Entonces, ¿disminuyó la pobreza en México?

Y de pronto, los índices de la pobreza se desplomaron. Como suena. El INEGI, el organismo independiente encargado de medirla, descubrió de pronto que era necesario ajustar sus métodos de levantamiento de datos, y con el ajuste ocurrió el milagro, un milagro cuestionado, entre otras entidades, por el CONEVAL. ¿Qué tanto es reflejo de la realidad ese cambio en los números? ¿Cuál es la verdad cuando de pobreza hablamos? ¿Está documentado nuestro optimismo, o vivimos un nuevo caso de espejismo de los números?

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    1. Jonathan  Heath

      La Pobreza Mexicana

      Economista mexicano especializado en el ...
    2. Ricardo Becerra

      Pobres y sospechosos

      Economista.
    3. Fausto Hernández Trillo

      ¿Y las equivalencias?

      Investigador del CIDE.

La encuesta inservible

Gerardo Esquivel

Economista: UNAM, Colmex, Harvard.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) realizó el año pasado una encuesta a una muestra representativa de hogares mexicanos. Dicha encuesta, conocida como Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2015 (MCS-2015), tenía como objetivo fundamental proporcionar la información estadística necesaria para que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) pudiera estimar la magnitud de la pobreza en México a tres diferentes escalas: nacional, estatal y municipal. Esta última era especialmente importante porque únicamente se estima cada cinco años (a diferencia de las otras dos, las cuales se estiman cada dos años) y la última encuesta de su tipo se había realizado en 2010. De acuerdo al calendario establecido por el propio CONEVAL, el próximo viernes 29 de julio deberían darse a conocer las mediciones oficiales de la pobreza para 2015.

El pasado viernes 15 de julio el INEGI dio a conocer al público la información relativa al MCS-2015. Sorprendentemente, junto con la información estadística, el INEGI divulgó un extraño comunicado de prensa titulado "El INEGI mejora la captación de ingreso de los hogares", en el que informaba que en esta ocasión había aplicado "criterios de captación y verificación de información en campo de mayor rigor", por lo que estaba en condiciones de "ofrecer a la sociedad y al Estado una medición más precisa sobre los ingresos de los hogares en nuestro país". Sin embargo, el comunicado también aclaraba que "las acciones instrumentadas para mejorar la captación del ingreso en campo hacen que el Módulo de este año no sea comparable con los ejercicios estadísticos previos."

La respuesta/denuncia de parte del CONEVAL el mismo día en que se dio a conocer el MCS-2015 fue contundente: la institución no había sido informada de los cambios realizados; no había documentos públicos de carácter técnico que respaldaran las modificaciones; los cambios realizados no habían sido transparentes, planeados ni discutidos; los resultados no eran congruentes con otras fuentes de información económica; finalmente, el CONEVAL informó que los cambios realizados modificaban una de las variables clave para la medición de la pobreza (el ingreso), por lo que con ello se rompería la comparabilidad histórica de las series de pobreza.

La actitud del INEGI ante estas afirmaciones ha sido lamentable. A la fecha de escribir este artículo (24 de julio), las autoridades del INEGI no han sido capaces de presentar un solo documento técnico que respalde o justifique sus modificaciones ni han ofrecido una respuesta coherente ante las denuncias del CONEVAL. Distintos miembros de la Junta de Gobierno del INEGI han dado entrevistas a los medios en las que han ofrecido respuestas ambiguas e incluso contradictorias sobre los ajustes realizados en el operativo de campo. Alguno de ellos incluso afirmó que el CONEVAL sí había sido informado de las modificaciones, lo cual fue desmentido de manera inmediata y categórica por el Secretario Ejecutivo del CONEVAL.

Hasta aquí los hechos. ¿Cuáles son las implicaciones de los mismos? Hay al menos dos dimensiones importantes que debemos discutir: la primera, la más obvia e inmediata, está asociada a la medición de la pobreza y a sus previsibles consecuencias; la segunda se refiere a la validez conceptual y empírica de los ajustes realizados. Hablemos de estas dimensiones por separado.

Sobre la medición de la pobreza

Como ya lo había anticipado el CONEVAL, las estimaciones de pobreza que se obtengan con los datos del MCS-2015 no serán comparables con las series históricas con las que se cuenta hasta ahora. Así, nunca podremos saber con certeza cuál fue la evolución de la pobreza a nivel nacional y estatal entre 2014 y 2015. Tampoco podremos saber qué pasó con la pobreza a nivel municipal entre 2010 y 2015.

