¿Estamos listos para una Presidenta?

Por supuesto, en México abundan las mujeres con experiencia en las lides políticas. También, sobra decirlo, las mujeres con preparación académica, fogueadas en los negocios, con dotes de liderazgo. Mujeres, en fin, perfectamente capacitadas para gobernarnos. Pero el anuncio de Margarita Zavala de que peleará por la Presidencia despierta otras inquietudes: ¿hay en efecto condiciones para que una mujer acceda a la Presidencia? ¿Las leyes garantizan una mínima equidad en la competencia o, dada la sucia realidad, son deficientes sino es que decorativas? ¿Se han disipado las pulsiones machistas de un número suficiente de votantes? ¿Cuenta una candidata con el apoyo de sus pares o en realidad no votan las mexicanas con perspectiva de género?




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El problema de ser subalterna

Ana Ávila

Coordinadora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE)

Recuerdo que en uno de los casos acompañados por GIRE, una fiscal, al interrogar a una menor violada por el padrastro, le preguntaba por qué no lloraba; que cómo le iba a creer que había sido abusada si lo decía con tanta calma. La niña estaba absorta porque hacía tantos años que el abusador la violentaba que lo tenía interiorizado y, de cierta forma, normalizado. Una pensaría que si la niña es atendida por una mujer, dentro de un poder judicial tan masculinizado, la empatía y la solidaridad serían casi naturales, pero no es así. El sexo no determina la perspectiva de género ni mucho menos la sensibilidad para tratar asuntos donde hay marginación, discriminación e interculturalidad.

Ser mujer no es garantía de que se luchará por la igualdad, ni tampoco quiere decir que se representa a ese 50% de la población mexicana que padece doblemente los problemas del país por el simple hecho de ser mujer. Así pues, ¿una candidata a la presidencia nos ayuda a las mujeres? No necesariamente. Siempre dependerá de la persona en particular. Por ejemplo, de qué servía que Josefina Vázquez Mota aspirara a jefa de Estado si decía que iba a gobernar con “pantalones”. Qué, ¿no se puede con falda? ¿Por qué la alusión machista? ¿No basta con ser mujer para tener carácter?

La semana pasada, Margarita Zavala anunció sus deseos por contender a la presidencia. Sin duda es buena señal que haya mujeres en la competencia; entre más, mejor. Y no sólo como candidatas, debería haber muchas más en puestos de poder, en el servicio público y en el sector empresarial.

Al lanzarse a la carrera presidencial a través de un video, Margarita Zavala dijo que recorrerá el país, que escuchará y construirá un gobierno de la mano de la gente. No es la primera vez que se habla de construir diálogo mientras se recorre el territorio nacional; tanto candidatos como candidatas generalmente lo ofrecen. Está el caso de Ricardo Monreal, quien luego de triunfar en las pasadas elecciones para ocupar el puesto de delegado en Cuauhtémoc, instaló una mesita para escuchar las necesidades de los habitantes por cuyos intereses debe velar.

Cuál es la posición que ocupa quien escucha y cuál es la del que habla… La jerarquía y el lugar donde se está ubicada(o) contienen cargas culturales, sociales y económicas. En México, esas cargas están atravesadas por una sociedad racista, discriminatoria y machista; así pues, el diálogo se da entre jerarquías que representan distancias. La candidata(o) o la funcionaria(o) que escucha, ¿concede/permite o de veras habla/escucha desde la igualdad? ¿Se está construyendo ciudadanía o se está asentando el poder?

En GIRE también hemos sabido que en los servicios de salud hay médicos hombres que, al recibir mujeres con hemorragias ya sea por abortos provocados, abortos espontáneos o con pérdidas de embarazo, se preocupan por atenderlas. Esos médicos que priorizan el derecho a la salud y la vida de la mujer tienen mucho más perspectiva de género que la fiscal que molestaba a la niña violada. En ambos casos el ser mujer u hombre no quería decir nada.

Una candidata o candidato, funcionario o funcionaria que escucha con la conciencia de las prácticas hegemónicas que pesan sobre las mujeres, que sabe que las persiguen, las criminalizan (como en el caso de las mujeres que fueron exhibidas por la Procuraduría de Chihuahua, una por haber abortado y otra porque la ayudó), actúa con perspectiva de género sin tener que ser necesariamente una mujer.

México está listo para una mujer presidenta, sin duda. Sería ideal que buscara una sociedad igualitaria y que cuando escuche, no haga hablar a una subordinada, empleada, mujer en pobreza o indígena, sino a una igual, pues también ella –dentro de su esfera de poder y privilegio– está atravesada por “el problema de ser una subalterna” simplemente por haber nacido mujer mexicana en un contexto machista.