¿Es hora de que Vergara venda a las Chivas?

Como gordo en tobogán: así parecen lanzarse al descenso las Chivas de Vergara, un empresario que no se hizo rico con el club pero que gracias a éste se convirtió en una figura pública. Y le ha dado vuelo a la hilacha: inmune a la autocensura, ironiza, regaña y alecciona sin tregua frente a las cámaras. Hoy, paga “por donde más había pecado”: los medios le caen a patadas. Pero ¿es el único responsable de la hecatombe? ¿Hasta qué punto influyen la  historia, la estructura misma del futbol mexicano, el público? ¿Qué tiene al Campeonísimo al borde del KO?

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    1. Daniel  Moreno

      Ya es hora

      Director de Animal Político.
    2. José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

      Vergara no debe irse, debe ...

      Colaborador de “La Afición” y “As”.
    3. Rafael Ocampo

      La maldición de la sagrada ...

      Director de La Afición.
    4. Antonio  Ortuño

      Un equipo en situación de ...

      Escritor. “Chiva” en suspensión de actividades.

La comodidad de la crisis

Alejandro Rosas

Historiador.

Comenzó el siglo XXI y con la nueva centuria llegó para quedarse un nuevo deporte, favorito de propios y extraños: el linchamiento público y mediático. El “primero dispara y luego veriguas”, tan mexicanote, ha permeado todos los ámbitos de la sociedad. De la política al deporte, sin escalas y con todos los gastos pagados. No importa quién lo hizo, sino que haya alguien que lo pague.

Los aficionados al futbol, particularmente la Nación Chiva, y un sinnúmero de medios de comunicación ya juzgaron y dictaron sentencia: el único responsable de la crisis que tiene postrado al club Guadalajara en la actualidad es su dueño: Jorge Vergara, tipo pagado de sí mismo, soberbio, echador, entrometido, que logró desdibujar al otrora Campeonísimo con todo éxito.

Y sin embargo, nada es lo que parece. Para explicar la crisis del equipo, la memoria colectiva es tan corta que se detiene en 2002, cuando Vergara adquirió a las Chivas. Ese momento, de acuerdo con los fanáticos del club, fue el parteaguas, el inicio de la debacle.

Personalmente, como dice la canción de Molotov, “A mí me vale Vergara” y lo que pueda pasar con el célebre equipo Guadalajara, pero dos asuntos que tienen su origen en la falta de memoria colectiva son inquietantes. El equipo ha sido sobredimensionado con el tiempo: la idea de unas “superchivas” a lo largo de toda la historia del club es una fantasía, y su nacionalismo ramplón y trasnochado explicarían en buena medida la crisis que atraviesa en la actualidad el Rebaño Sagrado.

 

Como chivas locas

El equipo fue formado en 1906; dos años después fue bautizado con el nombre de Club Deportivo Guadalajara y durante los siguientes 37 años jugó a nivel amateur. En 1943 fue profesionalizado el balompié y se organizó la Primera División del futbol mexicano. El Guadalajara comenzó así su historia en la máxima liga del futbol. Y como el burro que tocó la flauta, en 1948 surgió el famoso sobrenombre del equipo, luego de que el periódico El Informador de Guadalajara señalara en una de sus crónicas que los futbolistas habían “corrido como chivas locas en un mal juego".

De 1943 al 2014 han transcurrido 71 años, en los cuales las Chivas han conseguido 11 títulos de liga ¡nada más! Los primeros 12 años –los mismos que lleva Vergara–, el equipo no consiguió ningún título pero se llenó de subcampeonatos. Por entonces se le conoció al equipo como el “ya merito”. Entre 1956 y 1965 fue su época de oro: Chivas consiguió siete títulos, lo que le mereció ser reconocido como el Campeonísimo. Pero aquí viene el drama: después de esos siete títulos, los siguientes cuatro llegaron con intervalos muy largos: 1969, 1987, 1997 y 2006. La afición ha olvidado que su equipo ha tenido momentos aún peores que la era de Vergara, con largos periodos de sequía: el primero de 18 años (1969-1987), el segundo de 10 años (1987-1997), el tercero de nueve años (1997-2006). El de Vergara es el menor.

El hecho de ser el equipo más popular de México, con el mayor número de seguidores y con el mayor número de títulos de liga –junto con el América– ha sobredimensionado a las Chivas. En términos reales ha sido un equipo protagonista, pero el balance de su propia historia demuestra que han sido mayores los periodos de crisis que los de éxitos deportivos.


Aroma a niño héroe

No deja de ser escalofriante que exista algo denominado Nación Chiva y se envuelva bajo el principio de “Mejor derrotas a que jueguen extranjeros”. El nacionalismo de las Chivas es completamente antediluviano. Puede entenderse a la luz de los años en que comenzó el futbol profesional: 1943, cuando el gobierno mexicano había lanzado su campaña de Unidad Nacional para cerrar filas frente al conflicto mundial. El país transpiraba un nacionalismo exacerbado: en la radio, en el cine, en los discursos, en la vida diaria. Las Chivas apostaron todo al “solo mexicanos” y ni siquiera reconocieron a los naturalizados extranjeros como tales, cuando la Constitución sí lo hacía. Esto propició que el conjunto rojiblanco se ganara la simpatía del pueblo mexicano aficionado al futbol, o de una gran parte. Así, durante muchos años, en el club se respiró un aroma a “niño héroe” y los 11 jugadores representaban el carácter nacional: arrojo, valentía, bravura y sacrificio. Los mexicanos podían demostrar que se comían al mundo. Pero pues no: las victorias deportivas no se multiplicaron como los panes.

El mundo cambió a partir de la década de 1990 con la globalización y el libre comercio. Los deportes eliminaron fronteras, el balompié se volvió más cosmopolita en las ligas locales y sin embargo las Chivas continuaron empecinadas en que sólo jugarían 11 mexicanos. En el pecado han llevado la penitencia, porque ni han generado jugadores de alto nivel, ni se han permitido reforzarse con figuras extranjeras.

Jorge Vergara puede tener la culpa de no permitir a los directores técnicos hacer su trabajo con entera libertad, pero no por completo de la crisis del equipo. Paradójicamente, la historia y los números demuestran que el equipo del Guadalajara parece más cómodo en tiempos de crisis, y se contenta con ganar de pronto algún campeonato para acallar conciencias.