Los 80: ¿revolución o mito?

En los 80 nacieron el Frente Democrático Nacional y el PRD; empezaron, por fin, los conciertos masivos de rock; cambió la música popular; cambió la moda, de forma espeluznante. También, la vida nocturna de la ciudad de México, la televisión y la radio, mientras, dice Monsiváis, de los escombros del terremoto nació la sociedad civil. ¿Qué tan positivos fueron esos cambios? ¿Qué tan negativos? ¿Qué perdura de ellos? ¿Se justifica la nostalgia que te invade, estimado lector, cuando ves un video de la época o a tu compañero de la prepa en su tercer matrimonio? Esta semana, Tribuna se viste de marcador en los ojos, copete y humo de Mapleton.

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El nacimiento de otra televisión

Gloria Calzada

Condujo Con M de Música, A toda música y Videoéxitos.

Llegué a la tele cuando no era lo que todo el mundo quería hacer. Empezaban los 80 y estábamos fascinados con la novedad para ver/escuchar música: los videoclips. Conseguí trabajo en Cablevisión, donde lanzarían un programa de videos, los mismos que salían en MTV. Transmitíamos los sábados en vivo como de cuatro a ocho y teníamos todos los videos en cuanto se estrenaban, porque el método de conseguirlos era sencillo y sin burocracia. Simplemente dirigíamos las antenotas parabólicas al lugar adecuado --no existía el término piratería, ni fronteras virtuales-- y puesto que los videoclips fueron concebidos como herramientas promocionales, mientras más se veían, mejor. Todo se grababa en una máquina de video de una pulgada, que era como un refrigerador enorme. Las cintas guardaban una hora de material y cada sábado, para transmitir en vivo, había que cargar todas las que íbamos a usar y que pesaban como cuatro kilos cada una. Es que además de conductora wannabe, yo trabajaba en producción.

Ese era Con M de Música. Un programa pionero, sintonizado por todos los chavos de México (que tenían cable). La audiencia, súper participativa, llamaba por teléfono y contestando trivias se ganaba discos, muchas veces autografiados por las bandas. Era 1982. Muy pronto, y para los que no tenían televisión por cable, se creó A Toda Música en tele abierta, en Canal 9. Solo existían videos en inglés, pero un año más tarde nació la industria en México y el resto de los países de habla hispana. Algunos videos eran muuuuy caseros; otros, maravillosos, como los que dirigía Pedro Torres en 35 mm. Pero todos se programaban en el legendario –no es por nada– Video Éxitos, en Canal 2.

(A propósito, a principios de los 80 aún no teníamos conciertos internacionales en México. Así que el plan era ir a El Patio o al Premier. Qué antro ni que nada. Es de las cosas que más extraño. Los fines de semana nos poníamos elegantes para ir a estos centros nocturnos, donde después de cenar, a media noche, empezaba el show de Luis Miguel o Rocío Durcal, y por supuesto Emmanuel, quien era el más vanguardista en la producción de sus shows. Después de ahí, nos reuníamos en la suite de la estrella a convivir un rato y tomarnos fotos, de aquellas que se mandaban a revelar.)

            Volviendo a la tele de los 80, debo decir que ha cambiado muchísimo. La televisión era la fuente primaria de entretenimiento e información. La mayoría de las familias mexicanas se reunían frente a ella. Daba tema de conversación o discusión, porque todos veían los mismos contenidos, menos en la noche, cuando los papás la acaparaban para ver el noticiero y los niños se iban a dormir en cuanto salía la Familia Telerín. Entonces no había una tele en cada cuarto. Y la que había no tenía control remoto. Me evito el obvio comentario de que entonces no existía Internet. Pero es importante señalarlo, porque en aquellos tiempos, de alguna manera, inició el camino que acabaría en la interactividad actual. Dependíamos de los telefonistas para establecer contacto con el público. Funcionaba. El problema es que a menudo les daba flojera transcribir los mensajes completos.

Las formas de hablar, vestir, decir y hacer de quienes estábamos en la televisión tenían una influencia masiva y directa en un enorme número de personas . Yo tengo el dudoso honor de haber hecho proliferar el copetazo ochentero. Lo siento. La tele ha cambiado mucho, y me encanta. Uno de los cambios que más me gustan es la iluminación. Las luces en los 80 eran candentes, miles de watts sobre ti; ¡no tienen idea el calor! Ya no usamos el maquillaje de pancake ni se necesitan rayas oscuras para que se te vean ojos: la definición es cada día más nítida. Me encanta que hay contenidos y señales diseñadas para todos los gustos. Sobre todo, me gusta pensar que esta realidad empezó de alguna manera con aquellos programas. Qué divertido ha sido transitar por los cambios de la que antes era una caja y ahora es una pantalla plana de todos tamaños.

Lo que nunca ha cambiado es que la mejor manera de hacer televisión es en vivo.