¿Es conveniente aumentar el salario mínimo?

La propuesta del gobierno capitalino de 'desvincular' el salario mínimo, para que sea posible aumentarlo, fue aprobada hace unos días por los diputados y espera el palomeo de los senadores. Pero no todos la ven con buenos ojos. Frente a quienes sostienen que es una medida razonable para aumentar el poder adquisitivo de los más pobres y alejar a la población de la economía informal, está quienes tachan a esta medida de populista, aseguran que los salarios no pueden aumentarse por decreto y advierten que las consecuencias pueden ser el crecimiento de la inflación y la disminución de la productividad.

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¿Dónde está el debate?

Ricardo  Becerra

Subsecretario de Desarrollo Económico del Distrito Federal.

Una de las circunstancias más inquietantes, y a rato alucinantes, que se han tejido alrededor del debate sobre el salario mínimo es la pobreza intelectual de sus detractores, especialmente los doctos economistas que sin tomarse la molestia de proveer un dato, acuden a supuestas verdades y cadenas causales nunca demostradas.

Cuando digo pobreza intelectual no exagero: me atengo al hecho de que siete académicos de nuestro país redactaron para el jefe de Gobierno un volumen de 10 capítulos en el que exploran todas las objeciones y les dan una respuesta. En el bando de los reticentes al incremento del salario mínimo no tenemos nada; nadie ha querido arriesgar sus ideas en ponencias que contengan evidencias, datos y experiencias. Ha habido, eso sí, declaraciones al vuelo y pequeños artículos de prensa cuya función es sembrar una especie de paranoia en el debate. Ya se sabe: inflación, cierre de empresas, despidos y hasta ¡aumento de la criminalidad!

Las instituciones centrales de política económica y laboral no han sido la excepción y lo que hemos tenido son declaraciones, ningún estudio o un cálculo a la altura de la capacidad técnica que presumen, y nada dicen de la abrumadora evidencia que presentó el jefe de Gobierno, a saber: México tiene un salario mínimo más bajo que Haití. De hecho está por debajo de la línea de pobreza extrema, es el peor salario de la OCDE y, con una estructura productiva que es la segunda más alta de toda América Latina, México paga salarios mínimos equiparables a Nicaragua o Bolivia. El doctor Mancera ha demostrado con los datos del INEGI y del Banco de México que la productividad en los últimos 20 años ha crecido en nuestro país –a tasas modestas– y en cambio el salario mínimo sigue perdiendo poder adquisitivo.

Estamos hablando de 67 pesos diarios por jornada completa y de una propuesta más que razonable de incrementar 15 pesos diarios. La idea es llegar a un salario mínimo que saque a los trabajadores del sector formal de la pobreza extrema, en el umbral definido por el CONEVAL.

Los detractores presumen de su mirada global, pero omiten olímpicamente el hecho de que el salario mínimo es discutido en todas partes: se ha redescubierto su importancia en tanto mecanismo de redistribución y de eficiencia. Toda América Latina ha emprendido políticas de recuperación del salario mínimo, solo México no. Estados Unidos, Inglaterra, Alemania han puesto manos a la obra para amortiguar la secuela desigualadora de la crisis de 2009. En otras palabras: lo verdaderamente global es el redescubrimiento del salario mínimo.

El debate de los salarios mínimos está metido en una paradoja: los que piden un debate serio y responsable simplemente no lo dan luego de nueve meses de convocatoria abierta, respetuosa y transparente. El presidente de la República ya asumió la discusión, y no por casualidad propone una reforma constitucional para liberar al salario mínimo, pues tras su publicación la liberación de éste será un hecho jurídico con efectos en toda la República.

Por su lado, la ciudad de México ha hecho lo que le toca y ha concretado cada uno de los compromisos de recuperación salarial que sostuvo el documento del jefe de Gobierno. Que el mercado laboral no produzca pobres extremos con un incremento moderado de 15 pesos al día, monitoreado y evaluado en sus efectos concurrentes: esta es la iniciativa que no ha recibido respuesta alguna, por la sencilla razón de que se trata de una de las poquísimas medidas sensatas que México puede tomar en estos momentos de tanta inconformidad y tal malestar social.

Mientras tanto, los opositores al ascenso del salario mínimo siguen en deuda con la opinión pública, con la academia y sobre todo con los trabajadores peor remunerados. De su parte, el debate 'serio y responsable' no llegó.