¿Es hora de que Vergara venda a las Chivas?

Como gordo en tobogán: así parecen lanzarse al descenso las Chivas de Vergara, un empresario que no se hizo rico con el club pero que gracias a éste se convirtió en una figura pública. Y le ha dado vuelo a la hilacha: inmune a la autocensura, ironiza, regaña y alecciona sin tregua frente a las cámaras. Hoy, paga “por donde más había pecado”: los medios le caen a patadas. Pero ¿es el único responsable de la hecatombe? ¿Hasta qué punto influyen la  historia, la estructura misma del futbol mexicano, el público? ¿Qué tiene al Campeonísimo al borde del KO?

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La maldición de la sagrada tradición

Rafael Ocampo

Director de La Afición.

Hay quienes olvidan que las Chivas, el equipo más popular del futbol mexicano, estaba a punto de desaparecer poco antes de que llegara Jorge Vergara a rescatarlo. Eso fue hace ya 12 años.

Vergara, un empresario desconocido para el gran público, llegó y puso mucho de su dinero para conseguir lo que desde mi punto de vista debe reconocerse como su aportación más firme: conseguir que las Chivas volvieran a esperanzar a sus millones de seguidores, alejar al equipo de la vergüenza y el descrédito por la pobreza de sus arcas.

La gente que le va a las Chivas, de verdad, debería de guardarle un agradecimiento permanente a este hombre al que algunos o muchos se atreven a repudiar. Con Vergara como propietario las Chivas han jugado muy bien, bien, mal y muy mal. Ningún otro de los grandes equipos del futbol mexicano puede presumir, en estos mismos años, que no haya vivido lo mismo. Empezando por el América, que hoy tantos elogios recibe.

Seamos justos.

Y en esa misma tónica de apego a la verdad, por supuesto que hay que señalar también errores del empresario. Quita y pone no sólo entrenadores, sino directivos, sin darles el tiempo y la confianza que se requiere para asentar los proyectos. Promete demasiado, genera expectativas que suenan un tanto gratuitas y falsas. A veces pareciera que todo está a expensas de sus caprichos.

Tiene que mejorar Vergara su toma de decisiones. No dar tantos bandazos, no exhibirse en el error. No puede un equipo como Chivas estar sujeto a tantos vaivenes.

Si ahora apostó por Rafael Puente del Río como máximo directivo, tiene que respaldarlo hasta las últimas consecuencias. Haría bien asimismo en apostarle de manera firme al mexicano-catalán Albert Benaiges en la formación de jóvenes jugadores.

Los que quieren que Vergara venda al equipo pueden quedarse esperando. El propietario de Omnilife ha dicho y repetido hasta el cansancio que no piensa ni quiere vender a las Chivas. ¿Así que para qué plantearse algo que no va a suceder? Además, ¿vendérselo a quién? ¿No está más que visto que no hay otros empresarios fuertes en México que quieran hacerse de un equipo de futbol? ¿Quién compraría a las Chivas? ¿Televisa? ¿Televisión Azteca? ¿Telmex?

No cuestiono, pues, para nada la propiedad de Vergara. Reconociendo su aporte a la historia de Chivas, sí creo que para mejorar su presente y garantizarse un futuro mejor, el empresario debe realizar ajustes a partir de una autocrítica dura y honesta.

Y a todos los que le van al Guadalajara les haría muy bien situarse ante una realidad: mantener un equipo en el que sólo pueden jugar futbolistas mexicanos es una limitante importante. Compartan pues, con el hombre que pone el dinero para mantener al equipo de futbol que tanto los mueve, el riesgo de mantener esa sagrada tradición.