Peor aún, si se mantienen los ajustes realizados en las encuestas subsecuentes (como ya lo anticipó el presidente del INEGI en una entrevista radiofónica), eso implicaría que nunca podríamos saber cómo evolucionó la pobreza en la presente administración. No sabríamos, por ejemplo, cuáles fueron los resultados de la estrategia conocida como la Cruzada contra el Hambre, ni cuáles fueron los efectos de los cambios implementados al programa Prospera (antes Oportunidades); tampoco sabríamos cuáles fueron los resultados en materia de pobreza de ningún otro componente de la política social.

Hasta ahora sabemos que entre 2012 y 2014 hubo dos millones más de mexicanos en situación de pobreza multidimensional y tres millones más en situación de pobreza por ingresos. Sin embargo, como resultado de los cambios introducidos por el INEGI para "mejorar la captación del ingreso de los hogares mexicanos," ya nunca sabríamos si la pobreza subió, bajó o se mantuvo estable a lo largo de esta administración. Y no lo sabríamos porque no tendríamos cifras comparables del inicio y del final de esta administración. Cualquier cosa que se dijera al respecto carecería de sentido y sería inválida.

Sobre la validez conceptual de los ajustes

A la fecha no sabemos exactamente en qué consistieron las "acciones instrumentadas" en el operativo de campo del levantamiento del MCS-2015. Las descripciones verbales que han hecho algunos funcionarios han sido incompletas y ambiguas. Hasta ahora solo sabemos que una parte de las acciones se encaminó a reentrevistar a aquellos hogares con ingresos "sospechosamente bajos". Esto último, sin embargo, es completamente ambiguo y discrecional. ¿Qué es un ingreso "sospechosamente bajo"? ¿$1,000 al mes para cualquier individuo o $10,000 al mes para un individuo que vive en una mansión? Es decir, ¿es algo absoluto o relativo? ¿Hay algún criterio general o queda a discreción del entrevistador? Si hubiera un criterio definido de manera objetiva habría que discutir su lógica y validez. Si no lo hay y la decisión de reentrevistar fue discrecional, entonces esto tendría implicaciones mucho más graves, ya que ello introduciría un sesgo en una parte significativa de la muestra, lo que afectaría la validez y utilidad de toda la encuesta.

Esto también nos lleva a hacernos una pregunta de fondo: ¿Por qué creería el INEGI que las personas de menores ingresos serían más propensas a no revelar sus verdaderos ingresos? Toda la literatura reciente sugiere que es exactamente al revés, es decir, que si en alguna parte de la distribución tiende a haber un mayor sub-reporte de los ingresos es en la parte más alta de la distribución. Y es lógico, ya sea por razones de seguridad o por cuestiones fiscales, que los que más interés tengan en ocultar sus ingresos sean los individuos más ricos. Esto es algo que para México ya han estudiado académicos como Miguel del Castillo Negrete o los propios investigadores del INEGI como Alfredo Bustos y Gerardo Leyva. Por lo anterior, la validez conceptual de los ajustes realizados por INEGI podría ser fuertemente cuestionada.

Sobre la validez empírica de los ajustes

Los resultados empíricos del MCS-2015 arrojan luz sobre el efecto de las "acciones instrumentadas" en el trabajo de campo por parte del INEGI. Por un lado, si bien el ingreso promedio por hogar resultó significativamente mayor en 2015 que en 2014 (11.9% en términos reales), lo cual resulta razonable considerando que se trataba de captar mejor el ingreso de los hogares, el resultado más relevante es el sesgo distributivo que introdujeron dichas acciones. La siguiente gráfica muestra el crecimiento del ingreso promedio por hogar y por deciles de la distribución. Allí se muestra claramente que el ingreso que más crece es el de los hogares más pobres (más de 33%), mientras que el ingreso de los hogares más ricos apenas crece en 7.5%. Si bien es cierto que las cifras en sí no son comparables, el ejercicio nos ayuda a entender el hecho de que el efecto de las mejoras no fue neutral a lo largo de la distribución, sino que afectó específicamente a una parte muy concreta de la distribución, es decir, a los más pobres.



