¿Estamos listos para una Presidenta?

Por supuesto, en México abundan las mujeres con experiencia en las lides políticas. También, sobra decirlo, las mujeres con preparación académica, fogueadas en los negocios, con dotes de liderazgo. Mujeres, en fin, perfectamente capacitadas para gobernarnos. Pero el anuncio de Margarita Zavala de que peleará por la Presidencia despierta otras inquietudes: ¿hay en efecto condiciones para que una mujer acceda a la Presidencia? ¿Las leyes garantizan una mínima equidad en la competencia o, dada la sucia realidad, son deficientes sino es que decorativas? ¿Se han disipado las pulsiones machistas de un número suficiente de votantes? ¿Cuenta una candidata con el apoyo de sus pares o en realidad no votan las mexicanas con perspectiva de género?




REGRESAR
    1. Natalia Calero

      Pero ¿México puede ser ...

      Asesora de la Dirección de Derechos Humanos de ...
    2. Galia García Palafox

      30 años para que llegue la ...

      Editora en jefe de Milenio Digital.
    3. Ana Ávila

      El problema de ser subalterna

      Coordinadora del Grupo de Información en ...

La pregunta correcta

Ximena Andión Ibáñez

Directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir. 

En años recientes se ha logrado que los espacios públicos de toma de decisiones, por ejemplo el Congreso, estén integrados por mujeres y hombres (aunque la presencia de mujeres sea aún menor). A diferencia de momentos en la historia donde la participación política era un espacio exclusivo para hombres, hoy es usual que en los periodos electorales tengamos candidatas postulándose en todos los niveles, incluido la Presidencia. Los avances han sido significativos. Sin embargo, parte del debate se mantiene en si “estamos preparados” para tener una mujer presidenta.

Quizás la primera pregunta que debemos hacernos es ¿qué significa decir que una sociedad está “preparada” para tener una mujer como máxima dirigente del país? Es posible que las sociedades no estén nunca plenamente “preparadas” para transformaciones socio-culturales de carácter simbólico tan profundas, si es que estamos entendiendo esto como que no haya resistencias ni inercias al respecto. Es por esto que la pregunta obligada no es sobre nuestra preparación. Resulta más pertinente reflexionar sobre cuáles son las condiciones necesarias para que una mujer pueda llegar a la Presidencia y que es lo que realmente significa esto.

A nivel normativo, las condiciones están plenamente dadas. México tiene leyes de avanzada en materia de participación política, incluyendo la reciente reforma en materia de paridad. Las reformas legislativas y la jurisprudencia que se han dado en los últimos 15 años han acelerado de manera muy importante que las mujeres conquisten espacios de toma de decisiones. A nivel socio-cultural, el hartazgo y la falta de legitimidad de la clase política “tradicional” ha llevado a muchos sectores de la población a votar por mujeres con la esperanza que exista una “forma distinta de hacer política” (lo que ocurre a veces, pero no en todos los casos).

Las mujeres son hoy más votadas y han acumulado una experiencia muy importante en la gestión pública. Aunado a lo anterior, existe ya una masa crítica de mujeres al interior de los espacios de toma de decisiones que, sin duda, ha permitido que se den cambios importantes en materia de igualdad de género. A pesar de esto, persisten obstáculos –muchas veces invisibles– que frenan la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres en el ámbito de la participación política. Continúan el estigma y la discriminación para las mujeres que participan en estos espacios por parte de la sociedad, los medios y los propios partidos políticos; las dobles y triples jornadas para las mujeres, quienes siguen siendo las principales responsables del trabajo doméstico y de cuidado (de hijos, adultos mayores y enfermos), coartan  la posibilidad de avanzar en una carrera política.

El techo de cristal y el piso pegajoso siguen siendo lo cotidiano.

En este contexto, es importante entender que tener una mujer Presidenta no significaría necesariamente que la discriminación hacia las mujeres haya terminado, como tener un Presidente afroamericano en Estados Unidos no significa que ya no exista discriminación contra ese sector de la población en aquel país. La prevalencia de la discriminación significa que llegar a estas posiciones aún se relaciona necesariamente con tener una posición de cierto privilegio. Sin embargo, no se puede negar que a nivel simbólico tener una Presidenta sería muy importante, sobre todo en un país como México, donde la figura presidencial tiene un rol tan significativo.

Tampoco se puede afirmar que porque una mujer gobierne, ésta lo hará “mejor y diferente” a los hombres. Ni tampoco que por ser mujer tendrá un compromiso con el avance de los derechos de las mujeres y la igualdad de género. Desmitificar esto es importante. Hay que votar por las mujeres por sus competencias, perfil y propuestas de la misma manera que deberíamos hacerlo por los hombres.

México vive hoy una crisis muy grave a nivel social, económico y político. Para poder superar esta situación es fundamental que las plataformas de las y los candidatos presidenciales contengan un proyecto de país sólido y propuestas concretas para erradicar las desigualdades (incluida la desigualdad de género), la corrupción y la impunidad. Será fundamental lograr que uno de los ejes de este proyecto, tanto de candidatas mujeres como de candidatos hombres, sea desarrollar verdaderas políticas de género que no sólo hagan avanzar los derechos de las mujeres, sino que logren cambios estructurales a nivel socio-cultural que transformen la forma en que nos relacionamos las mujeres y los hombres, la manera en que entendemos el mundo.

Un gran error será que las mujeres candidatas digan que la sociedad debe votar por ellas porque son mujeres. Necesitamos candidatos y candidatas presidenciales que puedan contribuir a darle rumbo al país, que reconozcan los graves problemas que enfrentamos y que más que lealtad a un partido, demuestren un compromiso con las personas. Mujeres y hombres tenemos las mismas competencias para gobernar este país. La pregunta es qué propuestas ofrecerán las y los candidatos a esta sociedad cansada de promesas incumplidas y de retóricas estériles.

Fortalezcamos las plataformas de candidatas y candidatos, al tiempo que nos comprometemos como sociedad a erradicar la discriminación y las desigualdades. Y votemos por mujeres brillantes y comprometidas.