¿Ganó o perdió el Presidente?

Vivimos unas elecciones francamente peculiares. Por un lado, el PRI y sus aliados naturales conservaron, pese a muchos pronósticos en contra, la mayoría en la Cámara, mientras los otros dos grandes partidos, PAN y PRD, sufrieron una sonora caída. Pero el asunto es mucho más complejo: triunfaron varios candidatos independientes; asomaron las narices algunas siglas más que minoritarias, incluidas las de un partido de origen evangélico; y repuntaron Movimiento Ciudadano y dos agrupaciones tan cuestionadas como el Verde y Morena. En tanto unas elecciones intermedias son siempre, en buena medida, una evaluación del trabajo del presidente, ¿qué tan contento debe sentirse Enrique Peña Nieto? ¿Disfruta en realidad de un triunfo sin paliativos? ¿Le espera un final de mandato relativamente amable, o por el contrario hay señales crecientes de tormenta?

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Votar sin instrucciones

Javier Aparicio

Profesor investigador del CIDE.

Según el conteo rápido del INE, la participación electoral de la pasadas elecciones fue de 47%. Más de la mitad de los ciudadanos empadronados se abstuvieron de votar pero, para como pintaban las cosas apenas una semana antes de las elecciones, 47% no es una mala cifra. De hecho, es superior a las de 2009 y 2003. Hubo varias sorpresas en esta elección. A nivel federal, la primera sorpresa es que la coalición del PRI, PVEM y PANAL mantendrá la mayoría de la Cámara. En términos generales, ni los propios encuestadores apostaban por ello. Y si vemos la evidencia comparada, en la mayor parte de los regímenes presidencialistas los partidos en el poder pierden escaños en sus elecciones intermedias.

El PRI pasó de 31.9 a 30.3% del voto nacional. El PVEM, con todo y su agresiva campaña, pasó de 6.1 a 7.3%. Ese punto porcentual le costó más de 500 millones de pesos de multas. A final de cuentas, los votos de PRI y Verde sumaron 37.7%, apenas unas décimas menos que el 38% obtenido en 2012. A pesar de tener prácticamente los mismos votos, la coalición PRI, PVEM y Nueva Alianza tendrá más curules que antes y mantendrá su mayoría. ¿Por qué? Porque enfrentó a una oposición debilitada y fragmentada.

Lo que ocurrió con los partidos de oposición también fue sorpresivo para muchos. El PAN, que obtuvo el tercer lugar en 2012, perdió aún más votos. En 2012 tuvo 25.9% de los votos para diputados federales y ahora apenas alcanzó el 21.8%. Los panistas dirán que son la segunda fuerza en el Congreso, pero lo cierto es que perdieron cuatro puntos porcentuales respecto a 2012. Y eso son millones de votos.

Muchos anticipaban que el PRD perdería una gran cantidad de votos frente a Morena, el partido de López Obrador. Pocos imaginaban que Morena conseguiría 9% del voto nacional y que el PRD se desplomaría hasta el 11.5%. Entre PAN y PRD perdieron 4 y 7% de las preferencias, mientras que Morena consiguió 9%. Por su parte, Movimiento Ciudadano pasó de 4% en 2012 a 6.9% este año; a tiro de piedra del Verde, y con un nuevo centro de gravedad en Guadalajara.

En resumen, los tres partidos "de siempre" perdieron votos. Y todos los partidos pequeños aumentaron o mantuvieron su fuerza, salvo el PT que quizá perderá el registro. En el corto plazo, la fragmentación del voto ayuda al partido en el gobierno. Sin embargo, en el largo plazo la coalición gobernante será vulnerable ante una coalición opositora de izquierda o derecha.

La fragmentación del voto es mucho más clara si vemos el panorama de las elecciones locales. Al menos cinco de las nueve entidades con gubernaturas en juego tendrán alternancia. Solo cinco de los 16 congresos estatales renovados este domingo tienen mayoría priísta. ¿Alguien hubiera anticipado que el PRD perdería el control de la Asamblea y de la mayoría de las delegaciones tan de súbito? ¿Quién hubiera imaginado hace unos años que un candidato de Movimiento Ciudadano derrotaría a PRI y PAN en Guadalajara? ¿O que un candidato independiente ganaría la gubernatura de Nuevo León por tan amplio margen?

Este domingo los ciudadanos demostraron, una vez más, que no necesitan instrucciones para votar de parte de "los expertos analistas", que la credibilidad de los partidos y candidatos importa, que la frivolidad de las campañas no tanto, y que están dispuestos a seguir castigando a los malos gobiernos.

Queda por ver el desempeño del nuevo Congreso y los nuevos gobiernos locales. Pero desde ahora podemos adelantar que el país es más plural que su Congreso y, con algo de suerte, esto beneficiará a nuestro sistema político.

@javieraparicio