Los 80: ¿revolución o mito?

En los 80 nacieron el Frente Democrático Nacional y el PRD; empezaron, por fin, los conciertos masivos de rock; cambió la música popular; cambió la moda, de forma espeluznante. También, la vida nocturna de la ciudad de México, la televisión y la radio, mientras, dice Monsiváis, de los escombros del terremoto nació la sociedad civil. ¿Qué tan positivos fueron esos cambios? ¿Qué tan negativos? ¿Qué perdura de ellos? ¿Se justifica la nostalgia que te invade, estimado lector, cuando ves un video de la época o a tu compañero de la prepa en su tercer matrimonio? Esta semana, Tribuna se viste de marcador en los ojos, copete y humo de Mapleton.

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Lo que vino después del sismo del 85

Marco Rascón

Ex dirigente de la Asamblea de Barrios. Columnista de MILENIO.

En los 80 vino de todo. Los cambios de paradigmas en las formas de protestar de manera independiente cuestionando el corporativismo; divertirse tomando la noche, los espacios abandonados; comunicarse, aún sin internet, que a diferencia de los 60 y 70 donde la consigna era pedir “lo imposible”, en los 80 los movimientos sociales populares y estudiantiles alentaron a los trabajadores para saltarse las políticas de austeridad.

Fue tan grande la caída de las condiciones de vida entre 1976 y 1982, durante esos ciclos de las crisis económicas, que ni las salidas de los presidentes, ni las llegadas de otros pudieron resolver.

La reforma política de 1977 sustentada en la idea reyesheroliana de “lo que resiste apoya” y el nacimiento de las diputaciones plurinominales, contra las cuales hoy el PRI se siente en condiciones de desaparecer para restablecer su viejo carro completo y mayoría absoluta, fueron el simiente electoral del 88, que tanto el PRI como el PAN y el lopezobradorismo han combatido durante años.

Sin 1985 y el terremoto en la Ciudad de México no se puede entender 1988. La insurgencia desde los barrios y colonias populares contribuyó a formar esto que llamamos “ciudadanos” y una conciencia de sus derechos individuales y sociales. Sin esa base no se pueden entender las luchas por el gobierno propio en el Distrito Federal, las reformas para la elección de gobernantes en la capital y la elección de Cuauhtémoc Cárdenas como primer gobernante electo.

Con el sismo y 1988 entró en crisis el viejo gradualismo de la izquierda electoral y le cerró el paso a las visiones insurreccionalistas que veían como única posibilidad de cambio un colapso del sistema, derivado de sus contradicciones capitalistas. El PRI sintió el peligro en su propio terreno y sus prácticas fraudulentas fueron desde entonces exhibidas y denunciadas hasta llevarnos al extremo de dudar de los procesos electorales, la democracia representativa, la pluralidad y ver en el abstencionismo la fantasía de un desplome.

En los años 80 la caída de la URSS y el paradigma de la guerra fría tras la demolición del Muro de Berlín pareció no influir en lo inmediato, pues en México por nuestros terremotos naturales, sociales y políticos estábamos en plena insurgencia contra el nuevo esquema neoliberal, sembrado ya en Chile, Europa, Inglaterra y el mundo. Sin embargo, la repercusiones ideológicas de las consecuencias del retorno al capitalismo primitivo en Rusia, sobre una etapa de la humanidad considerada superior al capitalismo, empezó a empobrecer el pensamiento de los intelectuales mexicanos, los diagnósticos y el análisis de lo que sería nuestro camino propio.

La consecuencia de este empobrecimiento fue el abandono del debate y la crítica que caracterizó a la izquierda en los 60 y 70.

El surgimiento de una nueva prensa insumisa estelarizada por Proceso, Unomasuno y La Jornada, paulatinamente es borrada y el campo cibernético, lejos de sustituirlos con aquella fuerza, se convirtió en un reflejo de la pobreza confundiendo el insulto anónimo con una forma valiente de mostrar desacuerdo.

En los 80 se funda el PRD como el partido unificado de la izquierda mexicana, ganándole terreno a otras formas de lucha y dándole perspectiva de poder a las luchas municipales y regionales. Su base surgida del cardenismo histórico en ruptura ideológica y política con el PRI le permitió implantarse en todo el país con relativa facilidad, aunque sorteando la represión de los cacicazgos protegidos por el régimen priista, a los cuales les garantizaba impunidad para matar, que vieron como verdadero peligro la alianza entre el cardenismo y la izquierda socialista en sus diversas variantes.

Coincido en gran medida con Julio Patán (“No con nosotros”, MILENIO, 16 de septiembre) sobre el nuevo concepto de “sociedad civil” que Monsiváis le diera a Gramsci para definir lo que había surgido del terremoto.

Esa “sociedad civil” luego de pasar por la visión autoritaria del lopezobradorismo, que tripulando las aspiraciones por una sociedad democrática, condujo no solo a derrotas inexplicables, sino que ha sido el apagafuegos de sus propios errores y la cuña para regresar a la izquierda a su nivel de división anterior, mientras el PRI se fortalece, ha decidido apartarse, alejarse de “lo político” y a oponerse a que se hable en su nombre.

Las consecuencias: una sociedad civil que se llena de derrotas y los gobiernos que han hecho de todo el legado sustancial solo leyes y reglamentos de protección civil, para nunca más ser rebasados por la sociedad.

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