¿Es hora de reinventar la CNDH?

La Comisión Nacional de Derechos Humanos no es exactamente Miss Popularidad. La administración de Raúl Plascencia, que concluye en noviembre, ha vivido acompañada de críticas de alto octanaje por la suavidad de sus intervenciones en casos que sacudieron a la sociedad entera (recordemos el de la muerte del menor José Luis Tehuatlie), su contrastante propensión a torpedear a otras instituciones, por ejemplo la UNAM, su adicción a los medios y, en suma, su incapacidad para defender… Los derechos humanos, nada menos. Al cierre de caja, con la elección en puertas, se disparan las preguntas. Más allá de la conveniencia de que Plascencia cumpla otro ciclo, ¿qué reformas de fondo necesita la CNDH? ¿Ha llegado el momento de pensar en un rediseño institucional, una reingeniería capaz de volverla más eficaz y más inmune a las componendas con el poder político? Pasen y lean, queridos lectores. Sobre todo, escriban. Somos todo ojos.

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A ojos de la sociedad

Angélica De la Peña

Preside la Comisión de Derechos Humanos del Senado.

La reforma en materia de derechos humanos del 11 de junio de 2011 debiera influir en cambios sustanciales en nuestras vidas cotidianas, porque mandata a todas las autoridades al reconocimiento progresivo de los derechos humanos de todas las personas, protegiéndolas de cualquier discriminación a partir de la interpretación rectora del principio propersona. Esto significa, ni más ni menos, que la eficiencia de la actuación de las instituciones y de la justicia deberá plasmarse al tamiz de los derechos humanos reconocidos en nuestra Constitución y en los tratados de los que México sea parte; se deberán, por lo tanto, privilegiar las normas que brinden mayor protección a las personas.

Es una potestad del Congreso de la Unión y de los congresos de las entidades federativas establecer organismos de protección de los DH, con carácter autónomo para que en sus tareas de prevenir y enmendar violaciones a los derechos humanos actúen con la independencia que requiere su plena eficacia. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos goza de autonomía desde la reforma constitucional del 13 de septiembre de 1999. A 15 años de su autogestión y con las facultades que le fueron conferidas en la reforma de 2011, conviene reflexionar si su desempeño está a la par del fortalecimiento de su patrimonio y de sus recursos, pero sobre todo del mandato constitucional de actuar con decisión, imparcialidad, independencia y prontitud al investigar violaciones graves de los derechos humanos.

Análisis, reflexión y evaluación, son importantes tareas que tiene el Senado de la República de cara al próximo mes de noviembre, cuando debamos decidir la elección de un nuevo ombudsman o la reelección del actual. Sin duda alguna, estamos obligados a ajustarnos a un procedimiento de consulta pública que deberá ser transparente, con la mayor difusión posible y que cumpla con las expectativas de la sociedad.

No sobra recordar que en esta legislatura la Cámara de Diputados fortaleció el presupuesto de la CNDH. El Senado emprendió dos elecciones para designar a seis consejerías de su consejo consultivo, y ambos procesos se apegaron a lo que establece el artículo 102 apartado B. Y aunque se requería de una votación favorable de dos terceras partes, fueron resueltos por unanimidad tanto en la Comisión de Derechos Humanos como en el pleno.

Compartimos la certeza de que la tarea de uno de los organismos autónomos más emblemáticos, de los que despiertan mayores expectativas y de los que se espera mayor eficacia por tratarse de la protección de los derechos humanos frente a prácticas arbitrarias, injustas e ilegales, debe reflejarse en su buena calificación y el reconocimiento social, porque tiene que contribuir desde el ámbito de sus competencias al mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad y el desarrollo de cada persona en lo individual.

En el Senado estamos obligados a hacer un balance de esta gestión. Hoy la CNDH es uno de los organismos en el mundo con mayor presupuesto, de manera que, suponemos, cuenta con el personal docto y especializado que debería atender de manera certera todos los asuntos que llegan a su ámbito. Por eso llaman la atención los cuestionamientos de su conducción respecto a algunos asuntos, en los que se esgrime parcialidad, ineficacia, falta de atención oportuna a víctimas o una autonomía inconsistente. De la CNDH se espera mucho. De eso justamente trata la protección de los derechos humanos.