Manual para sobrevivir a las elecciones

Las campañas habrán sido para ustedes, como para todos, un deleite: camionetas que repiten con volúmenes reggaetoneros hits con la letra cambiada a favor de Fulanito; grandes carteles que te hacen preguntar "Flaco, ¿qué Menganito no estaba en otro partido"?; veinte minutos de spots antes de que vuelva la programación de la radio; candidatos a lo que sea que bailan o actúan en la tele con unos pantalones que ningún ser humano merece ver, sobre todo en alta definición... Lo peor: que detrás de esa estridencia, de ese vacío que se llena con decibeles y malos diseños, priva una confusión integral sobre qué, cómo, a quién y para qué se elige. ¿Es posible entender este galimatías? Esta semana, en Tribuna, ensayamos algunas respuestas.

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Como vivir en Suiza

Esteban Illades

Editor en Nexos. Su libro La noche más triste, sobre la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, sale a la venta este mes.

Hace unas semanas me enteré por casualidad de que había sido redistritado. No sé si suene más feo de lo que es. Estaba paseando a mis perros y encontré un cartel casi roto pegado en la pared de una escuela. Sin noticia previa y a media campaña, el Instituto Electoral del Distrito Federal me avisaba que los candidatos que yo pensaba competían por mi distrito eran en realidad otros. O más bien ellos seguían compitiendo ahí pero yo ahora vivía en el de al lado, aunque mi credencial del IFE/INE decía lo mismo que antes.

No que importara mucho.

Antes de toparme con el póster, había intentado localizar en línea a los contendientes. Me costó trabajo tan sólo dar con sus nombres. De ahí conseguí pasar a las biografías tras mucho escarbar. El candidato del PRD había sido funcionario de la delegación en uno de sus períodos más turbios. El de Morena... también.

Para diputado federal, sospecho que uno de los candidatos tiene el récord de menor tiempo en un partido. Se fue del PRD porque no le ofrecían una diputación; llegó a Morena y tampoco se la dieron. Al mes estaba de regreso en el PRD, ahora sí postulado. Del PAN encontré que su candidato es aficionado a la oratoria. Y no mucho más. Menos ganas de votar mientras más me informaba.

A nivel delegado las cosas son tal vez peores. El único conocido, el de Morena, es el que más aturde con su propaganda auditiva. Trae una camioneta cuyo único objetivo es estacionarse cerca de los oídos locales y plagiar un éxito pop –"Uptown Funk" de Bruno Mars– con la letra cambiada. Ninguna propuesta, sólo su nombre cantado una y otra vez. Lo que necesitamos no es la repetición, sino saber qué va a hacer. A la fecha me queda claro que lo único que propone es competir para la Jefatura de Gobierno en tres años. Sé, entonces, que no será mi delegado por mucho tiempo. Votar por él será también votar por alguien más: un suplente desconocido que tome su lugar una vez que inicie una nueva campaña.

Mientras eso sucede, los postes de alumbrado público se han llenado de publicidad. Si son candidatos federales está prohibido, porque ellos se rigen por una ley; pero si son locales no, porque a ellos los regula otra. Esquizofrenia electoral. Lo único en lo que están de acuerdo ambas leyes es en que los anuncios tienen que ser de material reciclable. Pero todo lo que los sostiene, tiras y tiras de maskin, estructuras de plástico y poliuretano, sobrevivirá hasta que las únicas elecciones las celebren las cucarachas una vez que la humanidad se extinga.

En la delegación tenemos una independiente. En sus carteles morados dice que es distinta a los demás, que no tiene relación con ninguna estructura partidista, que no depende de nadie. Pero omite algo fundamental: es nuera de la candidata a delegada por el PRI. El esposo de la independiente –e hijo de la priista– también buscó un cargo por el mismo partido. Pero no lo obtuvo. La independiente es la que más relación tiene con lo que en teoría busca eliminar.

El único partido que me queda por mencionar es el único que no es partido. Me refiero al Verde y todo lo que le hemos tenido que soportar. Mucha tinta se ha utilizado para denostar con total justicia las trampas que cometen una y otra vez. No sé cuáles son sus candidatos, y me parece que ellos tampoco. Toda su publicidad es pareja. Sólo si uno ve la letra pequeña en los anuncios y carteles se entera de que los espectaculares, visibles en cualquier esquina de la ciudad, en realidad representan a una persona. Así como los refrescos en televisión ponen el cintillo de "Aplican restricciones", abajo vemos "Candidato al distrito X". Es tan exitoso el engaño que ni disfraz tiene.

Dicen muchos que la única forma de que el Verde pare de hacer trampa es castigándolo en las urnas hasta que desaparezca, que para eso es la democracia. Pero hay un dato escalofriante que demuele esta teoría: según una encuesta, siete de cada 10 mexicanos sabe de sus vales de medicinas. Pero siete de cada 10 no sabe que han sido multados por cómo los han promocionado. En un escenario, el Verde hasta podría duplicar su porcentaje de voto con una estrategia que le ha costado más de 500 millones de pesos en penas. El castigo del voto les dará risa cuando les entreguen el presupuesto para el próximo año.

En redes la discusión ya ni siquiera gira en torno a cuál es el mejor, o de perdida el menos peor. Los argumentos son votar o no. Si vale la pena presentarse a tachar el papelito, y si se tacha completo para que sea descartado o se tacha un solo nombre para que se siga validando un sistema que gran parte de mis conocidos dice que no los representa. Pero la discusión no llega a nada por el hecho de llevarse en dos planos distintos. Sí, si uno elige a un partido de oposición las cosas cambian aunque sea un poco. No, no sirve de mucho, porque a fin de cuentas los partidos -–sin propuestas interesantes o nuevas– son tan parecidos que a veces uno se confunde; incluso los propios candidatos, como Cuauhtémoc Blanco cuando pidió votar por el PRD. Nadie nota la diferencia.

Los evangélicos de Encuentro Social se juntan con los perredistas que promueven el matrimonio gay y el derecho al aborto. El Verde propone dañar el planeta. El PAN, que ya estuvo en el poder 12 años y no resolvió gran cosa, ahora se presenta a sí mismo como el cambio verdadero. No por nada las palabras que más utilizan todos los partidos en sus plataformas son las mismas. "México" y "desarrollo", por si se preguntan cuáles. (Aquí un análisis)

Falta poco menos de una semana para que llegue la elección. Sigo sin tener claro por quién votaré, pero sé dos cosas: que sí tacharé el nombre de alguien, al menos en una de las boletas, aunque quizá no en todas. También sé cuál nunca, nunca, nunca marcaré.

Algo que sucede en este instante me lo confirma. Escribo mientras Sepp Blatter es reelegido en Suiza por cuarta vez como presidente de la FIFA. A pesar de que él y sus allegados han sido señalados –y con casi toda seguridad se confirmará que lo son– como partícipes de una red de corrupción y soborno de tremendas proporciones, las cosas nunca cambian.

Quién diría que Suiza y México son tan parecidos.

Actualización: Sepp Blatter renunció a la FIFA el 2 de junio. Nuestro parecido con Suiza era demasiado bueno para ser verdad.