Manual para sobrevivir a las elecciones

Las campañas habrán sido para ustedes, como para todos, un deleite: camionetas que repiten con volúmenes reggaetoneros hits con la letra cambiada a favor de Fulanito; grandes carteles que te hacen preguntar "Flaco, ¿qué Menganito no estaba en otro partido"?; veinte minutos de spots antes de que vuelva la programación de la radio; candidatos a lo que sea que bailan o actúan en la tele con unos pantalones que ningún ser humano merece ver, sobre todo en alta definición... Lo peor: que detrás de esa estridencia, de ese vacío que se llena con decibeles y malos diseños, priva una confusión integral sobre qué, cómo, a quién y para qué se elige. ¿Es posible entender este galimatías? Esta semana, en Tribuna, ensayamos algunas respuestas.

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La dignidad de la mampara

Ricardo Becerra

Economista.

El domingo voy a votar por muchas razones. Expongo las mías, nacidas de mi experiencia, intransferibles por supuesto, pero que quieren persuadir –con razones, no con sentimientos– a quien todavía está hecho un mar de dudas.

1) Porque el voto se respeta. Estoy seguro de que la marca que yo pongo en la boleta será cuidada por mis vecinos, y por la multitud de ojos y candados que dispone el INE durante toda la elección. Si solo fuera por eso, por respeto a ese esfuerzo, acudiré a las urnas.

2) Porque los mexicanos van a votar, a buen recaudo, abrigados por la discreción de su mampara. Ese es un hecho simbólico, igualador, que ocurre un solo día cada tres años. No pienso dejarlo pasar, menos en este país de extremos sociales inauditos.

3) La discreción de la mampara nos provee, además, de una dignidad mal valorada. Algunos recibieron despensas, sí; otros mochilas verdes; tarjetas de crédito; costales de cemento, bolsas o gorras; el país entero fue bombardeado por un aluvión de spots de todos los partidos y candidatos independientes más o menos inicuos. De acuerdo. Pero todos los mexicanos acuden y cobran una autonomía fundamental frente a su boleta, con su cabeza y su cerebro puestos –incluyendo los más pobres– precisamente allí, en la discreción de su mampara. Mientras haya vecinos que vigilan el voto y una mampara bien puesta, hay posibilidad de libertad y autonomía, o sea, de ciudadanía.

4) Pero el domingo se juegan un montón de cosas: la Cámara que definirá el presupuesto de la nación los próximos tres años y otro tanto de leyes que nos importan bastante; se definen nueve gobernadores de estados críticos; también 900 ayuntamientos, y ciudades vitales como Guadalajara o Monterrey, por ejemplo, y delegaciones que son como países: Iztapalapa o Azcapotzalco. Se define la alineación partidista para 2018, el tipo de izquierda que predominará el escenario en el inmediato porvenir y, por si fuera poco, los congresos de 16 estados.

5) Porque no todos son iguales. Creo que el PRI y el PAN, desde 1991, han tejido un "cártel de gobierno" en materia económica, un consenso conservador –dueño de tres verdades inútiles– que nos tiene metidos en un espeso mar de los sargazos y que ya es histórico (dura 30 años). Para mí, ese es el problema medular de nuestra época. Algo se puede y se debe hacer, también, desde los ejecutivos y desde el legislativo.

6) Porque como en ningún otro momento de la historia reciente, la amenaza del boicot (impedir la instalación de las casillas) ha coagulado en contingentes sociales y poderes fácticos muy reales. Acudir a las urnas configura, en los hechos, una confirmación esencial: a pesar de nuestro profundo malestar, México ha optado por la ley y la vía pacífica para dirimir sus diferencias, incluso las más radicales. La más amplia participación electoral es el mentís más rotundo a las enfermas pulsiones del chantaje y del boicot.

7) Porque ha costado mucho trabajo, muchos años y muchos recursos llegar a este puerto. Hoy desdeñadas, minusvaluadas, las elecciones (el voto que se ejerce y se respeta) son una de las pocas conquistas colectivas que este país se ha permitido en el último cuarto de siglo. Gracias a ellas, los Ejecutivos no tienen mayoría congresual desde 1997; gracias a ellas, la izquierda ha gobernado la ciudad de México; el país ha visto cambios políticos pacíficos, en todas partes: gobernadores y presidentes municipales del PAN, del PRD y del resto de partidos (malos y buenos). Y sobre todo, gracias a ellas tenemos la certeza de que los gobiernos acabarán y que habrá oportunidad de removerlos o ratificarlos. Si fuera solo para ratificar esa conquista (no tenemos muchas de que presumir), vale la pena buscar la soledad de la mampara, el próximo domingo.