Entonces, ¿dónde están los 43 desaparecidos de Ayotzinapa?

En efecto, se fue de nuestro país el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, el famoso GIEI, y nos quedamos aquí el gobierno, las policías, los ciudadanos de a pie y sobre todo un mar de dudas. ¿Hubo en efecto un fuego en Cocula, no lo hubo o no fue lo bastante intenso como para desaparecer 43 cuerpos? ¿Qué papel jugaron o dejaron de jugar el Ejército y la Federal? ¿Cómo deben continuar las investigaciones, quiénes deben encabezarlas y supervisarlas? Sobre todo, queda la pregunta original, la más urgente: ¿dónde están entonces los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos en septiembre de 2014?


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Los otros expertos

Luis  González de Alba

Narrador, divulgador y analista político. Es columnista de MILENIO.

Todos los datos, confesiones, investigaciones, apuntan a que ya llegaron al fondo del mar. El GIEI no dio seguimiento a la primera y más veraz de las voces acerca de los normalistas desaparecidos: el padre Alejandro Solalinde, defensor de migrantes y de derechos humanos. Ya desde esos primeros días vimos la misma reacción que hoy: los padres de los entonces desaparecidos le impidieron entrar a la normal de Ayotzinapa adonde había acudido para oficiar una misa por el eterno descanso de los difuntos. Era que no estaban difuntos.

Es el inicio de una larga serie de negaciones y de las más estrafalarias hipótesis: los tiene el Ejército en algunos de sus cuarteles. Y piden revisarlos en todo el país. En el mundo entero está prohibido hasta fotografiar desde afuera instalaciones militares (recordemos el papelón de los camarógrafos de Televisa en las Olimpiadas de Atenas). Mucho menos entrar a tomar nota de distribución, distancias, mediadas de seguridad... en una zona, Guerrero, donde sigue activa la guerrilla del EPR y su hijo el ERPI. ¿Fotos y datos para el próximo asalto al Moncada de Guerrero? Genaro Vásquez y Lucio Cabañas revisando cuarteles por dentro y a detalle.

La idea de que los normalistas estaban con vida y sujetos a torturas prendió azuzada por la voz del EPR, la guerrilla guerrerense siempre moribunda pero siempre al acecho de sangre nueva. De allí vino la idea de que el Ejército los tenía para torturarlos.

La ocurrencia tendría sentido si se hubiera tratado de un grupo guerrillero caído en manos de soldados luego de una refriega. Pero los jóvenes de Ayotzinapa eran, y es lo más triste, novatos recién inscritos en esa normal rural. ¿Qué información podrían tener, acerca de cuáles temas, como para provocar que la quisieran arrancar con tortura los mandos militares?

Ha seguido en la sombra el comité estudiantil, misteriosa organización que convocó a secuestrar autobuses, con todo y chofer, para asistir a la marcha por el 2 de octubre en el DF. Para eso los novatos debían pasar su primera prueba de valentía, su novatada exigida por los comisarios estalinistas del comité estudiantil.

Hasta allí se trata de un abuso contra los recién inscritos. Pero no es más. El asunto comienza a tomar los tintes de la tragedia cuando el mismo comité estudiantil pasa la orden de ir a Iguala, que no está en la ruta al DF.

Y comienza la confusión en las esferas del narcotráfico: la mañana del 26 de septiembre de 2014, el cártel Los Rojos, opositor al dominante Guerreros Unidos, había entrado a Iguala con el fin de asesinar a los cabecillas de la plaza: centro de acopio de goma de opio. No es guerra por mariguana, sino por los plantíos de amapola en todos los cerros en torno a Iguala. La avanzada de Los Rojos atacó un autolavado de Guerreros Unidos, Los Pekes, y salió de la ciudad sin cumplir su objetivo.

No fue nada extraordinario, pues, que al parecer la tarde del mismo día volvieran a Iguala, ahora en autobuses secuestrados. Una confusión muy creíble. El alcalde de Iguala, José Luis Abarca, del PRD y miembro con su mujer de Guerreros Unidos, envía a sus policías municipales a detener los supuestos Rojos y entregarlos a los verdugos de Guerreros Unidos. Luego ya sabemos lo ocurrido en la pira humana del basurero de Cocula, donde el tercer peritaje, hecho por expertos en incinerar cuerpos y no en incendios forestales, aceptados por el GIEI, declara que "al menos" hubo 17 adultos incinerados en el lugar.

Un teléfono celular de Guerreros Unidos tenía un mensaje de texto irrebatible: "Los hicimos polvo, jefe, nunca los van a encontrar". Luego de sostener el fuego por 16 horas, molieron con palas los huesos, los echaron en bolsas y los llevaron a tirar a las aguas del río San Juan.

Es una narración limpia, clara, coherente. Pero que deja en la sombra dos actores esenciales: el padre Solalinde ¿cómo supo, con tal anticipación, el final terrible de los normalistas? Y otro: ¿cuál es la responsabilidad del comité estudiantil y las autoridades de la Normal Isidro Burgos? ¿Por qué el comité estudiantil desvió a los novatos hacia Iguala si no está en camino al DF? Y la dirección del internado y escuela: ¿no supo que más de un centenar de sus alumnos no estaban en sus dormitorios porque habían ido a robar autobuses?

Desde la primera conferencia de prensa ofrecida por el procurador Murillo Karam fue evidente que trataba con pinzas de corrección política lo que era evidente: los jóvenes no eran unos delincuentes, pero estaban en entrenamiento para serlo y su primera tarea había sido aprender a robar autobuses y golpear al chofer que opusiera resistencia. Murillo evitó, como si pisara brasas, los términos secuestro, robo de uso, asalto a camiones repartidores... Tenían pánico de oír que "criminalizaban" a las víctimas.

Y luego, el colmo: una investigación completa, con pruebas analizadas por diversos institutos de la UNAM, el Instituto Mexicano del Petróleo y la propia PGR, la entregan a cuatro abogados y un psicólogo: el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, que nada más son grupo, ni expertos ni independientes. Y se ve desde los primeros días que tienen odio por todo lo que sea militar, quizá justificado por la historia de sus respectivos países en Sudamérica. El gobierno federal, con 123 policías de Iguala y Cocula presos, el alcalde Abarca y su mujer, sicarios ejecutores y autores intelectuales del crimen detenidos y confesos, se echa al seno el alacrán del GIEI.

Yo les creo a los inigualables expertos en incinerar cuerpos humanos: los sicarios de Guerreros Unidos. Los jóvenes normalistas ya reposan en el Océano Pacífico.

Medalla BELISARIO DOMÍNGUEZ 2016 a Gonzalo Rivas Cámara, que perdió la vida –quemado por normalistas– al salvar cientos: #LaBelisarioParaGonzalo.