¿Jugaremos el cuarto partido?

La pregunta de cada Mundial es si la selección jugará un quinto partido. Tal vez en esta ocasión esa pregunta acuse demasiado optimismo. Solemos superar la fase de grupos, pero esta vez se acumulan las moscas en la sopa: una eliminatoria bochornosa, repechaje incluido; un partido preparación grotesco contra Bosnia; un grupo que incluye a Brasil, que juega de local, más la lesión del Chapo Montes. Los dioses del futbol sonríen con crueldad cuando ven al Tri.

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Buen viento y polvos mágicos

Rafael Pérez Gay

Autor de “Sonido local”.

Sólo en sueños, esa tierra de los deseos cumplidos, México alcanzaría en el Mundial de Brasil 2014 el quinto partido, utopía y némesis del futbol mexicano. Con un buen viento y los polvos mágicos, quizá llegaremos al cuarto, lo cual quiere decir ganarle a Camerún o a Croacia, empatar con uno de los dos y dar por perdido el juego contra Brasil.

Aficionados a la infelicidad, quienes hemos seguido y sufrido a la selección mexicana en los torneos mundialistas somos una rara autoridad del fracaso. Recuerdo como entre sombras el Mundial de Chile 1962, sentado junto a mi padre oyendo por radio los juegos de la selección de Nacho Trelles. Luego recuerdo, como la misma infancia, Inglaterra 1966 y el rosario de la derrota.

Es verdad que Bora Milutinovic, Miguel Mejía Barón y Manuel Lapuente transformaron nuestra escuela de humillación en una academia de orgullo y esperanza, pero tampoco con ellos llegó el quinto juego. En el camino a Brasil 2014, Chepo de la Torre y los directivos de la Femexfut regresaron el tiempo y convirtieron al equipo nacional en un cuerpo joven atormentado por los achaques de un anciano. No creo que Miguel Herrera sea el hombre que cambie la historia del equipo y lo aparezca en un juego de alarido, un juego de cuartos de final.

No hay que ser mago: si México pasara el territorio en llamas de la primera ronda en primer lugar, por encima de Brasil, su siguiente rival sería probablemente Holanda o España, divisas del grupo B que atropellarían a Chile y Australia.

El aficionado forma parte de esa especie de seres sin esperanza que espera milagros. ¿Imaginan ustedes a México superando a la España de Del Bosque? ¿Algún creyente concibe a este equipo mexicano avanzando a la siguiente ronda derrotando a Holanda? Nadie sabe nada y los milagros se han ocultado en el último rincón del mundo.

En México70 vi a Italia zarandear a México y arrastrarlo por el césped, marcador final: 4 a 1. En Argentina 78, el equipo nacional se caía a pedazos y logró la rara flor del ridículo absoluto: Túnez no metió 3 a 1; el tren alemán nos arrolló 6 a 0; Polonia 3-México 1. La psique de los muchachos de José Antonio Roca se desintegró.

En México 86, la selección de Bora arañó la gloria y pateó los peores penaltis de la historia desde que el cura Hidalgo puso el balón en el manchón de penalti. En Estado Unidos, 1994, Mejía Barón, cuenta la historia patria, no hizo los cambios, con Hugo Sánchez al frente: adiós al torneo en penaltis. En Francia 98, los aficionados vimos al mejor equipo mexicano de todos los tiempos dirigido por Manuel Lapuente. Con los alemanes en un puño, el quinto partido estuvo a punto de hacerse realidad, pero dos chambonadas nos lo robaron. Olvídenlo: no habrá quinto juego para el equipo nacional.