¿Hay un cambio de fondo en la política de drogas?

Cómo cambian las cosas. El presidente Enrique Peña Nieto, que en algún momento anunció que no asistiría a la Sesión Especial sobre Drogas de la ONU, no sólo fue sino que volvió con una serie de anuncios que marcan un cambio rotundo en la política de drogas, al menos en lo que respecta a la mariguana. Anuncios que van de la despenalización de hasta 28 gramos, contra los cinco contemplados hasta ahora, hasta la aprobación del uso medicinal del cannabis. ¿Marcan esos anuncios un cambio real en la política de drogas? ¿Son suficientes? ¿Están bien planteados o exigen una revisión a fondo?


REGRESAR
    1. Fernando  Belaunzarán

      El primer paso

      Ex diputado federal por el PRD.
    2. Jorge Javier Romero

      Lo bueno, lo malo y lo feo

      Investigador de la UAM. Coordinador del ...
    3. Arturo Rocha

      El camino simultáneo: ...

      Investigador del CIDE.
    4. Jorge  Hernández Tinajero

      Sí, pero no

      Presidente de Colectivo por una Política ...

El diablo está en los detalles

Lisa  Sánchez

Coordinadora del Programa Latinoamericano para la Reforma de la Política de Drogas de México Unido contra la Delincuencia.

El pasado 19 de abril, el presidente Enrique Peña Nieto se dirigió al pleno de las Naciones Unidas para presentar un decálogo de acciones que constituyen la nueva posición de México frente al "Problema mundial de las drogas". Dos días después, mientras presentaba las conclusiones del "Debate nacional sobre uso de mariguana", anunció que algunas de dichas acciones podrían convertirse en ley. Para ello, envió un proyecto al Congreso de la Unión que –de aprobarse– permitirá el uso médico del cannabis y aumentará el umbral de posesión para uso personal de cinco a 28 gramos. Pero aunque la reciente apertura del primer mandatario constituye un paso en la dirección correcta, la reforma propuesta es aún insuficiente y tiene, por omisión o descuido, detalles que preocupan.

Si la intención del ejecutivo es transitar del esquema prohibicionista a la efectiva prevención y a la eficaz regulación, como se dijo en Nueva York, su propuesta necesitará ser complementada con acciones futuras que resuelvan el problema del suministro ilegal para todos los usos. Dicho eso, y sabiendo que el presidente llega tarde al verdadero debate, es preciso reconocer que lo importante es que llegó y que en materia de drogas su gobierno está dando un importante primer paso. Sabiendo que no ha sido nada fácil traerlo hasta aquí, me da gusto ver que estamos en la antesala de la mariguana medicinal legal. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que una cosa es la apertura y las buenas intenciones y otra muy distinta la realidad. Y es precisamente ahí, en el detalle de la traducción del discurso a la iniciativa, donde creo que al presidente se le colaron dos diablos: 1) la omisión de una modificación legal que permita la producción nacional de medicinas a base de cannabis y 2) el descuido de habilitar una contrarreforma que asocia la posesión simple a la comisión de otros delitos sin necesidad de demostrar intención.

Me explico. El proyecto de decreto elaborado por el Ejecutivo contempla la reforma y/o adición de ocho artículos de la Ley General de Salud, así como la modificación del artículo 195 del Código Penal Federal. En términos concretos, los cambios a la LGS significan que a la mariguana se le reconocerá "algún valor terapéutico" y que su persecución para fines no médicos y no científicos se seguirá haciendo en los términos de la "Ley de narcomenudeo" pero a partir de un piso más alto, los famosos 28 gramos (es decir, habrá delito del fuero común cuando se trate de cantidades mayores a los 28 gramos aunque menores a los cinco kilogramos, y delito del fuero federal cuando se trate de cantidades mayores a los cinco kilogramos). Sin embargo, en lo que respecta al Código Penal Federal llama la atención que no vimos ninguna modificación al artículo 198 (que tipifica la producción de mariguana como delito), y por lo tanto no sabemos si verdaderamente se quiere desarrollar una industria farmacéutica nacional en materia de cannabis y cannabinoides, y sí vimos una modificación innecesaria al artículo 195 que implica que lo que hoy no es un delito (poseer sin fines de incurrir en los delitos tipificados por el artículo 194), a partir de la entrada en vigor de los cambios propuestos se presumirá que lo es.

Dicho de otra manera: sin la eliminación de la mariguana del artículo 198 no se podrá producir medicamentos nacionales de manera legal y los pacientes deberán importar medicamentos extranjeros aun cuando somos un país productor; pero lo peor es que si hoy el artículo 195 del Código Penal Federal dice que es delito poseer con la finalidad de producir, transportar, traficar, comerciar, suministrar, etc. (obligando a que nuestras autoridades investiguen y prueben dicha intención), con la reforma se presumirá que toda posesión por encima del umbral tiene los fines de realizar los delitos antes mencionados y en consecuencia se eliminará la necesidad de demostrarlo. Un despropósito absoluto, si sabemos que una de las principales consecuencias de la guerra contra las drogas ha sido precisamente el deterioro del Estado de Derecho. ¿Entonces? Vamos o no vamos, señor presidente, porque como usted lo dijo: "miles de vidas dependen de ello".