¿Es hora de reinventar la CNDH?

La Comisión Nacional de Derechos Humanos no es exactamente Miss Popularidad. La administración de Raúl Plascencia, que concluye en noviembre, ha vivido acompañada de críticas de alto octanaje por la suavidad de sus intervenciones en casos que sacudieron a la sociedad entera (recordemos el de la muerte del menor José Luis Tehuatlie), su contrastante propensión a torpedear a otras instituciones, por ejemplo la UNAM, su adicción a los medios y, en suma, su incapacidad para defender… Los derechos humanos, nada menos. Al cierre de caja, con la elección en puertas, se disparan las preguntas. Más allá de la conveniencia de que Plascencia cumpla otro ciclo, ¿qué reformas de fondo necesita la CNDH? ¿Ha llegado el momento de pensar en un rediseño institucional, una reingeniería capaz de volverla más eficaz y más inmune a las componendas con el poder político? Pasen y lean, queridos lectores. Sobre todo, escriban. Somos todo ojos.

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Repensar la CNDH

Gabriela Rodríguez Huerta

Directora de la Maestría en Derechos Humanos del ITAM.

A punto de concluir el período del actual presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), se han escuchado en los medios, el sector académico y la sociedad civil algunas voces que no sólo cuestionan la actuación de su actual titular, exigiendo inclusive un juicio político en su contra por una serie de omisiones en la defensa de los derechos humanos, sino cuestionando la utilidad y existencia de dicho órgano autónomo. La CNDH tiene como objetivo la protección, observación, promoción, estudio y divulgación de los derechos humanos previstos en el orden jurídico mexicano. Al no tener un carácter jurisdiccional, su legitimidad radica en su autoridad moral para que sus recomendaciones sean acatadas, independientemente de que con la reforma en esta materia el Senado podrá llamar a comparecer a los servidores públicos responsables para que expliquen el motivo de su negativa a acatar una recomendación. Sin embargo, ¿de qué sirve éste mecanismo de control si no hay recomendaciones, éstas no reflejan la realidad nacional, no están bien formuladas o no son acatadas? La CNDH ha sido objeto de numerosas observaciones tanto por organizaciones de la sociedad civil nacional como internacional; la comisión es ineficiente en muchos aspectos, pero sobre todo en su función principal, la defensa de los derechos humanos.

Tal vez es un buen momento para cuestionar cuáles deben de ser las funciones de la CNDH, su tamaño, su presupuesto y su gasto. El gasto que se ejerce en nuestro país en la defensa de los derechos humanos es enorme, y gran parte del mismo lo ejerce la CNDH. Su gestión administrativa y operativa ha sido objeto de investigación tanto por el sector académico como por organizaciones de la sociedad civil; no hay trasparencia en el gasto de la comisión ni control en el uso de los recursos. ¿Necesitamos una comisión qué se “anuncie” en el radio y la televisión? ¿Qué emita folletos informativos sobre derechos y deberes? ¿Qué tenga un centro de investigación en derechos humanos? ¿O que sea una opción real para la defensa y protección de los derechos humanos? Hay que repensar a la CNDH; sus funciones, presupuesto, tamaño, gastos y capacidades reales de investigación, incidencia y protección de los derechos de los más desprotegidos. La Comisión no es, hoy en día, una institución confiable para las víctimas de violaciones de los derechos humanos ni su función es una amenaza real para las autoridades. La CNDH debe ser una institución de resultados, solamente así se verá fortalecida y generará confianza entre la población. Debe ser transparente y cercana, ser coadyuvante de las víctimas en la defensa judicial de sus derechos y ejercer sus funciones con responsabilidad y respeto por las esas víctimas.