¿En qué nos beneficia la visita del Papa?

La visita del papa Francisco tiene costos, como es normal. En el entendido de que vivimos en un Estado laico, vale preguntarse, entonces, cuáles son, al margen de la fe, los beneficios de la visita del pontífice. No es una pregunta retórica. Francisco es, sin duda, un Papa diferente a sus predecesores desde muchos puntos de vista –no desde otros, como el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo, donde cambian más las formas que el fondo– , y cabe plantearse qué teclas puede pulsar, si es el caso, en cuanto a la política internacional, la lucha contra la pobreza, la corrupción o la violencia, por ejemplo.


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Francisco y la vulneración del Estado laico

Gustavo  Ortiz Millán

Investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM.

Desde que se anunció la visita de Francisco a México, mucho se ha dicho que su visita no viola el carácter laico del Estado mexicano. Así lo han dicho muchos políticos. De hecho, senadores y diputados se confrontaron por conseguir su presencia en alguna de las dos cámaras (aunque no recuerdo que hayan invitado en sesión solemne a ningún otro líder religioso), argumentando que su visita no violaba el principio de laicidad. Sin embargo, algunos obispos se opusieron a que el Papa visitara el Congreso temiendo que se politizara su visita. Al final, para decepción de los congresistas, el Papa no visitará el Congreso.

Ha habido mucha ambigüedad acerca de si la visita de Francisco es una visita pastoral o de Estado, y tanto el Vaticano como el gobierno mexicano se han aprovechado de eso. Se le recibe como jefe de Estado en Palacio Nacional, pero acto seguido hace labor pastoral en Catedral. Si se acusa a los políticos de no respetar la laicidad del Estado, estos se escudan en que se trata de una visita de Estado. Pero creo que la clase política no parece entender qué significa la laicidad.

Históricamente, en México la laicidad se ha entendido como la posición anticlerical de un Estado que trata de ponerle un alto al poder de una Iglesia católica que pretende usar el poder político para imponer sus creencias morales y religiosas a todos los ciudadanos y, al mismo tiempo, obtener privilegios. Se ha entendido como una prohibición a que los ministros de culto expresen sus puntos de vista políticos y participen en política (violando con ello sus derechos políticos); así, se espera que el papa no haga declaraciones sobre política mexicana (aunque seguramente hablará sobre violaciones a los derechos humanos). Pero aunque esta posición tiene una justificación en la historia de nuestro país, tal vez sería mejor pensar la laicidad como una posición de neutralidad en lo religioso a partir de la cual el Estado puede garantizar la coexistencia de la pluralidad religiosa.

Paradójicamente, el primer convencido de la importancia de la laicidad del Estado como garante de la pluralidad religiosa parece ser el propio Francisco. En su visita a Río de Janeiro en 2013 dijo: "La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad."

Pero nuestros políticos no parecen tener muy claro qué implicaciones tiene la laicidad. Políticos de izquierda como López Obrador o Miguel Ángel Mancera (si es que se puede decir que es de izquierda), senadores y diputados de todos los partidos, los gobernadores de los estados que visitará el Papa, y el mismo Peña Nieto... Todos quieren colgarse de la figura de Francisco, autopromocionarse o incluso legitimarse. Aparecer con él reditúa políticamente.

Los gobiernos de los estados que visitará Francisco no han tenido empacho, por ejemplo, en pagar anuncios espectaculares en la Ciudad de México y en otros lugares dándole la bienvenida. ¿Por qué usan recursos públicos para hacerlo con él y no con otros líderes religiosos? Sin embargo, al hacer todo esto, la clase política le da un tratamiento especial a un líder religioso cuando no se lo da a otros, bajo el pretexto de que se trata de una visita de Estado.

Tampoco se dan cuenta los políticos de que México es un país cada vez más plural en lo religioso (de 96% en 1979, cuando vino Juan Pablo II por primera vez a México, la población católica ha pasado a 83% actualmente, con el consiguiente crecimiento de otras religiones; especialmente en Chiapas, donde los católicos son sólo el 58%). Al darle un tratamiento especial a una religión, hacen menos a las otras y no ayudan a la convivencia pacífica entre las religiones.

Pero al darle un trato especial, implícitamente también promueven la figura de un líder que tiene una agenda política de defensa de ciertos valores morales. Es una agenda que incluye la oposición al matrimonio homosexual, al aborto, a la anticoncepción, a la legalización de la marihuana, entre otros temas en los que la Iglesia y el propio papa tienen una posición conservadora. Dentro de un Estado laico no hay razones para oponerse, por ejemplo, al reconocimiento legal del matrimonio homosexual o a la despenalización del aborto. La agenda política de la Iglesia y del papa en estos casos va en contra del Estado laico (por más que él mismo lo haya defendido), y nuestros políticos, con su afán de autopromoción, le hacen el juego a la Iglesia y ayudan también a vulnerar esa laicidad.