¿Es hora de despenalizar la mariguana?

¿Y si permitimos que los consumidores cultiven la mariguana que se van a fumar, beber o comer en sus casas? La idea, muy repetida por los medios en días recientes, no es de un activista, un congresista de izquierdas o un teórico con tendencias liberales, como es habitual, sino de un ministro, Arturo Zaldívar, que al formularla logró regresar a la arena pública un debate, el de la despenalización o legalización frente a la prohibición, que tiene muchas aristas –económicas, médicas, neurológicas, policiacas, económicas– y que en realidad no es nuevo ni en México ni en países como Uruguay o Estados Unidos, donde las políticas de apertura y tolerancia han ganado posiciones en los últimos años, pero que en realidad apenas empieza.  

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Un remedio contra la culpa

Vicente Zarco

Psicoanalista.

Celebremos que el debate sobre la legalización de la mariguana se esté dando en nuestro país, pues pensar en construir la posibilidad de su legalización nos obliga a reflexionar en muchas otras carencias nacionales más importantes que es necesario superar para alcanzar esa meta sin crear otros problemas. Es, en fin, necesario centrar la reflexión y la discusión en las motivaciones para su legalización y en nuestro contexto nacional. Creo que las pregunta debería de ser ¿por qué hacerlo y por qué ahora?

Me adelanto a decir que en términos de derechos individuales habría que legalizarla. El respeto a tomar decisiones íntimas es algo en lo que el Estado no debe intervenir. Pensemos así en la interrupción del embarazo, divorciarse o casarse con quien uno quiera sin importar su sexo o género, en el derecho a la muerte asistida, etc. Si uno tiene canicas, debería poder jugar con ellas de la manera que mejor le plazca. El asunto es que si mi juego y mis canicas ponen en peligro a otros, quizás a otros con menos posibilidades de cuidarse, ahí tendríamos que detenernos a pensar en la pertinencia de cierta legalización por los derechos de jugar con mis canicas. Dije detenernos a pensar. Creo que las respuestas inmediatas, viscerales, pasionales, deben apartarse de un debate así. No lo contaminemos con argumentos que deberían quedarse en la intimidad y sobre todo con aquellos argumentos irresponsables que quieren justificar y legalizar la adicción. La mariguana no es lechuga, como dicen algunos.

Es urgente desmitificar tanto la inocuidad de la mariguana como su peligrosidad; de igual manera, es importante dejar de hacer absurdas comparaciones como con el azúcar, el tabaco y el alcohol. Todas esas sustancias matan, todas han creado una serie de problemas en la salud pública que no logramos controlar. Entonces el argumento de que la "mota" es menos mala no es suficiente justificación para su legalización. Parece que la lógica es "Tengo tres perros sueltos que muerden y no los puedo agarrar, qué más da soltar uno más".

Ahora bien, ¿en verdad creemos que la legalización de la mariguana combatirá el narcotráfico? ¿En verdad creemos que los "Chapos Guzmanes" o los narco-políticos que existen y existirán se detendrán a venderle a menores de edad? Creo que vale la pena detenerse a pensar este "pequeño" contratiempo. Si bien podríamos reflexionar sobre muchos más, el del consumo de los menores me parece fundamental por dos cuestiones. Primero, que la legalización, evidente y razonablemente, debe excluir a este grupo, y segundo, que ellos son los principales consumidores y, por lo tanto, son el principal blanco del narcotráfico en nuestro país. Así, si la legalización del consumo de la mariguana estará prohibida para sus principales compradores, ¿por qué creer que los narcos se detendrán a venderles? Es como pensar que ahora sí, con esta ley, los legisladores e impartidores de justicia velarán por la salud de los menores, olvidando que los hemos visto, por ejemplo, alinearse con las refresqueras para que mantengan su negocio a costa de matar a cucharadas de azúcar a buena parte de la población.

Es más: ¿en verdad creemos que podremos controlar la producción de la mariguana? Imaginemos un adulto joven "bien educado" en alguna institución de educación superior privada, dedicado a desarrollar un "proyecto creativo", que vive en alguna de estas colonias de moda, la Condesa o la Roma, y que logra plantar su motita para consumo personal (lo que sea que se considere legal en términos de producción). Orgullosamente, dice que él no colabora con el narco y se fuma lo que él mismo produce. Pero su adicción, o recreación, provocó que las dos, tres, cuatro plantitas que podía cultivar legalmente en su ventana o terraza de su departamento chic, se acabaran. Sus cuates le compartirán una que otra vez, pero al final se verá obligado a comprar y consumir del narco. ¿Ustedes creen que se detendrá a pensar en la ilegalidad? Si ahora no se detiene a pensar en ella, ¿por qué creer que lo hará entonces?

Me parece entonces que la discusión sobre la legalización de la mariguana es hoy algo no prioritario para el país. Hay cosas de mucha mayor importancia que esta discusión me despierta y que me parece que si logramos resolver, entonces la legalización de la mariguana se convertirá sobre todo en una posibilidad y dejará de ser una discusión clasemediera o semiburguesa frívola, escudada en una discusión sobre derechos individuales.

Estamos muy alejados de ser una nación apegada a la legalidad que permita pensar en la prudencia de la legalización de la mariguana. No somos Uruguay con sus tres y medio millones de habitantes. No somos Portugal con sus 10 millones de habitantes y su gobierno. No somos Holanda y no tenemos su nivel educativo, sus sistema de salud y su nivel socioeconómico, y por supuesto no tenemos nada que ver con Colorado. Retomando la analogía de los perros, no me parece hasta ahora justificable, y menos con este sistema corrupto, soltar al cuarto perro que todavía no podemos saber qué tan duro muerde. Así, me parece que la legalización no logrará quitar el baño de sangre en las calles, pues el narcotráfico, con este sistema, seguirá existiendo.

Por supuesto, me parece grave la cantidad de detenciones ilegales e injustas por consumo y posesión, pero me parece que ese problema tampoco se resolverá con la legalización, sino con una reforma moral y ética en los impartidores de justicia y el sistema policiaco-militar del país.

Evidentemente, el problema del consumo y de la adicción es un problema educativo que para ser resuelto, como bien dice José Guevara, debe resolverse primero el sistema político corrupto en el que vivimos, que abarca a todas nuestras instituciones y autoridades, desde las electorales, judiciales y legislativas hasta las ejecutivas. Es necesario sentarse con los ministros de la Suprema Corte y exigirles coherencia e independencia. Es necesario hacer una crítica a las instituciones que se dedican a pensar las leyes y sobre todo a formar impartidores de justicia, abogados, jueces, ministros, etc., pues hoy son un majadero fracaso nacional.

Entonces, ¿qué se resuelve legalizando la mariguana? Se resuelve la culpa de los consumidores y clientes del narcotráfico que lograrían dejar de pensar que su mota huele a sangre.