Los 80: ¿revolución o mito?

En los 80 nacieron el Frente Democrático Nacional y el PRD; empezaron, por fin, los conciertos masivos de rock; cambió la música popular; cambió la moda, de forma espeluznante. También, la vida nocturna de la ciudad de México, la televisión y la radio, mientras, dice Monsiváis, de los escombros del terremoto nació la sociedad civil. ¿Qué tan positivos fueron esos cambios? ¿Qué tan negativos? ¿Qué perdura de ellos? ¿Se justifica la nostalgia que te invade, estimado lector, cuando ves un video de la época o a tu compañero de la prepa en su tercer matrimonio? Esta semana, Tribuna se viste de marcador en los ojos, copete y humo de Mapleton.

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La revolución del mal gusto

Ana Elena Mallet

Curadora y especialista en diseño.

Los años 80 del siglo pasado se caracterizaron por excesos, estridencia, glamour y muchas novedades. Cada vez que me atrevo a abrir un álbum de fotos para descubrir mi look de los 80, me siento ligeramente avergonzada y sólo puedo decir que sin duda aquellos años le quitaron a mi generación el miedo al ridículo.

Sería el inicio del culto al cuerpo, y Jane Fonda la influencia definitiva. Sus videos de ejercicios aeróbicos causaron furor, impulsando a mucha gente a comprar las primeras videocaseteras para poder practicar las rutinas en casa. Sus leotardos pegados en colores chillantes y sus mallas a veces a juego y otras contrastadas, se convirtieron en piezas obligadas en los armarios de todas aquellas mujeres que pretendían hacer ejercicio a la manera de Jane, pero fueron los calentadores (una suerte de calcetas tejidas que iban a la pantorrilla, nada favorecedoras) los que hicieron su camino fuera de los salones de gimnasio y se insertaron en la moda de la vida diaria, junto con otras terroríficas prendas que nos acompañaron esos años.

La década comenzó con el nacimiento de MTV en 1981; los videos harían más visibles a las estrellas de rock y de pop y su manera de vestir nos influenciaría para siempre. Las celebridades de Hollywood dejaron de ser una referencia obligada y en su lugar surgieron las súper modelos: Cindy Crawford, Elle MacPherson, Christy Turlington, Naomi Campbell y Claudia Schiffer eran el canon. El fenómeno Madonna vería la luz, y su video Like a Virgin sería sin duda una de las influencias más fuertes en cuanto a moda e imaginería. A partir de aquel 1984 muchas comenzaríamos a portar guantes de encaje, mallas caladas bajo faldas largas casi de tubo, cinturones anchos a la cadera, enormes moños en el pelo de obligado permanente, grandes flecos despeinados, decenas de pulseras de goma o gummies en las muñecas, rosarios a manera de collares y de vez en cuando alguna prenda fluorescente. El mousse se volvió el producto recurrente para dar forma a cabelleras rizadas de manera artificial. Maquillaje llamativo, sombras en azul, morado y rosa y labios seductoramente rojos fueron tendencia en aquellos años. Para las oficinistas, Gianni Versace y Giorgio Armani crearon los power suits, trajes sastre ya fueran de falda o pantalón con enormes hombreras que pretendían dar más presencia a las mujeres en el ámbito laboral. En la moda masculina regían las camisas Versace de seda y animal prints, y no podían faltar las chamarras Members Only. Guess era la marca causal para ambos sexos. Con llamativas y espectaculares campañas publicitarias.

En México los grupos juveniles tomaron la escena: Menudo, Chamos y Timbiriche se escuchaban en la radio y ocupaban los escenarios de Siempre en Domingo. Sus overoles a manera de uniformes impidieron que fueran una referencia en la moda; sin embargo, otros grupos femeninos como Fandango y Flans lideraron el camino del vestir de muchas adolescentes que, como yo, perdimos todo pudor al respecto y nos dejamos llevar por la tendencia: las faldas largas, suéteres de grandes tallas, calentadores en verano haciendo juego con zapatos de tacón, pantalones con estribos, tenis marca Crayons en colores pastel.

No puedo referirme a marcas nacionales porque en aquel entonces el mercado era limitado. No había importaciones y nos vestíamos con lo que se encontraba en las departamentales. Sin embargo, los sábados en la ciudad de México, el tianguis de la tercera sección de Chapultepec era una parada obligada para conseguir fayuca de moda: unos tenis Nike, unos jeans Jordache, unos Gloria Vanderbildt o de perdida unos Sergio Valente.

XETU, conducido por René Casados y Erika Buenfil, fue el programa de concursos que a muchos nos hizo soñar: ser artista y cantar en la tele o salir en una cita con alguna celebridad. M de Música era el programa de videos que sustituía a MTV en territorio nacional y nos acercaba a lo que sucedía allende las fronteras. Ramón Fragoso, Elsa Saavedra y Gloria Calzada eran sus conductores. Esta última, sin duda, se convirtió en un icono de la década, mujer con estilo, conductora aventajada y sobre todo una suerte de espíritu libre que dialogaba con varias generaciones. Prueba de ello fue su participación en Valores Juveniles Bacardí, un concurso de donde pretendían extraer a los nuevos talentos de la música. Cualquiera podía inscribir su grupo y tener una oportunidad en horario estelar.

Los 80 fueron los años en que todos quisimos ser artistas. Juguemos a cantar, el concurso de talento infantil que se celebraba año con año conducido por Raúl Velasco, nos brindó talentos como Juanito Farías, Lorenzo Antonio y sus hermanas, Ivette y Monique, las Vicuñitas y el Grupo Ábaco, hoy todos ellos con paradero desconocido. Fueron los años en donde los que no podíamos acceder a las audiciones de Televisa o estudiar en el CEA, bailábamos en los intercolegiales y podíamos tener nuestros 10 minutos de fama.

Los 80, para mi generación al menos, fue una década de consumismo cándido y desenfrenado. Época dorada para mercadólogos y publicistas que tenían un público dócil y dispuesto a entregar su dinero y voluntad a los caprichos más irreflexivos de la moda y la música popular. “Autos, moda y rock and roll, nuestra civilización”, diría Fandango en su momento.