Cabe señalar que este sesgo es aún más notorio cuando nos concentramos únicamente en los ingresos por trabajo. En este caso, el aumento en los ingresos por hogar del decil más pobre creció en 48.2%, mientras que el de los hogares más ricos apenas lo hizo en 1.7%. Evidentemente, esto ilustra el enorme sesgo distributivo en las estimaciones del ingreso derivado de las acciones instrumentadas por el INEGI. Algo similar ocurre con los ingresos por transferencias, en donde el ingreso de los hogares más pobres creció en 22.8% mientras que el de los hogares más ricos disminuyó en 7.3%. Todo esto ilustra el claro sesgo distributivo de las acciones instrumentadas por el INEGI y que van en contra de la lógica, que sugiere que la principal fuente de sub-reporte de los ingresos proviene de los hogares de mayores ingresos.

Finalmente, otro factor que nos lleva a cuestionar la validez empírica de los resultados obtenidos con los ajustes en campo por parte del INEGI, es la enorme variedad regional de los resultados obtenidos. Uno supondría que si el instrumento y los procedimientos originales de recolección de la información producían resultados imprecisos, la introducción de las nuevas acciones produciría cambios en la información relativamente homogéneos a lo largo del país. Esto, sin embargo, no fue así. Véase, como ejemplo, lo ocurrido en Chihuahua y el DF, lo cual se muestra en la siguiente gráfica. Allí se observa que la combinación del cambio en la actividad económica y de las acciones instrumentadas en campo produjeron un aumento del ingreso por hogar de más del 40% en Chihuahua, mientras que en el DF esto se tradujo en una caída del 5%. Véase, también, que en Chihuahua el ingreso de los más pobres se habría más que duplicado en un año y el de los más ricos habría crecido en más de 60%. En el DF, por su parte, los cambios habrían sido mucho menores en magnitud y, en algunos casos, incluso en sentido negativo. Tratándose del cambio en tan sólo un año, y conociendo la dinámica económica de ambas entidades en 2015, es poco creíble que estas diferencias regionales tengan sentido, lo cual nos lleva a sospechar de una implementación diferenciada de “las acciones instrumentadas” por parte del INEGI.




Otro ejemplo de comportamiento poco creíble es el observado en Puebla. Allí, mientras que el ingreso promedio de todos los hogares apenas creció en 1.3% entre 2014 y 2015, el ingreso promedio de los hogares del primer decil habría crecido en más de 62% y el ingreso promedio de los hogares más ricos habría caído en 28%. Esto habría producido una disminución del Coeficiente de Gini de 0.53 a 0.42, una caída de más del 20% que resulta absolutamente inverosímil. No sorprendentemente, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, fue el primero en tratar de utilizar políticamente los resultados del MCS-2015. Esta tentación a todos los niveles, federal, estatal y municipal, estará presente dados los enormes cambios que seguramente habrá en los niveles de pobreza y desigualdad como resultado de los ajustes del INEGI.

 

Comentarios finales

En síntesis, los ajustes introducidos por el INEGI para “mejorar la captación del ingreso” tienen diversas implicaciones negativas: no permiten la comparabilidad histórica de las series de pobreza, no permitirán evaluar los resultados de las políticas públicas de esta administración, sus resultados podrán ser usados políticamente y, finalmente, existen serias dudas sobre su validez conceptual y empírica. Por todo ello, y considerando que la Encuesta no sirve para cumplir con su objetivo inicial, lo mejor sería que el CONEVAL no utilizara esa fuente de información para estimar la pobreza en 2015 y que el INEGI retirara de la circulación el MCS-2015. Esto sin duda representaría un enorme desperdicio de recursos humanos y financieros, pero es muy posible que este costo sea menor que la alternativa, en la cual se pondría en juego el prestigio y la confiabilidad de dos instituciones mexicanas que hasta ahora han sido muy respetadas.

Con respecto a la Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares (ENIGH) 2016, cuyo levantamiento está próximo a realizarse, lo mejor sería mantener la metodología anterior para poder garantizar la comparabilidad entre los datos obtenidos en este año con los de años anteriores. Si se desea modificar la metodología para mejorar la captación del ingreso de los hogares mexicanos, el INEGI está muy a tiempo para iniciar una amplia discusión con miras a su modificación en el levantamiento de la ENIGH-2018. En esa encuesta podría utilizarse de manera simultánea tanto la nueva como la vieja metodología, para así poder mantener la comparabilidad entre las cifras de 2018 y años anteriores, al mismo tiempo que se podría iniciar la estimación de una nueva serie que permita la comparación de 2018 en adelante. Es cierto, tomará mucho más tiempo mejorar nuestras estimaciones, pero recordemos que la confiabilidad es algo que se gana con los años, pero que se puede perder fácilmente en un segundo … O en una encuesta.