¿Jugaremos el cuarto partido?

La pregunta de cada Mundial es si la selección jugará un quinto partido. Tal vez en esta ocasión esa pregunta acuse demasiado optimismo. Solemos superar la fase de grupos, pero esta vez se acumulan las moscas en la sopa: una eliminatoria bochornosa, repechaje incluido; un partido preparación grotesco contra Bosnia; un grupo que incluye a Brasil, que juega de local, más la lesión del Chapo Montes. Los dioses del futbol sonríen con crueldad cuando ven al Tri.

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      Periodista y comentarista deportivo. 
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      Comentarista deportivo.

A la altura de la historia

León Krauze

Periodista y masoquista: le va al Cruz Azul.

Como a mí no me gusta pelearme con los números ni tengo una disposición pesimista, estoy convencido de que México avanzará a la siguiente ronda en Brasil.

Vamos por partes.

Aunque a veces uno prefiera otra cosa, la historia cuenta. Y así como la historia nos da la espalda en aquello del quinto partido, la historia está del lado de México cuando se trata de superar la fase de grupos. La estadística no podía ser más clara. México ha avanzado a octavos de final en los últimos seis mundiales en los que ha participado. Muchos países no pueden decir lo mismo. Francia no puede. Argentina tampoco. México sí. En varias de esas Copas del Mundo, además, México ha jugado con auténtico brío. Y no solo eso: en al menos tres de esos torneos, el grupo de la selección pintaba para ser no complicado sino lo que le sigue. Aun así, el equipo se las ha arreglado para salir avante de esa primera fase. En el 86, el 94 y 2002, avanzó en primer lugar de grupo contra rivales como Bélgica (futuro cuarto lugar del 86), Italia (futuro subcampeón del 94) y Croacia (que traía el cartel de tercer lugar mundial en 2002). México ha avanzado a la segunda ronda en mundiales en África, Europa, Asia y América, derrotando rivales de todos los orígenes geográficos y todos los estilos de juego. Nuestra selección ha avanzado incluso jugando el dificilísimo partido inaugural, y ha logrado todo esto con un gol average de +8. Nunca, en los últimos seis torneos que ha disputado, ha recibido más goles de los que ha recibido en fase de grupos.

Esos son los números... y son muy buenos. Quien quiera ser pesimista mirando a la historia, es masoquista o ciego. Como yo no soy ninguna de ambas, concluyo que México tiene buenas posibilidades de avanzar.

Pero mi optimismo no solo arraiga en el recuerdo de viejas glorias. Creo firmemente que México es el segundo mejor equipo de ese grupo A.

El primer partido será crucial porque se juega contra el rival más débil del grupo. Ganarlo es indispensable (aunque el 94 la selección perdió el primer partido y aún así calificó, pero en fin...) La buena noticia es que Camerún ya no es lo que era. Samuel Eto'o no es el del Barcelona, ni siquiera el del Chelsea. Webo sale de lesiones. Song tiene músculo y no muchas otras cosas. Matip puede ser una amenaza, pero no hay mucho más. Lo cierto es que los leones indomables son eminentemente... domables. Para muestra remítase al partido de principios de marzo, en el que Portugal les acomodó un baile para el recuerdo. México debe ganarle a Camerún. Tres puntos.

El segundo partido se presta para la épica. Eso no quiere decir que ganarle a Brasil en su Mundial sea fácil. No. Tampoco que sea probable. No. Quizá ni siquiera es posible. Pero lo que sí es posible es pegarle un sustito y, por ahí, sacar un punto de oro. Al partido contra México, Brasil puede llegar relajado...o inmensamente tenso. Ese país no está para bollos y si, por algún milagro de la naturaleza, Croacia juega como sabe jugar en el partido inaugural, los brasileños pueden llegar a enfrentar a México con la presión a tope. Si es así, todo puede pasar. El equipo brasileño es durísimo atrás pero no necesariamente adelante. Dudo mucho que mantengan el nivel mostrado en la Confederaciones, por ejemplo. Neymar no es tampoco el que era. Creo que si México hace un partido perfecto (como ya lo ha hecho antes, por cierto), sacar un empate es posible. Pero digamos, solo para ponerlo interesante, que la selección pierde mientras que en el otro partido Croacia gana. Esto obligaría a México a ganarle a los croatas. Cero puntos, tres puntos en total.

El partido decisivo para México se jugará en la costa, en Recife, donde la temperatura promedio en junio es de 30 grados. La humedad, para esa época del año, es considerable. No es un factor meirrelevantenor. Es imposible imaginar cómodos a los croatas en un clima así. Pero pensemos en el futbol. El equipo croata tuvo problemas para anotar durante la eliminatoria. Atrás, el equipo es fiero pero lento. Además no podrá contar con Simunic, uno de sus líderes. Sí: Lovren y Corluka son cosa seria, dos torres. Pero son vulnerables si se les ataca con picardía (mire el lector el partido de eliminatoria entre la rapidísima Bélgica y los croatas: lo que les hace Lukaku, joder...) Adelante, claro, Croacia es de armas tomar. Pero Mandzukic no es Messi, y eso lo sabe hasta Guardiola. El problema para México está en el medio campo. No exagero si digo que Croacia tiene, quizá, una de las dos o tres mejores parejas de mediocampistas del mundo. La clave para México será ponerle un alto a Rakitic y especialmente a Modric (hay que sumar al chamaco Kovacic). Todos son máquinas de asistir al compañero e interrumpirlos será vital. Es, sobra decirlo, una misión difícil. Pero no imposible, ni de lejos. México puede hacerlo porque puede y porque, carajo, ya lo ha hecho antes. ¿O de verdad este mediocampo croata es mejor que el del 2002, con Kovac, Prosinecki y Soldo? ¿O mejor que el de Italia en 94 con Albertini, Berti y los dos Baggio? ¿O el de esos monstruos Cocu, De Boer y Davids? No, no lo es. Si México logra imponer cierto ritmo en el calor de la costa, puede ganar. Tres puntos, seis puntos en total.

Esos seis puntos son el pase a segunda ronda. Y esa es mi predicción. México le gana a Camerún, pierde con Brasil y le gana a Croacia. La selección está a la altura de su historia y avanza a octavos. Luego juega en octavos contra España y pierde, agónica y dolorosamente, en los minutos finales. Y todo vuelve a empezar.