Los 80: ¿revolución o mito?

En los 80 nacieron el Frente Democrático Nacional y el PRD; empezaron, por fin, los conciertos masivos de rock; cambió la música popular; cambió la moda, de forma espeluznante. También, la vida nocturna de la ciudad de México, la televisión y la radio, mientras, dice Monsiváis, de los escombros del terremoto nació la sociedad civil. ¿Qué tan positivos fueron esos cambios? ¿Qué tan negativos? ¿Qué perdura de ellos? ¿Se justifica la nostalgia que te invade, estimado lector, cuando ves un video de la época o a tu compañero de la prepa en su tercer matrimonio? Esta semana, Tribuna se viste de marcador en los ojos, copete y humo de Mapleton.

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La generación Y o el fenómeno T

Luis  de Llano Macedo

Productor.

Una de las frases bíblicas con mayor poder de prospectiva es "Algún día, un niño nos señalará el camino". Ese día ha llegado. No solo me refiero al hecho de que, como resultado del crash digital de finales del siglo XX, la tecnología está dirigida hacia el consumidor de menos de 18 años, sino a que, tres décadas después del choque generacional rocanrolero, la siguiente gran batalla por la búsqueda de una identidad propia llegaría en los 80, cuando la competencia mercadológica encontró en el público y consumidor infantil un nicho importantísimo.

Musicalmente, en México y los países hispanoparlantes, desde Cri Cri no se había presentado un producto que impactara al mercado como lo que yo llamo el Fenómeno T o Generación Timbiriche. Sin embargo, lo importante de la reflexión acerca del Fenómeno T está en los gatillos psicológicos que dispararon en los niños de los 80 la música y los contenidos de esta banda emblemática. La constante lectura de los mensajes impresos en su música y sus discos lograron evolucionar, trascender y fijarse en la memoria colectiva de la generación Y.

Los niños que hace 25 años tenían entre cinco y 10 vivieron una era que se distingue por la aceptación de la música en español, la apertura de los escenarios musicales poperos y roqueros y la propulsión de los productos, los estilos de vida y toda una mercadotecnia especializada primero en los niños, más tarde en los adolescentes y, por fin, en los adultos jóvenes que alguna vez compraron, oyeron, cantaron y acudieron a los conciertos y que aún siguen comprando sus discos tanto para ellos, como para sus hijos. Los directivos de mercadotecnia estratégica los describen como el segmento de mercado más atractivo, ya que tienen un gran poder adquisitivo y quieren disfrutarlo hoy. Tienen un consumo motivado por el disfrute personal y una gran exigencia de calidad y respuesta. Su búsqueda de satisfactores es muy específica, ya que están acostumbrados a consumir productos especialmente diseñados para su generación. Están conscientes de que se encuentran en la mitad de su existencia, ya alcanzaron puestos de jerarquía en las empresas donde laboran, y en muchos casos se han dedicado a su profesión, demorando la llegada de los hijos. En general, dicha generación viaja, consume y ahorra poco. Ellos han catapultado la moda retro; la falta de propuestas fuertes en el presente los hace recordar. La nostalgia vende, y la generación del Fenómeno T compra, y tiene con qué comprar. A manera de ejercicio, pensemos en que Police, Soda Stereo, Genesis, Duran Duran, Parchís, Héroes del Silencio, los Fabulosos Cadillacs, entre otros, volvieron, y Timbiriche (créanlo o no) nunca se fue. Para muestra, el éxito del reality show o el de la gira de los 25 y la remasterización de sus discos clásicos.

Lo cierto es que los productos ochenteros generados en México sufrieron de muchas críticas, pero el tiempo les dio una razón de ser, al marcar a una generación de manera permanente. Los hijos de quienes en aquella época soslayaron este tipo de productos hoy están en la cima de la cadena alimenticia-publicitaria y fueron quieres les dieron el éxito; y sus nietos, la generación que sigue oyéndolos, les siguen dando la posibilidad de trascender.

La era MTV

Hace 50 años, los Beatles se presentaron en el Show de Ed Sulivan; y por primera vez en la historia mundial más de 70 millones de televidentes los vieron a través de la televisión. La "Beatlemanía" logró que el pop invadiera todas las expresiones de la cultura, marcando la globalización de la música a través de la radio y la televisión, las giras internacionales y las grandes compañías discográficas trasnacionales.

