¿Me va a servir de algo la reforma energética?

Cuando de la reforma energética se trata, en la Cámara se discute casi todo, desde presuntos afanes privatizadores hasta la “ilegalidad” del  formato de debate, y desde las cifras macroeconómicas hasta el papel de la industria y el Estado en nuestro salto al primer mundo. Luego estamos nosotros, los ciudadanos de a pie, a los que los litros de 800 mililitros de gasolina nos salen cada vez más caros y nos llegan recibos de luz por cinco mil pesos. Para nosotros, ¿qué hay en la reforma? Esta semana en Tribuna.

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Para evitar frustraciones

Ricardo Monreal

Diputado federal por Movimiento Ciudadano.

¿La reforma energética traerá beneficios para los ciudadanos, los consumidores finales? Difícilmente. Enseguida, unas cuantas razones para sostener exactamente lo contrario: que la reforma, lejos de beneficiar a la ciudadanía, le traerá perjuicios y frustraciones.


1)    ¿Bajarán los precios?

Afirmar que bajarán los precios de los energéticos (gasolinas, luz y gas) gracias a la reforma energética es una mentira y una falsedad. En los precios de las gasolinas mexicanas intervienen de manera destacada un componente internacional y uno fiscal. Cuando ha bajado el componente internacional, en México eso no se refleja; al contrario, el precio sigue subiendo, por el componente fiscal. Para que los precios de la gasolina Magna, la Premium y el diesel bajara al consumidor final en el plazo inmediato, se requeriría que el fisco sacrificara su ingreso. Esto no ha sucedido en ningún lugar del mundo. Al contrario, la tendencia es a tasar cada vez más los combustibles fósiles, en función de requerimientos ambientales.

El anuncio de que los “gasolinazos” se acabarán el próximo año, en 2015, tiene más que ver con las elecciones federales intermedias y con las locales de 2016, que con las presuntas bondades de la reforma energética. Igual nos podemos amanecer en enero de 2015 con el anuncio de que las tarifas eléctricas bajarán o se congelarán durante algún tiempo. Pero no por efecto de la reforma energética, sino por la necesidad de evitar una estrepitosa caída electoral del PRI.

El plazo que han fijado las autoridades, de cinco a ocho años, para ver los beneficios en el precio de los combustibles, implica el cumplimiento de condiciones futuras de realización incierta, como el incremento de la producción petrolera en un 50%, la estabilización del precio internacional del crudo a rangos similares a los actuales y, sobre todo, la instrumentación de ingresos fiscales alternos.

Una vez cumplidos estos supuestos, el precio de los combustibles en México seguirá el comportamiento internacional; es decir, bajarán y subirán conforme al mercado global de hidrocarburos, donde la tendencia de los últimos 20 años ha sido bajar algunos centavos y subir varios dólares.

Por ejemplo, de acuerdo con el Banco Mundial, el precio al consumidor final de la gasolina de mayor octanaje por litro, medido en dólares norteamericanos, en los últimos diez años sólo ha bajado en 21 de 177 países monitoreados. Ellos son Angola, Argelia, Bielorrusia, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Chad, Colombia, El Congo, Costa de Marfil, Cuba, Egipto, Eritrea, Francia, Indonesia, Líbano, Libia, Madagascar, Mali, Siria, Togo, Túnez y Zambia (datos.bancomundial.org/indicador/EP.PMP.SGAS.CD/countries).

México no sólo ha seguido la tendencia internacional de alzas, especialmente la del mercado norteamericano, sino que la ha rebasado por el componente fiscal interno, con lo que se ha dado el caso, desde el año pasado, de que gracias a los “gasolinazos” de cada mes el precio en México ya rebasó el de los Estados Unidos.

En relación al gas natural y a la luz eléctrica la historia es un poco diferente. La abundancia de gas shale o lutita en Estados Unidos ha hecho bajar el precio de este energético de manera considerable. Al ser el principal insumo utilizado en la generación de energía eléctrica, ha permitido que el costo de ésta se mantenga estable y no se encarezca al llegar al consumidor final.

Sin embargo, esta reducción del 500% en el precio del gas shale no se ha reflejado de manera proporcional y directa en el precio que paga el consumidor final. En Estados Unidos, la energía eléctrica de uso industrial, comercial y doméstico, generada casi en su totalidad por empresas privadas, sube cada año de acuerdo a la tasa de inflación. El gas shale ha servido para que no se disparen los costos de la energía y estabilizar su precio para el consumidor final, pero no para bajarla de precio, como dice la publicidad gubernamental mexicana.

Con un agravante adicional: el gas shale es ciertamente una fuente de energía limpia, pero la forma de obtenerlo, mediante la fracturación hidráulica (fracking), es cada vez más sucia en términos de daño ambiental y de uso intensivo de agua dulce. En el plazo inmediato, en un escenario de alta producción, el fracking va a competir agresivamente por la utilización de agua, primero con el campo y luego con las ciudades, generando conflictos sociales importantes.


2)    ¿Se acabarán los monopolios?

La experiencia mexicana en esta materia es que los monopolios ni se acaban ni se destruyen, solo cambian de manos. El caso típico es Telmex, que de empresa monopólica en manos del Estado pasó a empresa dominante en manos privadas. Cambiamos al Leviatán por Behemot.

Es también el caso de los bancos, las carreteras y las otras desincorporaciones de los últimos 25 años. Con las privatizaciones hay un cambio en el modelo de gestión de la empresa, pero con cargo a la renta personal y familiar de los mexicanos. En ninguna de las privatizaciones que hemos tenido en el último cuarto de siglo han bajado los precios de los bienes y servicios. Al contrario, suben de manera significativa, convirtiéndose en un mecanismo de transferencia y concentración de riqueza, no de distribución y mejora de servicios al consumidor.

Esa historia la tenemos tatuada los mexicanos en el bolsillo, por eso la gran mayoría nos oponemos a la reforma energética y a la privatización del petróleo y la energía eléctrica. Tenemos los precios más caros del mundo en telefonía, televisión de paga, peajes carreteros y comisiones bancarias. ¿Por qué habríamos de tener ahora sí, gracias a la reforma energética, los precios más bajos en gasolinas, luz y gas? Afirmar esto es de una demagogia y un populismo económico impresionantes.


3)    ¿Habrá menos colas?

Tal vez en el futuro haya menos colas en las gasolineras y en los centros de pago de la CFE, ya que uno de los efectos de las privatizaciones es que mejoran el modelo de atención y gestión a los usuarios. Pero seguramente las colas se trasladarán de lugar: ahora estarán en la Procuraduría del Consumidor, en los organismos reguladores y, seguramente, en las casas de empeño por la necesidad de las familias de conseguir ingresos extra para el pago de los servicios energéticos privatizados.

El tema de fondo, sin embargo, no es la mejor atención y gestión a los consumidores finales, sino la disponibilidad de energía barata y de buena calidad para los hogares, la industria, el comercio y el campo. Esto es algo que la reforma energética privatizadora está lejos de garantizar a los mexicanos.