¿Ganó o perdió el Presidente?

Vivimos unas elecciones francamente peculiares. Por un lado, el PRI y sus aliados naturales conservaron, pese a muchos pronósticos en contra, la mayoría en la Cámara, mientras los otros dos grandes partidos, PAN y PRD, sufrieron una sonora caída. Pero el asunto es mucho más complejo: triunfaron varios candidatos independientes; asomaron las narices algunas siglas más que minoritarias, incluidas las de un partido de origen evangélico; y repuntaron Movimiento Ciudadano y dos agrupaciones tan cuestionadas como el Verde y Morena. En tanto unas elecciones intermedias son siempre, en buena medida, una evaluación del trabajo del presidente, ¿qué tan contento debe sentirse Enrique Peña Nieto? ¿Disfruta en realidad de un triunfo sin paliativos? ¿Le espera un final de mandato relativamente amable, o por el contrario hay señales crecientes de tormenta?

REGRESAR
    1. Ricardo Becerra

      La madre de todas las ...

      Economista.
    2. Héctor Aguilar Camín

      Peña Nieto: un triunfo ...

      Escritor e historiador.
    3. Juan Ignacio Zavala

      Hay quien cree que ganó el ...

      Vocero del PAN 2000-2006. Columnista de Milenio.
    4. Javier Aparicio

      Votar sin instrucciones

      Profesor investigador del CIDE.
    5. José Merino

      El sano disenso

      Politólogo.
    6. Esteban  Illades

      Las elecciones del fastidio

      Editor en la revista Nexos. Su libro La noche ...

El pacto de los spots

Marco Rascón

Ex dirigente de la Asamblea de Barrios. Columnista de MILENIO.

Entre el PRI (con Verde) y el PAN, quedó garantizada una nueva mayoría en la Cámara de Diputados cercana al 70%. El pacto de los spots, mediante el insulto mutuo entre ellos, funcionó, y ahora los veremos pasar del ataque verbal a la alianza legislativa.

Gracias a la fragmentación de la anterior coalición de izquierda, se pasó del discurso "contra el PRIAN" a favorecerlo. Esta elección significa un cambio en la estructura del voto legislativo a favor de la centralización de las decisiones, pues le otorga al bloque PRI-PAN una mayoría calificada para reformas constitucionales, donde se requiere del 66%. Y es que aun sin el PVEM, entre el PRI y el PAN podrían llegar al 60%, lo cual les daría una mayoría holgada para legislar leyes secundarias y reglamentarias, hoy en día estratégicas para revertir las constitucionales. Un ejemplo es cómo en las reglamentarias dieron el vuelco a la Reforma Constitucional en Telecomunicaciones, restituyendo a los monopolios sus privilegios, que habían perdido en el texto constitucional.

De esta manera, el PRI y la presidencia de Enrique Peña Nieto son los grandes ganadores de la elección intermedia, que en perspectiva significará el restablecimiento de la alianza con el PAN como en tiempos de Carlos Salinas.

El esquema que sustituyó la alianza estructural para el proceso de privatización y de integración económica fue el empoderamiento de las minorías que le vendían a la primera minoría (es decir, el PRI y el PAN) el respaldo a las iniciativas presidenciales. Esta ingeniería hoy se debió a la fragmentación de lo que significó la coalición en torno a Andrés Manuel López Obrador, que en 2006 obtuvo el 35% y en 2012 el 33%, mientras que hoy, si se suman los porcentajes de PRD, Morena y Movimiento Ciudadano, entre todos solo alcanzan el 27%.

Es sano que todos los partidos se hayan medido, pues el PRD enfrenta la realidad de una crisis de descrédito al no alcanzar el 11%. Por su parte Morena y su carta fundamental, AMLO, tiene un 8% pese a su fuerza lograda en el Distrito Federal y en algunos estados como Campeche, pero sensiblemente perdida en Tabasco, donde cayó a un 13%, frente a un PRD mínimamente mayoritario con casi el 28% y frente al PRI que obtuvo el 27%.

Sin embargo el mal es imperfecto, y por ello la otra cara ganadora ha sido la de las candidaturas independientes, que marcarán el futuro electoral del país. Pese a sus dificultades para el registro y su poca presencia en la disputa partidaria, éstas marcarán la diferencia en las elecciones que vendrán. El resultado en Nuevo León y Jalisco modifica la perspectiva del voto y agrega al debate una fisura al sistema de partidos. Más allá de los perfiles políticos e ideológicos de los candidatos independientes ganadores, su aparición podría tener implicaciones sobre toda la estructura clientelar que caracteriza hoy al sistema de partidos, con su origen en la ciudadanía y no en la estructura de dicho sistema.

Hoy, y en 2018, las candidaturas independientes constituyen la perspectiva para el voto nulo y la abstención militante, aunque también se encuentra el peligro del divisionismo y la fragmentación que podría generar de manera perversa el mismo sistema de partidos para protegerse. Ante el nuevo bipartidismo, las candidaturas independientes, para ser factores reales en la política, deberán construir identidades políticas y programas, o de lo contrario solo jugarán el papel de comparsas de un sistema decadente.