Más tarde, el éxito global de la televisión llevaría la expresión musical de un artista, de un estilo o de una generación por los caminos del aplauso, del éxito y la fama universales. A mediados de los 80, el lanzamiento de MTV dotó a la música de un elemento narrativo que explotaría en la moda colorida, eléctrica y absurda que los grandes monstruos del pop llevaron a todo el mundo bajo el concepto de Música por Televisión. En algún momento, MTV ha tenido algo que ver con alguna situación memorable en la vida de quienes formamos parte de la música televisada. Es difícil olvidar ese tiempo en que la televisión por cable en Latinoamérica era todavía un lujo y los fanáticos de la música dependíamos de las copias en formato BETA y de la buena voluntad de las televisoras americanas en donde se transmitían los programas musicales diferidos. En la actualidad, los hijos de esa generación pueden ver las imágenes a distancia de cientos de canales televisivos, con tan solo operar un control universal, accediendo así a un universo finito de posibilidades televisivas.

En el México de los 60, 70 y 80 las opciones televisivas giraban en torno a Televisa. Además de la oferta telenovelesca, los canales 5 y 9 proyectaban las series que universalizaron el american way of life, protagonizadas tanto por perros como por caballos (y hasta carcachas) y por héroes, superhéroes y antihéroes masculinos, femeninos y más tarde también de alternancia transgénera Esa oferta televisiva se desgastó a finales de los 90 y en pos de nuevos públicos y mayor audiencia la tendencia televisiva mundial degeneró en los talk shows, evolucionando a finales de siglo XX, desde los 80, en el género de proliferación más rápida: los reality shows. En pleno tercer milenio, la tendencia televisiva se perfila en la creación de un nuevo género: la televisión-verité, la televisión personal e interactiva one on one, en donde cada quien tendrá su propio programa de televisión on-line por la red donde podrá ser visto World Wide. Como dijera Andy Warhol: "En el futuro cada quien tendrá sus 15 minutos de fama".

El homo gadget

Hoy, si quieres ser alguien, necesitas tener número celular, dirección web, e-mail, nickname, password, blog, username y otros alias electrónicos que te dan identidad en el mundo real y en el virtual. Ahora tenemos oportunidad de vivir en dos planetas al mismo tiempo. De inventarnos una personalidad on line, y cambiarla cuando queramos. Se dice que todo comenzó hace tres décadas, en la era en que el video globalizó un planeta y la electrónica transformó la tecnología en placer.

La revolución tecnológica entró por los ojos y se extendió por los cinco sentidos, en los cinco continentes. El crash digital nos transformó, y la primera señal del dramático cambio social del humano del tercer milenio fue el fin de nuestras costumbres tribales: los juegos infantiles que marcan el proceso de integración social comenzaron a estar en desuso. El ping y pong de una animación digital que se ríe de ti cuando fallas resultó irresistible a nuestra generación. La evolución de los juegos electrónicos marcó la brecha del nuevo milenio, cuando Pac-Man adquirió superpoderes y se convirtió en un gólem tridimensional, hiperviolento, ultramaléfico y cada vez más real. Hoy, el reto contra ti mismo lo marcas tú en la intimidad, con una personal e interminable lucha por conquistar realidades paralelas cada vez más complejas, tan solo restringidas por tu poder de asimilar la tecnología. En el nuevo planeta digital, interrelacionarse a través de la afición a la electrónica es una de las nuevas tendencias del milenio; crecen las comunidades, los retos aumentan y las nuevas tribus compiten por la conquista de records y scores, mientras esperan impacientemente a que las nuevas versiones de juegos cada vez más especializados salgan al mercado para devorarlos. La pregunta es ¿quién devora a quién? ¿La maquina al hombre, el hombre a la máquina, o el hombre a sí mismo? Sí... La vida es sueño, el infinito es la última frontera y la realidad supera la imaginación, pero la soledad on line es la peor enfermedad de nuestros tiempos: la era de la incomunicación masiva, del aislamiento global, de la realidad paralela. Estamos plena era de la comunicación posthumana; y en el futuro próximo todos tendremos derecho a ocupar las 15 gigas de fama que la red nos ofrece; todos, aun nosotros, los últimos sobrevivientes de la prehistoria digital de los ochenta, atrapados entre dos siglos .

Ni hablar... Tú y yo, y ellos, y muchos más, todos ochenteros, somos uno mismo.