¿Ganó o perdió el Presidente?

Vivimos unas elecciones francamente peculiares. Por un lado, el PRI y sus aliados naturales conservaron, pese a muchos pronósticos en contra, la mayoría en la Cámara, mientras los otros dos grandes partidos, PAN y PRD, sufrieron una sonora caída. Pero el asunto es mucho más complejo: triunfaron varios candidatos independientes; asomaron las narices algunas siglas más que minoritarias, incluidas las de un partido de origen evangélico; y repuntaron Movimiento Ciudadano y dos agrupaciones tan cuestionadas como el Verde y Morena. En tanto unas elecciones intermedias son siempre, en buena medida, una evaluación del trabajo del presidente, ¿qué tan contento debe sentirse Enrique Peña Nieto? ¿Disfruta en realidad de un triunfo sin paliativos? ¿Le espera un final de mandato relativamente amable, o por el contrario hay señales crecientes de tormenta?

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Hay quien cree que ganó el presidente

Juan Ignacio Zavala

Vocero del PAN 2000-2006. Columnista de Milenio.

Decir que los votos alcanzados por la alianza del PRI y sus satélites en la Cámara de Diputados es un gran triunfo del presidente es un error. No todo es la conformación de la Cámara, aunque es fundamental para poder comparar elección contra elección.

Entre las derrotas que sufre el presidente está que sus grandes socios y esbirros, los dirigentes del PAN y del PRD, han quedado por los suelos en sus propios partidos. Será muy difícil que esos liderazgos, el de Madero y el de Navarrete, vuelvan a apostar por arrojarse a los brazos de Peña y de su gobierno. Convertirse en tapete del presidente les ha costado muy caro: la fuerza que tendrán al interior de sus partidos es muy posible que se vea disminuida –por supuesto, hay que descartar la posibilidad de la renuncia en este par de individuos, pues eso requiere algo de dignidad, tema que desconocen.

No cabe duda de que uno de los grandes logros de este gobierno ha sido el de acabar con la oposición. Durante los años del Pacto por México, la oposición se degradó hasta casi desaparecer. Los presidentes del PRD y del PAN son incapaces de criticar al presidente de la República. Los ciudadanos, hartos del cinismo y la corrupción, votaron por diluir más la presencia de estas oposiciones en el ámbito federal. Tan es así que el PAN tiene su peor votación en el ámbito de San Lázaro desde 1991 y el PRD se desfonda en la capital. El voto de castigo existe, y los aliados opositores del presidente han sido reprendidos con severidad en las urnas.

Por otro lado, es claro que el partido del presidente pierde porque el PRI también pierde. Es falso que el presidente estuviera por encima del partido. En las elecciones intermedias, los partidos gobernantes normalmente hacen campaña con la figura presidencial; mal que bien, se supone que a la mitad del camino algo se ha hecho. No fue el caso. Increíblemente, el PRI no hizo campaña con la figura de Peña. ¿Por qué no? Solamente hay una respuesta: porque su imagen "no vendía". Al contrario, trataron de mantener en la medida de lo posible alejada la figura presidencial del proceso, ayudados, claro, por la mansedumbre –hay que decirlo de alguna manera– de las dirigencias opositoras, que no se atrevieron a tocar al presidente.

El presidente pierde cuando su gran aliado, el Partido Verde, aunque haya tenido una "votación histórica" –la verdad es que cualquier votación es histórica– en términos porcentuales, ha concitado el repudio de amplias zonas de la ciudadanía. Ser representado por quien incita a la rabia y a la náusea no parece ser una muy buena idea para un presidente.

Claro que pierde el presidente cuando su gobernador estrella pierde la elección en Querétaro y cuando otro gobernador de su generación, Rodrigo Medina, pierde estrepitosamente envuelto en un escándalo de corrupción familiar. Claro que pierde el presidente cuando otro gobernador, Aristóteles Sandoval, que goza de emularlo hasta en el peinado, pierde de manera apabullante en su entidad ante un movimiento encabezado por Enrique Alfaro que no solo triunfa como alcalde de Guadalajara, sino que arrasa en diputaciones locales y federales así como en los municipios cercanos y obtiene más de veinte diputaciones federales. Si uno ve las elecciones en Querétaro, Nuevo León y Jalisco, es claro que el PRI poco puede hacer en los estados que están metidos de lleno en la modernidad.

Aunque el PRI logre mayoría con el Verde y el PANAL, la vida en San Lázaro ya no será sencilla. No podemos olvidar que la legislatura del primer trienio del gobierno fue para el Ejecutivo un día de campo, un paseo en lancha, un pisar en alfombra mullida. Era la oposición convertida en patiño, en vocera del gobierno, en ejecutora de la voluntad oficial. Ahí estarán, reclamando, los diputados de Movimiento Ciudadano, los de Morena, y no se descarta a algunos con cierto decoro que formen parte de las bancadas del PAN y del PRD, así que no parece todo tan bonito. Además recordemos que no es lo mimo Beltrones al frente que el Señor de los Relojes: César Camacho, un hombre que en materia de limitaciones se entiende a la perfección con sus pares Madero o Navarrete.

En el colmo de la arrogancia o de la torpeza –como se quiera ver–, el vocero presidencial, Eduardo Sánchez, declara que El Bronco ganó gracias a las reformas de Peña. Si el gobierno ve así las cosas, por supuesto que el presidente es el gran ganón de la elección, pues triunfó en Nuevo León en todos los puestos de elección, aplastó en Jalisco por el desmedido apoyo que dio a Alfaro, ganó en Querétaro y Baja Sur y se recuperó en el Distrito Federal gracias a los votos de Morena que tanto ha impulsado desde Los Pinos. Visto así, ganaron el presidente y sus ideas y a lo mejor solamente perdió el PRI.

@juanizavala