¿Me va a servir de algo la reforma energética?

Cuando de la reforma energética se trata, en la Cámara se discute casi todo, desde presuntos afanes privatizadores hasta la “ilegalidad” del  formato de debate, y desde las cifras macroeconómicas hasta el papel de la industria y el Estado en nuestro salto al primer mundo. Luego estamos nosotros, los ciudadanos de a pie, a los que los litros de 800 mililitros de gasolina nos salen cada vez más caros y nos llegan recibos de luz por cinco mil pesos. Para nosotros, ¿qué hay en la reforma? Esta semana en Tribuna.

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A la medida de los inversionistas

Luis Espinosa Cházaro

Diputado federal por el PRD.

En días anteriores tuve el orgullo de acompañar al presidente nacional del PRD, Jesús Zambrano, en una visita a Washington. Debo decir con toda honestidad que dicha visita fue gestionada por personas que consideramos válido, pertinente y, sobre todo, democrático el ejercicio de presentar nuestra visión ante Estados Unidos --país que no sólo es el principal socio comercial de México, sino sede de las oficinas centrales de muchas de las empresas que vendrían a invertir a nuestro país. No podíamos entonces presentarnos con un punto de vista que no fuera congruente con la visión que el PRD ha sostenido desde la presentación, en voz del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, de su propuesta de reforma energética --primera en la mesa, pero nunca discutida ni tomada en cuenta para la aprobación de las reformas constitucionales aprobadas en diciembre de 2013. Incluso contando con una postura diferente a la “oficial”,  y a pesar de tener ideologías diferentes, coincidimos con quienes todavía tienen la idea de invertir en que la propuesta de reformas a las leyes secundarias del ejecutivo federal se encuentra incompleta.

Acompañados en la mayoría de las reuniones por el embajador Eduardo Medina Mora --en una muestra no sólo de civilidad, sino de su responsabilidad como representante del Estado mexicano, y no de un gobierno--, fuimos escuchados con la misma responsabilidad, institucionalidad y respeto con que nos dirigimos al Banco Interamericano de Desarrollo y diversos legisladores y think tanks, como el Woodrow Wilson Center y The Brookings Institution, entre otros no menos influyentes.

Por tanto, aquellos que simplonamente y de manera desinformada han dicho que fuimos a Washington a desinvitar a la inversión privada se encuentran muy distantes de la verdad: la exposición del punto de vista del PRD no es lo que espanta a la inversión. Más bien, la iniciativa privada necesita encontrar elementos que fomenten el desarrollo empresarial, como seguridad jurídica, estabilidad política y un crecimiento adecuado, entre otros; condiciones que no encuentran en la propuesta del ejecutivo.

A lo largo de las discusiones pude darme cuenta de lo que puede ser el Error Central de la reforma energética planteada en México: los países que han llevado a cabo grandes transformaciones en la misma materia tienen como finalidad diseñar una política energética que asegure soberanía, sustentabilidad y desarrollo industrial para sus estados, así como el utilizar los recursos no renovables --energía de hoy-- para transitar hacia las energías limpias --energía del mañana—, para infraestructura y para gasto público. Por el contrario, la reforma energética en México tiene como principal finalidad el reactivar una economía hoy estancada, en recesión, por más que al gobierno federal le cueste trabajo reconocerlo.

Durante los últimos doce años del panismo, con la inseguridad, aun con los cientos de errores que pudiéramos enunciar de Fox (quien traicionó a la transición democrática) y de Calderón (quien hundió al país en una guerra de sangre inútil y estéril), el crecimiento fue mayor a los 3 puntos en promedio. Con el regreso del PRI a Los Pinos, incluso con un pacto que ofreció herramientas para el desarrollo, este crecimiento, que se proyectó en 3.5, terminó en 1.1 en 2013. Y hoy, con un crecimiento proyectado al inicio de 3.9 y recientemente ajustado a 2.7 – y que seguramente al final del año será muy similar al del año anterior--, es que se contesta la pregunta de por qué la reforma energética se hace a pedir de boca de los inversionistas.

Concluyo planteando dos datos que tiene que poner a repensar a aquellos que se han cansado de alabar la reforma energética como la panacea. El primero: que la reforma no está terminada, pues tiene muchos huecos y deficiencias. El segundo: si la coinversión con privados es la panacea para sacar a nuestro país del estancamiento, por qué Pemex acaba de vender sus acciones en Repsol, que, dicho por todos los conocedores del tema, fue un pésimo negocio.