluso supere su nivel actual para destinar recursos crecientes al presupuesto de egresos de la federación, al ahorro interno de largo plazo y a la inversión estratégica del país.

Empleos.  La reforma energética está orientada a detonar una mucho mayor creación de empleos formales. Por un lado, la inversión privada traerá consigo la generación de miles de nuevos empleos a lo largo de toda la cadena de valor del sector energético, desde las tareas de exploración y explotación de los yacimientos hasta su comercialización y venta directa, pasando por la construcción de infraestructura para la distribución de los distintos productos. Y, por otro lado, esta misma inversión necesariamente tendrá un efecto multiplicador en el resto de la economía mexicana, al generar una creciente demanda de productos y servicios para abastecer a todo el sistema que se vaya construyendo.

Competitividad industrial y aún más empleos. Con la reforma podremos fortalecer la competitividad industrial de México gracias al suministro de recursos energéticos a precios más bajos. Así podremos generar un número potencialmente aún mayor de empleos en otros sectores industriales y de servicios. En los Estados Unidos, por ejemplo, se está registrando un fuerte proceso de reindustrialización, debido en buena parte a la reducción en los costos de los energéticos que ha producido el aumento de su producción de petróleo y gas “shale”. Gracias a la reforma energética, ahora nosotros estaremos en condiciones de elevar nuestra propia competitividad económica para atraer inversiones productivas.

Talento. La reforma energética está directamente vinculada a la economía del conocimiento. Con ella vamos a ampliar el panorama educativo para miles de jóvenes estudiantes mexicanos, quienes ahora tendrán un mayor incentivo para enfocar sus estudios en áreas relacionadas con la industria energética. Uno de los grandes retos que nos plantea la reforma es desarrollar el talento necesario para promover el avance del sector, y varias universidades del país ya están reformulando sus planes de estudio para establecer programas académicos relacionados con la energía, desde las distintas ramas de la ingeniería hasta las carreras relacionadas con sistemas y tecnologías de la información.

En suma, la reforma energética nos plantea una enorme cantidad de oportunidades para impulsar un mayor crecimiento económico que, con seguridad, se deberá traducir en mejores condiciones de vida y nuevas oportunidades de bienestar para la gran mayoría de los mexicanos.


Twitter: @javier_trevino