¿Es conveniente aumentar el salario mínimo?

La propuesta del gobierno capitalino de 'desvincular' el salario mínimo, para que sea posible aumentarlo, fue aprobada hace unos días por los diputados y espera el palomeo de los senadores. Pero no todos la ven con buenos ojos. Frente a quienes sostienen que es una medida razonable para aumentar el poder adquisitivo de los más pobres y alejar a la población de la economía informal, está quienes tachan a esta medida de populista, aseguran que los salarios no pueden aumentarse por decreto y advierten que las consecuencias pueden ser el crecimiento de la inflación y la disminución de la productividad.

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Un cambio radical

Leticia Armenta

Directora del Centro de Análisis Económico del Tec de Monterrey, Campus Ciudad de México.

Estamos ante un cambio radical en lo que respecta a la fijación de un nuevo nivel en el salario mínimo. Este cambio tiene diversos efectos que deberemos de considerar. Tal como la Constitución lo ha definido, el salario mínimo es la remuneración que permite al trabajador adquirir los bienes para dar sustento a él y su familia. La Constitución mandata en consecuencia que aquella magnitud que se establezca considere los gastos básicos de una familia. Entonces tendría que considerarse el gasto para tener una vivienda digna y alimentos de calidad y en cantidad suficientes para restaurar el desgaste físico del trabajador y favorecer el crecimiento de sus hijos. El concepto es sin lugar a dudas el deseable. No sólo eso: es un concepto que implica una noción de gran justicia social. Ninguna persona en su sano juicio podría objetar que cualquier trabajador que realiza un esfuerzo cotidiano con toda responsabilidad debe recibir una remuneración acorde a dicho empeño.

El salario, el pago por el trabajo realizado en cualquier actividad, por otra parte, es una magnitud económica. Dicha magnitud es fijada en el mercado de trabajo, donde la demanda y la oferta de fuerza de trabajo se contraponen hasta encontrar un nivel en el que ambos están de acuerdo en el tiempo o cantidad de trabajo involucrado a determinado nivel de remuneración.

Desde el punto de vista de las empresas, tal como Marx nos enseñó a pensar y entender el proceso del trabajo asalariado, la empresa está buscando trabajadores que generen una corriente de valor tal que sea suficiente para que sean remunerados y al mismo tiempo dejar que la empresa se apropie de una parte de dicho valor (bajo la justificación de la propiedad del capital, el conocimiento del proceso productivo, la organización de la producción, etc.) En otra visión ideológica se nos muestra que la remuneración del trabajo requiere ser congruente con la productividad del trabajo; lo que en otras palabras significa el incremento en la producción atribuible a la última unidad de trabajo añadida. En síntesis, el trabajador debe con su actividad generar en términos de valor una cantidad compatible al pago por dicha actividad.

Así que un tema relevante es la generación creciente de este valor a ser repartido entre trabajadores y empresas. La única forma de mejorar el desempeño laboral, léase productividad, es con mejores capacidades y dotación de capital, y las capacidades se obtienen cuando la base educativa es sólida y amplia. Mientras el sistema educativo nacional no transforme a las personas y las dote de las herramientas necesarias para hacer frente a los retos del mercado de trabajo, será imposible pedirle a los trabajadores mayor productividad.

Por otra parte, el mercado de trabajo mexicano está impregnado de un conjunto de distorsiones que dificultan que la magnitud fijada para el salario mínimo sea la que establece nuestra Carta Magna. Dicha magnitud, de acuerdo a lo que el CONEVAL nos ha revelado, tendría que considerar como parámetros $55.55 diarios por persona en el área rural y $87.22 diarios por persona en la urbana, dado que esas magnitudes constituyen al monto requerido para satisfacer la canasta alimentaria y no alimentaria mínima que cada persona necesita. De allí que, si seguimos la noción constitucional, el salario tendría que ser al menos cuatro veces las cantidades que CONEVAL ha calculado, puesto que la Carta Magna contempla la manutención del trabajador y su familia. Así, tendríamos que elevar el salario mínimo actual en 435% para alcanzar una magnitud de $285.52 diario; salario que por cierto sería mayor al salario base que percibe hoy un profesor de primaria.

La mayor de todas las distorsiones que limitan la elevación del salario en México es el enorme mercado informal, toda vez que la tasa de informalidad laboral, de acuerdo al INEGI en su último reporte, es del 58.09% y la tasa de ocupación del sector informal es del 27.16%. La primera tasa revela que casi el 60% de la población que trabaja no cuenta con prestaciones. A esta cifra agregue que muchas empresas reportan salarios menores a los que efectivamente pagan para evitar el pago completo del IMSS e impuestos, y los trabajadores aceptan estas condiciones, dada la dificultad de encontrar mejores oportunidades en el mercado de trabajo. La fuerza de trabajo empleada en el mercado informal (casi 30% de la ocupación) genera una presión hacia abajo sobre los salarios del mercado formal, dificultando la mejora en las remuneraciones generales. Este país necesita constituirse en una nación que respeta sus instituciones, que aplica las leyes y ejerce el estado de derecho en todos los niveles de la sociedad; de otra manera, veremos engrosar los mercados paralelos al mercado formal.

Después de toda esta reflexión la pregunta sería si efectivamente es posible que el mercado de trabajo mexicano incremente de un año a otro los salarios en 4.35 veces el actual. La discusión importante no es si es justo o no que los mexicanos tengan lo suficiente para vivir; lo importante es entender si las condiciones actuales del mercado de trabajo hacen factible los incrementos necesarios ante la revisión de los parámetros que aquí se han presentado.

                                                                                                                                                                           larmenta@itesm.mx