¿Ganaremos la Copa América?

México llega con una especie de handicap a la Copa América, que empieza este 3 de junio: parte como favorito, o al menos como muy serio contendiente, y ya sabemos que habitualmente se nos da mejor el bajo perfil. Y es que hay buenas razones para el optimismo: la Selección juega en los Estados Unidos, es decir de local, lleva un plantel que incluye a varios jugadores con notables campañas en Europa y, sobre todo, enfrenta a equipos que en ningún caso atraviesan su mejor momento, entre lesiones de jugadores clave, crisis que son más bien francas decadencias como la brasileña y búsquedas de estilo como la chilena. ¿Sabremos, ahora sí, administrar la abundancia?

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Mejor no hablar del clima…

Jorge Ernesto Witker

Periodista deportivo. Colabora en TDN, “La Razón”, “La Opinión”, Radio Fórmula y “As México”.  

Las frías estadísticas cuentan maravillas. La Selección Nacional de México tiene casi un año sin perder un partido, apunta una cadena de ocho triunfos consecutivos y más de 10 horas sin recibir un gol. Síntomas inequívocos de que goza de buena salud pese a haber tenido en el trayecto tres distintos entrenadores, todos de perfiles dispares.

El arranque de la Era Osorio no ha podido entregar mejores cuentas e invita al optimismo propio y extraño. Hasta el entrenador Jorge Sampaoli, campeón de la Copa América con Chile el año pasado, se atrevió a otorgarle a México la etiqueta de favorito al título de esta Copa América Centenario, a la que ningún equipo llega más embalado.

Subcampeón continental en Ecuador 1993 y Colombia 2001, el futbol mexicano parece obligado esta vez a dar el pequeño gran paso que le hace falta, aprovechando que jugará el torneo en "territorio amigo", casi como en casa.

Luego de dos fiascos recientes, en Argentina 2011 y Chile 2015, por haber acudido al torneo con equipos alternativos que no fueron capaces de ganar ni un partido y quedaron eliminados en la fase de grupos, esta vez no habrá pretexto.

México participa con sus mejores hombres –salvo los autoexcluidos Carlos Vela y Giovani Dos Santos– y muchos de ellos llegan al evento tras tener sus mejores campañas en el futbol europeo. A un elenco de gente ya consolidada como Moreno, Guardado, Hernández, Aguilar, Herrera u Ochoa se unen veloces jóvenes promesas como Corona, Lozano o Pizarro, que sólo necesitan explotar en un gran evento para lanzar definitivamente sus carreras al estrellato.

Claro que enfrente hay rivales de jerarquía. Imposible obviar lo que representan Argentina, Uruguay y Brasil, las tres selecciones más ganadoras en la historia de esta justa. A las tres las inundan las dudas. Lionel Messi y Luis Suárez llegan lastimados a Estados Unidos y Neymar, que fue apartado para que pueda jugar los Juegos Olímpicos de Río, le hará falta al equipo de Dunga, al que hoy en día se le maltrata en cualquier comparación con su ilustre pasado.

Para los apostadores, Argentina es la gran candidata. Luego de perder las Finales del Mundial de Brasil 2014 y de la Copa América 2015, la hora de que Messi y compañía acaben de una buena vez con una sequía de 23 años parece marcada, pero el desempeño reciente de la Albiceleste no ha sido en absoluto convincente.

Tampoco se debe descartar de antemano a otras selecciones que poseen equipos muy competitivos como Chile, vigente campeón, Colombia, que sólo ganó el certamen en casa en 2001, y Ecuador, que nunca pudo dar la vuelta olímpica y hoy es uno de los líderes en el camino a Rusia 2018.

Sin embargo, históricamente las selecciones sudamericanas suelen restarle importancia a su competencia teóricamente estelar cuando, como ocurre ahora, están implicadas en la larga y extenuante eliminatoria mundialista, que lleva disputadas apenas seis de sus 18 jornadas.

Por todo ello, las opciones reales de México, al menos en el papel, parecen aumentar. El problema es que cargar el cartel de "favorito" y estar "obligado" a la trascendencia no suele ser el prólogo del éxito para los representantes aztecas, que con la mesa servida para el banquete se han declarado inexplicablemente indispuestos, como los Tigres ante River Plate o los Pumas contra el modesto Independiente del Valle.

Osorio debe estar consciente de que en ese banquillo las cosas suelen variar dramáticamente. A varios de sus antecesores la peor tormenta les sorprendió con bloqueador y en calzoncillos. "Chepo" de la Torre parpadeó lo suficiente para pasar del éxito a la lepra en un insólito viraje que suele ser habitual en la historia de la Selección Mexicana, tan ingeniosa para escaparse del desastre como para fugársele a la gloria.

De todos modos los progresos de este deporte en nuestro país, aun entre absurdos vaivenes, son evidentes. El problema es que en este mundo los pronósticos del tiempo que anticipan días soleados incuban granizo.

Por eso es mejor no hablar del clima...